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SAN PABLO (Especial).- ¿Qué se puede decir cuando un equipo muestra semejante superioridad frente a otro? Poco, está claro. Cuando se lee que Racing cayó aquí por 7 a 0 ante Palmeiras, no hace falta un gran estímulo para que la imaginación se traslade hasta el césped del estadio Parque Antarctica para darse cuenta del desequilibrio que mostró el encuentro desde el comienzo.
Porque las dos primeras llegadas del partido, que fueron para el conjunto de Avellaneda, no resultaron más que una ilusión que casi pareció burlarse del martirio que les esperaba a los dirigidos por Gustavo Costas y Humberto Maschio.
Iban 15 minutos y el marcador electrónico indicaba una realidad dura para Racing: 2 a 0. Un cachetazo que lo despertó de la ilusión en el que estaba envuelto por la llegada de un puñado de refuerzos. Sólo uno de ellos fue titular, el volante Roberto Monserrat, mientras que en el banco contó con algún que otro nombre importante, como Marcelo Delgado y Sixto Peralta (otro de los nuevos); de todos modos, ir en busca de una justificación por los que quedaron de entrada en el banco, frente a la goleada, sería pecar de ingenuos.
Por la cabeza de los jugadores y del técnico de Palmeiras, Luiz Felipe Scolari, pasa sólo un nombre: Manchester United, el equipo inglés que se quedó con la Liga de Campeones y que será el rival de los brasileños por la Copa Europeo-Sudamericana. El equipo paulista trató, por momentos, de regular el ritmo del partido, pero fueron tantas las facilidades que encontró, que fue imposible no tentarse.
De a poco, llegaron los dolorosos goles -o puñales- ante la mirada atónita de los futbolistas argentinos, que sabían de la diferencia, pero jamás pensaron en tremendo revés. Antes de que terminara el primer tiempo, la impotencia dejó a Maximiliano Estévez afuera, expulsado por una patada descalificadora.
Si el resultado final provoca el desconsuelo, el de la primera etapa ya era demoledor: 5 a 0. En el segundo período, la única diferencia que se notó fue que Palmeiras hizo menos goles que en el primero. Por lo demás, las distancias entre ambos fueron tan amplias como desde el comienzo.
Se hace difícil pensar que el equipo de Avellaneda será goleado como anoche; pero hay una realidad que Palmeiras desnudó sin piedad. Racing sufre de una quiebra, que va mucho más allá de lo económico.


