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A lo largo de los años, primero como jugador, luego como dirigente, siempre como referente, buena parte de los destinos del rugby argentino pasaron por las manos de este hombre. Distinto en la cancha y distinto afuera, Agustín Pichot siempre rompió moldes. Y por eso, en todas sus facetas, fue tan destacado como controversial.
-Cuando los Pumas vencieron a los Springboks, escribiste un tweet que decía "Historia. Sólo eso". ¿En qué lugar de la historia ponés ese triunfo?
-Sabés bien que el Twitter es algo impulsivo. Viendo algo como lo que se vio, tan emocionante, me salió del alma. Para mí, ganar en Sudáfrica era una deuda muy grande del seleccionado. Me pongo como ex jugador: yo hubiese dado cualquier cosa por haber hecho historia en Sudáfrica... Pero todo lo que hice como dirigente fue para que pasen estas cosas. No hubiese pasado esto si los chicos no hubiesen tenido la oportunidad de jugar el Rugby Championship, de jugar tantas veces contra Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda.
-¿Para qué están estos Pumas?
-Creo que tienen equipo para llegar a la semifinal. Entrar entre los 8 mejores sería lo que le corresponde al rugby argentino.
-¿Cómo convivís con ese concepto irónico de la derrota?
-...de la derrota digna, sí. Je. Hay dos formas de ver las cosas. Una, la del éxito inmediato, que es lógico. Pero la realidad es que uno no puede ganar de un día para otro. En la década del 80 había hazañas, pero no había algo sostenido. Recién en el 2006 el equipo perfiló una actitud ganadora. Nos costaba mucho. Yo creo que eso se construye. Ahora, ¿de qué se construye? ¿De éxitos o de derrotas también? Desgraciadamente, al rugby le toca jugar contra grandes equipos. En el Rugby Championship, sistemáticamente. Cuesta muchísimo. ¿Qué es lo mejor? No lo sé, pero sé que la Argentina tiene que jugar y tiene que aprender. No somos una potencia entre los mejores.
-Pero, ¿se corre el riesgo de acostumbrarse a perder?
-Lo que más le duele al jugador es acostumbrarse a la derrota digna. Estar en un vestuario y decir 'no jugamos tan mal'. Cuando entrás en ese lugar, que es lo que nos pasó a nosotros en 2003 y en 2004, es un riesgo. Pero, fríamente, en el camino tenés que tener un montón de derrotas. Si no, la Argentina hoy estaría entre los tres mejores del mundo. Y no es así. No tenemos ni la historia ni los jugadores. Hay que hacer un trabajo a largo plazo.
-¿Hay jugadores proscriptos en los Pumas? A partir del caso Albacete, se generaron demasiadas dudas.
Del lado dirigencial, te puedo garantizar que no. Para mí, el jugador siempre tiene razón. Cuando Pato [Albacete] habló por primera vez con LA NACION, estaba bien lo que decía. Uno puede discutir la forma o no. Pero, después, cuando pasó lo de Hourcade [el jugador declaró que el coach era "un mentiroso"], es Hourcade el que toma la decisión y lo dijo públicamente. Nunca nos metimos como dirigentes -y ahora no soy más dirigente- en una lista de Phelan o de Hourcade.
-Antes tenías más participación, mucha. ¿Nunca pensaste que era incompatible tu rol de dirigente con tus intereses personales?
Mil veces. Tengo mil editoriales de LA NACION con el tema de "los dos lados del mostrador", no te preocupes... Cuando arranqué con esto, no quería ser dirigente. Soy una persona que trabaja comercialmente hace muchísimo tiempo. No lo escondo ni lo escondí. Fui muy claro desde el primer día. Me dijeron: "No, vení igual", porque a la mayoría de las marcas las traía yo, los convencía de que apoyen al rugby. Esa parte me costó un montón. Hasta mi nombre. Palos, palos. Sabía que iba a ser así. Si me preguntás si estoy tranquilo, sí, estoy tranquilo.
-¿Te alejaste por eso?
-Claramente, porque llega un momento? Estaba para recibir las balas.
-Así como se te debe la presencia en el Championship, también estás involucrado en el Super Rugby. ¿Se va a jugar en Parque Sarmiento?
-Por más buena voluntad que haya habido, no sabíamos que había una pista de atletismo. Hubo quejas, ya no llegamos y decidimos esperar hasta que esto se aclare un poco. Vamos a buscar opciones, pero si no mejora, no lo vamos a hacer.
-En algún momento te involucraste en política. ¿Ahora, estás con alguien?
-Tengo excelente relación, personal, con tres de los candidatos. Con Mauricio, con Daniel y con Sergio. Los tres apoyaron el rugby... Para estar en política te tenés que comprometer no sólo con ideología, sino también con el tiempo. Y no tengo tiempo. Por ahí el año que viene o el otro, veré.
-Fue traumático el paso al profesionalismo. ¿Sigue la resistencia?
No, cero. La UAR cumplió con el plan que queríamos, que era encapsular el profesionalismo. Se hizo. Es más, el año que viene va a haber contratados. Los únicos que quedan a definición de que sean profesionales son los becados. Y a nivel calendarios, en la mejor situación que se puede estar. Los Pumas con 12 partidos por año, 17 partidos de Super Rugby. Argentina XV con un campeonato nuevo y Nations Cup, los Pumitas jugando su campeonato de Menores de 20, el Nacional, el Argentino, el Interior. Podría estar mejor igual, falta un Nacional B. Pero está en excelente posición, bien ordenado y es federal. Por el lado económico, con los acuerdos comerciales que se están renegociando en este momento, la UAR tendría que tener una facturación de US$ 20 millones el año que viene. Y en cuanto a visión para lo que viene, cada vez hay más chicos que juegan al rugby.
-¿Cómo creés que se va a recordar tu paso por el rugby?
Me encantaría que me recuerden como jugador. La parte dirigencial no... Está bueno, pero mi pasión y mi sueño fue jugar en los Pumas, ser el capitán del equipo increíble de 2007. El otro fue un personaje más combativo, polémico. Los cambios se dan con polémica. Como jugador también, pero es más fácil. Uno no nació sabiendo ser dirigente.


