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NEUQUEN.- De aquel José Luis Lozano que con sus patines de cuatro ruedas y pura garra llegó a la gloria en los Juegos Panamericanos de Indianápolis, celebrados en los Estados Unidos en 1987, hoy queda muy poco. El joven de las cinco medallas de oro obtenidas en la alta competencia del patín carrera mantiene una rara virtud en el mundo del deporte: la humildad; la misma que tenía cuando cosechaba triunfos en las pistas del país y del mundo, sacándoles ventaja a sus duros adversarios a 35 kilómetros por hora en las rectas más seguras.
Lozano ya no es el mismo. Hoy predica con la Biblia bajo el brazo y está al frente de una fundación cristiana dedicada al deporte comunitario, que ayuda a los chicos que la sociedad globalizada transformó en vulnerables. Se define como "un cristiano abierto" al que no le gustan los dogmas. Por eso dice que el templo no tiene hora ni lugar. "La iglesia es una pista de patín, una cancha de fútbol o el gimnasio", asegura el deportista y predicador del Evangelio a través de la Fundación Cristiana del Deporte, con sede en esta ciudad.
Lozano recibe a LA NACION en una verde chacra de la ciudad de Plottier, a 15 kilómetros de la capital. Un gallo de colores vivos con pinta de guapo da la bienvenida a los forasteros. En ese oxigenado campo funciona Casa de Encuentro , un refugio de la Iglesia Católica que la fundación que dirige Lozano utilizó para compartir 48 horas junto a 50 chicos de barrios pobres del oeste de Neuquén.
José Luis le dijo adiós al patín carrera en 1994, cuando apareció una bota de cuero aerodinámica con cinco ruedas en líneas que marcó una bisagra en esta disciplina. La técnica del corredor cambió por completo y Lozano no pudo adaptarse. Tenía 30 años cuando el nuevo diseño de patín, que ahora permite alcanzar una velocidad de 45 kilómetros por hora, lo dejó fuera de las pistas.
Sin angustias ni rencores, Lozano colgó sus viejos patines y abandonó una carrera deportiva en la que conquistó, además de cinco medallas de oro en Indianápolis, un Campeonato Mundial por suma de puntos en la Argentina en 1983, un subcampeonato mundial en 1500 metros y ocho medallas de oro en certámenes sudamericanos, entre otros logros. "También perdí mucho", dice, mientras intenta reconstruir la lista de sus derrotas.
De Indianápolis tiene el mejor de los recuerdos. "Pero ya fue", agrega con la sonrisa de un pibe que venció en territorio ajeno al equipo más temido del patín de aquél Panamericano: los cuatro norteamericanos que jugaban de locales y se quedaron con las ganas. José Luis ahora va en busca de otras metas: se propuso finalizar este año la carrera de profesorado en historia que cursa en la Universidad Nacional del Comahue.
Hoy tiene 38 años, una esposa, Patricia, y un hijo de once años, Juan Antonio. Cuando habla de su familia es fácil darse cuenta de que es la base sólida donde se apoya, seguro, y proyecta sus sueños. Sus primeros patines llegaron de la mano de los Reyes Magos, cuando tenía 6 años. Cuatro años después murió su padre, en un accidente de tránsito. Y al llegar a este punto de la entrevista se adivina que José Luis Lozano, el deportista ganador, el predicador del Evangelio y el futuro historiador, cambió su modo de ver la vida cuando apenas tenía 10 años. Aquella tragedia familiar no lo venció. Pero no cabe duda de que marcó a fuego su historia, que lo llevó a volar arriba de los patines y a explicar la vida desde el Evangelio.
NEUQUEN.- La Fundación Cristiana del Deporte tiene un gimnasio enorme sin lujos, ubicado al lado del estadio Ruca Che, conocido en el ambiente deportivo porque allí se jugaron los partidos del Premundial de basquetbol, en el oeste de la ciudad de Neuquén, donde se encuentran los barrios mas pobres de esta capital. Su organización nació como idea en 1986 y se formalizó en 1992.
"Queríamos sacar a los chicos de la calle, de la droga y del alcohol. Nos propusimos cambiar cosas concretas de la realidad", explica Lozano. La fundación tiene una escuela de fútbol, otra de patín (dirigida por él, por supuesto), una de tenis, un gimnasio con aparato, y un comedor para 60 chicos. "Todo es a pulmón. No recibimos dinero de nadie y lo increíble es la voluntad de la gente", sentencia José Luis.

