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Por una hendija ya se filtraba desde lejos el brillo dorado de la copa en el aeropuerto de Ezeiza. Segundos después, cuando se abrieron las puertas del sector de arribos, relució el enorme trofeo en las manos del capitán Lucas Rossi. Y la gente estalló con el irreemplazable "¡Dale Campeón!" dedicado a los integrantes del seleccionado junior de hockey sobre césped, que se consagró en el Mundial Sub 21, en Rotterdam.
Fueron 18 los campeones argentinos que el domingo último escribieron la página más gloriosa en el ámbito masculino de este deporte. Y sólo seis regresaron ayer a casa: Rossi, Lucas Vila, Matías González, Manuel Brunet, Facundo Callioni y Matías Recabarren, todos con su medalla dorada al cuello. El resto ya tenía planeado quedarse en Europa unos días por vacaciones, aunque más de uno quiso -sin éxito- cambiar los pasajes sobre la marcha y reencontrarse rápido con sus familiares para compartir esta gran alegría.
Acostumbrados a entrenarse en silencio y frente a la mirada de unos pocos, aquellos que decidieron pegarse la vuelta intuían en el vuelo que podían tener un cálido recibimiento, aunque nunca se hubiesen imaginado entre esa maraña de cámaras, micrófonos y flashes fotográficos.
Paradojas del hockey de la categoría junior: tras cuatro años de trabajo y justo en el pináculo, este equipo se acaba de desmembrar y los chicos soñarán ahora con sumarse a la selección mayor a cargo de Sergio Vigil, que también estuvo en Ezeiza.
"Tal vez eso de la separación sea la única parte triste de todo esto, pero son etapas de la vida que deben cumplirse. La sensación es de alegría, después de tanto tiempo peleando por este objetivo", comentó Rossi, un volante con desembarco cantado en el seleccionado principal.
Lucas Vila, de 18 años, el jugador más valioso del torneo según la Federación Internacional de Hockey (FIH), repetía la palabra "corazón" para definir el espíritu argentino: "El Mundial lo ganamos con eso y con un juego distinto del de los europeos, que son estructurados. Nos salió todo redondo y encima recibí el premio extra. ¿Más? No puedo pedir".
Santino manoteó micrófonos y estuvo siempre a upa de su padre, Pablo Lombi, el director técnico del equipo, que señaló: "Lo viví y lo sufrí como un jugador, pero desde el banco. El partido más difícil fue la semifinal frente a España (2-1), porque significaba la posibilidad de subirse a un podio. Cuando terminó me sorprendió que los chicos agarraron sus cosas del vestuario y se fueron al hotel. Ahí me di cuenta de que no se conformaban y esperaban la final con Australia (2-1), en la que el seleccionado demostró que fue el mejor de todos".
Facundo Callioni también se movió cerca de familiares y amigos. El delantero de Ciudad retrató la imagen de la premiación final en Rotterdam: "Allí arriba, en el podio, me dieron ganas de llorar cuando escuché el Himno. Y más porque nuestro país nunca había sido campeón mundial en varones".
Custodiada por el capitán Rossi, la copa quedó guardada en una caja metálica, símbolo de que un brillante ciclo se conservará por siempre.
Lucas Vila es felicitado por su hermano Rodrigo, que fue subcampeón en el Mundial Junior de Hobart 2001. Y Matías, el mayor, participó en el certamen de la categoría en 1997, en Milton Keynes (6º). La familia Vila es sinónimo de hockey y del Club Banco Provincia.


