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Para Osvaldo Berardi, los viajes para mostrar su arte sobre una mesa de billar y competir con los mejores eran pausas que se tomaba de sus tardes en los 36 Billares, el bar que abrió sus puertas en 1894 en Avenida de Mayo al 1200. "Los 36 Billares es mi casa, es donde estoy permanentemente", dijo en una nota en LA NACION, el año último Berardi, que falleció el martes pasado, a los 84 años.
Claro que, de una de esas travesías, de esos alejamientos del lugar donde fue maestro y amigo, trajo Berardi un título: campeón mundial. Fue en 1967, en Düsseldorf. Después, otros títulos. En casa, los subcampeonatos mundiales(1974 y 1975) y aquí y allá, varios terceros puestos, a los que hay que sumarles 19 campeonatos sudamericanos y 59 argentinos, en distintas especialidades.
"Berardi fue para el billar argentino lo que Vilas para el tenis", supo decir uno de los hombres que blandían el taco en el subsuelo del glorioso salón, incluido en la ilustre nómina de los bares notables de Buenos Aires. "Yo soy un billarista", se identificaba Osvaldo, con orgullo.
"Yo empecé por el juego, por el placer del juego", contaba Berardi, para luego recordar: "Con mi barra de amigos íbamos al Club Inca, en Villa Urquiza, a jugar contra gente más grande".
En 2007, cuando se cumplieron 40 años de su conquista máxima, hubo celebración en los 36 Billares y para ello vino Raymond Ceulemans, 35 veces campeón mundial, una leyenda del billar de todos los tiempos y un amigo. Y estuvieron los mejores de aquí, Fabián Oliveto y Sergio Hueza, entre otros.
Ahora, ese homenaje es de todos los que hicieron su primera carambola después de escucharlo y verlo.



