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LOS ANGELES.- Hace trece meses, mientras pescaba en Alaska y disfrutaba del año sabático que decidió tomarse luego de conseguir seis títulos en ocho años con Chicago, Phil Jackson recibió el ofrecimiento para asumir como entrenador de Los Angeles Lakers. Debía hacerse cargo de un equipo anárquico en el juego, dividido por los celos de las estrellas, que no lograba exponer en la cancha todo su talento y potencial, pero que tenía una proyección de futuro incomparable en la NBA.
Un contrato de 24 millones de dólares por cuatro años y el desafío personal de conseguir un título sin Michael Jordan, más la posibilidad de dirigir a dos fenomenales jugadores como Kobe Bryant y Shaquille O´Neal, fue suficiente para que Jackson olvidara las vacaciones. También debió desatender a su íntimo amigo y ex compañero en los Knicks Bill Bradley, a quien ayudaba en la campaña política para llegar a presidente de los Estados Unidos.
En tiempo récord, Jackson colocó a los Lakers en la final y anoche, en el Staple Center, de esta ciudad, disputaba frente a Indiana el crucial sexto partido. Una victoria más le aseguraría el título, el séptimo de su increíble carrera (diez temporadas), que ya lo consagró como el más ganador de la historia, con 612 triunfos y 208 caídas (74,6 %) durante la etapa regular. Pero en los playoffs lleva 124 y 48.
Con su filosofía de raíces orientales, con su oratoria sacerdotal y la propuesta de armar grupos solidarios, más la eficaz táctica de la ofensiva triangular, ideada por el asistente Tex Winter, se convirtió en un gurú o hechicero.
"Todo es liderado por la mente. Si actúas con la mente contaminada, el sufrimiento seguirá. En cambio, si lo haces con la mente limpia, la felicidad irá detrás de ti", es una de las frases de cabecera, extraídas de su práctica de budismo zen. "El poder del nosotros es más fuerte que el poder del yo", es otra de las que aplicó con los Lakers, especialmente ante la disociación que existía entre O´Neal y Bryant.
Y obtuvo el mismo efecto que cuando le habló a Jordan antes del primer título de Chicago. Le hizo entender al mejor basquetbolista del mundo que en la cancha eran cinco jugadores y no uno. Jordan, en aquel tiempo (1988), promediaba 37 tantos, pero jugaba solo.
Jackson es hijo de Charles y Elizabeth, pastores pentecostales que lo criaron dentro de una rígida disciplina religiosa.
En su casa no había televisión, no se tomaba alcohol, no se fumaban cigarrillos, ni se escuchaba rock and roll, tampoco iba al cine y el sexo era tabú.
Sin embargo, cerca de los 15 años fue liberándose de tantos esquemas y comenzó a escuchar a su hermano mayor, Joe, estudiante de Psicología, quien le enseñó los secretos de la mente y lo involucró en doctrinas orientales, además de enseñarle autohipnosis y control mental.
Por unos años, en aquella etapa de rebeldía, se hizo hippie, andaba en moto, escuchaba rock, no iba más a la iglesia y se casó con Maxime -una líder estudiantil-, con la que tuvo a su primera hija, Elizabeth.
Si bien fue un aceptable jugador en New York Knicks (2,04 metros), equipo con el que consiguió dos títulos, en 1970 (jugó pocos partidos porque sufrió una doble hernia de disco que hoy se advierte en sus movimientos) y 1973, rápidamente advirtió que su condición de líder podía permitirle conducir equipos, pese a que jamás había pensado ser técnico.
Dirigió a Albany Patroons, en la CBA, y también a un equipo de Puerto Rico, los Gallitos de Isabella, donde padeció experiencias insólitas y se curtió como entrenador. Aunque él sostiene, en su libro autobiográfico "Anillos Sagrados", que de acuerdo con su filosofía el ideal del técnico es "balancear el lado masculino con el femenino que todos tenemos. Compatibilizar la compasión con el instinto agresivo, usar por igual el corazón y la mente. Y otra cosa fundamental, una de las cualidades más importantes del líder es saber escuchar sin juzgar, poner simple atención"; su personal conducción incluye la enseñanza del yoga y tiene la costumbre de regalarles libros a sus jugadores.
A Shaquille, por ejemplo, le entregó algunos que hablan de los personajes de la mitología griega.
Su éxito es tal que a Jordan lo llevó a decir que él sólo jugaría en un equipo que dirija Jackson. En tanto que Derek Fisher, el base suplente de los Lakers, afirmó después del cuatro partido final que ganaron en tiempo suplementario: "Jackson es un mago, nos dijo todo lo que iba a suceder en los últimos segundos y por eso sobremarcamos a Miller para que fallara su triple".
Hoy, con sólo observar la buena relación constante entre O´Neal y Bryant y escuchar los elogios mutuos es suficiente para entender que Phil Jackson tiene mucho que ver en el éxito de estos Lakers.
Y confirma que también fue así en el Chicago de Michael Jordan.
LOS ANGELES (De un enviado especial) Los Lakers y los Pacers, que anoche jugaban el sexto partido de la serie final de la NBA, son los equipos de mayor convocatoria. Indiana, durante la etapa regular, agotó en 41 partidos las localidades de su estadio, el Conseco Fieldhouse; y Los Angeles, en el Staples Center, lo consiguieron en 25 oportunidades. Además, Los Angeles Lakers, en el resto de sus encuentros como locales, colmaron la capacidad de su estadio en un 99 por ciento.




