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RÍO DE JANEIRO.- No está claro si son sólo sus ojos; los de su futura esposa, Nicole Johnson, que abraza a Boomer, la pequeña celebridad de Instagram, o los de la gente que colma el Estadio Acuático de Barra. O los de todos juntos. Michael Phelps acaba de ser derrotado por primera vez en el escenario de su despedida, en los 100 metros mariposa, y la imagen es extraña. No luce en su pecho el 23er oro, que habría sido tan disparatado como el 22º... o el 19º con el que comenzó su ataque final en Río en aquellos 4 x 100 metros libre en los que, según propia confesión, se le "salía el corazón del pecho" mientras esperaba la llegada de su compañero Caeleb Dressel para arrojarse al agua. El depredador insaciable estaba listo para el banquete final. De pronto irrumpió en escena un chico de Singapur, debutante olímpico, que ya había metido miedo en las semifinales con 50s83/100, ganando por el carril Nº 4, el mejor. Y fue más que una alerta: terminó siendo uno de los grandes impactos de Río 2016.
Porque Phelps, paradójicamente en la noche en que llegó más descansado de estos Juegos Olímpicos, ya que no formó parte del equipo de Estados Unidos en las eliminatorias vespertinas de los 4 x 100m combinados, se vio sobrepasado por el ímpetu y el andar avasallante de Joseph Schooling, diez años menor y que hasta ahora tenía la foto con su ídolo como máximo tesoro. La foto es la selfie que miles de atletas buscaron en la Villa Olímpica de Río: con Phelps. Nada menos que en los Juegos de su despedida.

La derrota dejó en estado del shock al público, en la penúltima noche del Tiburón de Baltimore, cuando la cuenta regresiva convoca inexorablemente a la nostalgia. Tras su histórico oro de los 200m combinados, que implicó ganar la especialidad en cuatro Juegos consecutivos, desde Atenas 2004 hasta Río 2012, Phelps buscaba repetir en los 100m mariposa el póquer de victorias. Pero no. Algo decían los gestos previos, cuando el campeón de Singapur se golpeaba las manos, percibiendo que podía ser su noche. Ni siquiera tenía por el carril 5 a Phelps, lo cual podía ser una carga psicológica visual a la hora de correr: el estadounidense había quedado en el Nº 2, algo inusual para él, que suele llegar a las finales por la zona central. Y lo que se podía interpretar como concentración pura a la hora de ajustar las antiparras, dejó la imagen de tensión. ¿Podría sentirla a esta altura, con 31 años y tanta gloria encima? ¿Por qué no? Se trataba de su última prueba individual, previa a la posta del adiós.

Schooling fue arrollador desde el comienzo y Phelps quedó demasiado lejos en el toque de los 50m. No lo salvó ni su extraordinario estilo subactuático que tanto les quitó el sueño a competidores y entrenadores rivales. Forzó en los 75m su marcha, buscando repetir la hazaña de Pekín 2008 contra el serbio Milorad Cavic, al que doblegó en el toque final, y comprobable sólo por los paneles detectores cuando la vista marcaba lo contrario. Aquí no hubo dudas: Schooling nunca cedió terreno y llegó con buen margen y récord olímpico: 50s39/100. Phelps había perdido apenas dos finales individuales: ganó el bronce en los 200 libre en Atenas 2004 (detrás de Ian Thorpe y de Pieter van den Hoogenband) y plata en los 200 mariposa en Londres 2012 (superado por Chad Le Clos). Lo que da la magnitud de lo que logró el sorprendente campeón. Y la rareza de que el norteamericano compartiera esta medalla plateada con Le Clos y el húngaro Laszlo Cseh, los tres con 51s14/100.
Estando Phelps en escena, el podio no deja escuchar el himno de Estados Unidos: parece una utopía. Se acerca y saluda con una sonrisa a Schooling, que lo mira incrédulo y hasta con devoción. Empiezan a dar la vuelta a la piscina, para las fotos y los aplausos. Hablan con naturalidad, problamente hasta con consejos. Uno, con 22 oros, 3 platas y 2 bronces en un total de 27 medallas, está yéndose con toda la gloria, y el otro llega, acaso sin saber que su nombre quedará para siempre. De aquella foto a ésta pasaron casi 8 años. Schooling difícilmente lo habría imaginado. No se tiene escuela para ganarle a una leyenda a la que hoy se le rendirán honores.


