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Hablar de lo singular que es la Copa Davis resulta una obligación cada vez que el calendario tenístico nos pone frente a ella. Describir su magia, su encanto y sus misterios, en ocasiones, no alcanza para explicarla enteramente. La Copa Davis puede entregar en un corto lapso lo más valioso o lo más olvidable para la carrera de un tenista El periodista norteamericano Peter Bodo, notable escritor de historias del circuito y afamado bloguero , se preguntaba luego de la primera rueda de 2012, por qué la Copa Davis importaba tanto y era tan especial. Se ve que el asunto es universal. Los fines de semana de la Copa Davis condensan una serie de elementos que no siempre se encuentran en otras escalas del circuito y vale la pena revisarlos. La semana próxima habrá acción en Parque Roca ante Croacia, por los cuartos de final, por eso valen la pena estas claves.
La identidad. Es evidente que jugar "bajo bandera" produce un clima intransferible en los enfrentamientos. Los tenistas suelen estar habituados a jugar en escenarios neutrales donde el favoritismo oscila entre la simpatía que provoca un jugador, el apoyo del público hacia el más débil o el cerrar filas detrás del jugador local en caso de tenerlo en cancha. En la Copa Davis eso está resuelto de entrada: son ellos contra nosotros. La Federación Internacional de Tenis es lo que tiene más claro cuando se analizan las reformas que se podrían introducir en la Davis. Casi todo puede ser negociable, menos el sistema de locales y visitantes. Será lo último que se entregue si alguna vez se intenta cambiar el modo de jugarla.
Tres días, muchas sensaciones. Los torneos de tenis pueden agrupar 32 tenistas en una semana. Pueden acumular 56 jugadores en diez días. O pueden involucrar a 128 nombres en 14 días. Esos son los formatos de los ATP, algunos Masters 1000 y los Grand Slam. La Copa Davis genera gloria y desazón instantánea en 72 horas. Es interesante la relación con el paso del tiempo que ofrece la Davis. Podemos ser testigos de una batalla a cinco sets durante más de cuatro horas y pareciera que el tenis dura una eternidad. Sin embargo, comparados con otras escenas del tenis, la Copa Davis se presenta con un gran número de dudas y misterios el viernes y para cuando ya se resolvieron estamos a domingo. Y a veces ni siquiera eso: el sábado ya está el asunto resuelto. Ninguna otra competencia del tenis ofrece tanta intensidad y evidencia "express".
La atmósfera. La Copa Davis implica mucho más que jugar al tenis como siempre. Hay que generar una corriente interna con todo un grupo de trabajo ocasional y necesario. Modificar hábitos propios y tolerar los ajenos. Ser parte de una estrategia más abarcadora que el "uno contra uno" que plantea la rutina del circuito. Algunos tenistas se potencian en este ámbito, otros lo sufren y hay quienes no experimentan ningún cambio. Pero nunca resulta indiferente.
El dobles. Es un aspecto clave de la Copa Davis. Tiene influencia directa en el ánimo del equipo, en el desánimo de los rivales y una valoración propia que no es tan reconocible en otros torneos. La Copa Davis tiene historias de doblistas que fueron fundamentales para grandes logros y que hasta se ponen a la par de sus compañeros singlistas a la hora de repartir méritos. Un buen dobles tal vez no alcance para ganar una serie de la Copa Davis, pero un mal dobles es como entregar la dama en las primeras movidas. O lo que es peor, el jaque mate mismo.
Reduce diferencias. Un jugador motivado por el ambiente de la Copa Davis puede jugar por encima de su media y complicarle la vida a otro más encumbrado. El juego psicológico cambia y los que son más vulnerables en otros torneos se vuelven firmes y las certezas se diluyen. Nadie dudaba del favoritismo de Roger Federer hace unas semanas en la final de Indian Wells cuando iba a jugar la final con John Isner. Y nadie pensaba que Federer, como local, iba a perder un partido a cinco sets contra el norteamericano como sucedió en la serie de febrero pasado, cuando Estados Unidos eliminó a Suiza de visitante. Se rompieron todas las suposiciones y la previa se hizo añicos. En el circuito pasó lo esperado y en la Copa Davis sucedió lo inesperado.
Jugar la Copa Davis no es jugar al tenis. O no es solamente eso. Quizás el secreto pase por no interpretarla ni tratar de entenderla, sino simplemente dejarse llevar por ella.




