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Me siento defraudado como todos los hinchas de San Lorenzo y por eso creo que hay que buscarle una solución. Parece que el equipo cuando la cancha está llena, arruga. Debemos buscar los por qué y arreglar estlo", fueron las enfáticas palabras de Fernando Miele, titular de San Lorenzo, el día siguiente de la inesperada derrota por 3 a 2 ante Gimnasia, de Jujuy.
Cada rincón del Bajo Flores se estremeció con el golpe mortal que padeció un conjunto acostumbrado a victorias asociadas al buen juego. Un equipo con pretensiones que olvidó su mejor repertorio y ofreció una deslucida sinfonía.
"Hay que encontrar un equipo con consistencia, que se sienta ganador. Por eso digo que muchos jugadores cumplieron un ciclo", disparó, fiel a su estilo, el presidente. Los nombres -se sabe-, son conocidos por los propios protagonistas, más allá de que la música de los éxitos se empeñaba en silenciarlos.
Oscar Passet, Claudio Biaggio, Damián Manusovich, Claudio Rivadero, Héctor Núñez y, tal vez, Juan José Borrelli cuentan sus días en el Bajo Flores entre recuerdos inolvidables -los primeros, por aquel glorioso Clausura 1995- y las gambetas que jamás se vislumbraron -Núñez y Borrelli-, sin demasiadas posibilidades de brillar.
"Ruggeri decidirá quién se queda y quién se va; yo creo que todos los partidos serán importantes para definirlo", comentó el dirigente, que se reunió con el técnico, le expresó el malestar y fue más allá. "Yo transmito el pensamiento del hincha", aclaró, para despejar susceptibilidades de unos y otros.
Más. Las versiones -siempre presentes- aseguran que esa pequeña lista la completaría Néstor Gorosito que, con 35 otoños cumplidos, es la carta de talento más poderosa del concierto que desplegó San Lorenzo, días atrás del estigma jujeño.
Miele prefirió el bajo perfil; por lo menos, en esta ocasión. "El solo tiene que tomar la decisión: cuándo se va o cuándo se queda; sería una irresponsabilidad nuestra meternos en el tema", sentenció el directivo. Pipo, tal vez en el mejor momento de su carrera, tiene contrato hasta junio del 2000. Falta mucho...
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"Si salimos a la cancha con la cabeza puesta en Boca, sonamos".
La sabia frase de Oscar Ruggeri, minutos antes del encuentro ante Gimnasia, de Jujuy, fue la síntesis precisa de las sensaciones que gobernaban cada sector de la concentración. Faltaban segundos para que el equipo jujeño diera la sorpresa de la fecha: el éxito por 3 a 2 que casi nadie esperaba. La presión de un estadio colmado, la igualdad de Boca y la ansiedad por el encuentro ante el líder fueron decisivas para olvidar la buena imagen. Para no poder modificar el traje de eterno perseguidor por el de candidato...
"No nos olvidemos de que el segundo puesto ahora sirve", recordó, otra vez, el técnico, con la mira puesta en la Copa Libertadores del año próximo. Es que aquí no hay pasos en falso: el principal objetivo siempre fue el subcampeonato, para definir con Gimnasia -siempre que Boca sea bicampeón-, la posibilidad de actuar en el torneo sudamericano, una cuenta pendiente de San Lorenzo. Ruggeri no se olvida de la meta prevista, pero la ilusión fue más fuerte. La muy buena campaña exigía ir más allá.
La autocrítica que realizará el plantel esta mañana, en la vuelta a los entrenamientos, será la clave de los días por venir. El match con Boca, decisivo antes de la dolorosa caída, lo será aún más para definir el futuro: si no obtiene los tres puntos, el pretendido segundo puesto regresará a ser el protagonista estelar.
La semana de definiciones se completaría con las negociaciones por la renovación de varios contratos que vencerán el mespróximo; caso Passet, por citar sólo un ejemplo.
Pero los sinsabores del fútbol, por estos días, son más fuertes que las idas y vueltas del dinero. Aún se escuchan aquellas palabras de Ruggeri. "De qué va a servir ganarle a Boca si no derrotamos a los jujeños". De qué servirá...
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"Le pido disculpas al hincha que fue con toda su ilusión al Nuevo Gasómetro", fue la última frase de Fernando Miele. Palabras más, palabras menos, el estilo de siempre.


