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Venía desde el campo de juego una sensación que le bastaba al cuerpo para relamerse con el pasado. "Es la mayor esperanza que tiene Independiente para recuperar el estilo que lo identifica con los tiempos de gloria", afirma Ricardo Bochini, el máximo ídolo de Independiente, cuando se lo consulta por las piruetas que Livio Prieto, de 19 años, hace con la pelota. Con su metro sesenta y ocho de altura desparramó un fútbol de pausa y aceleración que puso de pie a todos los simpatizantes del Rojo en el triunfo de anteanoche frente a Boca por 3 a 0.
Hace cuatro años llegó a Buenos Aires de la mano de José Pekerman. Fue Pekerman que lo vio jugar en Bella Vista, Córdoba, y en 1997 lo llevó al Sudamericano Sub 17, en Paraguay, y después al Mundial, en Egipto. Desde entonces, extraña el olor a grasa instalado en el taller de su padre, Carlos. "Hace mucho tiempo que me separé de mi familia para abrirme camino en el fútbol. Los días libres son muy pocos en esta profesión y cuando puedo me escapo a Bella Vista para juntarme con mi gente. Aunque me acostumbré a vivir a la distancia, extraño a mi gente como loco", reconoce Prieto, que emparienta su niñez con el automovilismo a causa de algunas incursiones de su padre en carreras de rally.
Con apenas 16 años, Prieto debutó en primera división en Deportivo Español, en el Clausura 98, ante Lanús. Un año después quedó libre y se incorporó a la cuarta división de Independiente. Desde entonces contó con el padrinazgo de Bochini, que maneja el departamento de fútbol amateur del club de Avellaneda. "Es un orgullo recibir elogios por parte de Bochini. Que él hable bien de mí ya es suficiente. Ojalá pueda dar un cuarto de lo que el Bocha le regaló al fútbol", expresó Prieto.
No quiere ni que le mencionen el caño que le tiró a Sebastian Battaglia anteayer. En esa jugada el volante de Boca se rompió los ligamentos derechos y estará seis meses inactivo. Situación que le dejó una espina clavada a Pietro: "Hubiese preferido no hacer esa jugaba. Si sabía cómo iba a terminar ni siquiera la intentaba. Son cosas que me salen naturalmente. Me quedé bastante mal por la lesión de Battaglia. Cuando me enteré me quería morir. Jamás uno se imagina un final así. Espero que se recupere cuanto antes. Battaglia es un jugador muy importante para Boca", agregó Prieto.
Cansado de la falta de respuestas de los refuerzos y de los jugadores más experimentados, el técnico Osvaldo Piazza se decidió por los juveniles, entre ellos Prieto. En 1998, cuando Prieto llegó a Independiente, el entonces DT de la Reserva, Cayetano Rodríguez, le dio la camiseta número diez. A fines de 1999, Enzo Trossero lo convocó para entrenarse con la primera, pero cuando parecía inminente su aparición entre lesiones y problemas contractuales se postergó su bautismo en el Rojo.
El debut oficial de Prieto en Independiente se produjo con Piazza el 1º de octubre último, ante Estudiantes. Ante Boca, tenía la responsabilidad de jugar en el lugar que habitualmente le corresponde a Daniel Garnero, uno de los más queridos por la parcialidad roja. "Piazza me dejó muy tranquilo cuando me confirmó que jugaba de entrada frente a Boca. Era difícil reemplazar a Dani (por Garnero), pero Piazza no me pidió nada extraño y me simplificó el trabajo", explicó el futbolista cordobés.
A la distancia, en la tranquilidad de Bella Vista, papá Carlos y mamá María se alegran por este momento de Livio. Quisieran estar con él, pero las obligaciones laborales hacen difícil el traslado. Prieto no podrá mantener la titularidad como consecuencia de la expulsión que sufrió ante Boca por decisión del árbitro Fabián Madorrán, que tuvo una mala actuación y no fue equitativo en sus fallos. "Asumo la parte de culpa que me corresponde. Quizá reaccioné mal cuando me cobró una infracción que para mí no existió, pero creo que mi expulsión fue una exageración. Madorrán sabrá en qué se equivocó. Lo dejo para su autocrítica", dijo Prieto, que aunque no llegue al metro setenta, tiene altura de gran jugador.
Como tantos otros juveniles que están en Independiente, el pase de Livio Prieto es un dolor de cabeza y no descomprime para nada la complicada situación económica-financiera que asfixia al club de Avellaneda.
El pase del futbolista pertenece a dos empresarios (Hugo Woloschin y Alberto Serjai) y existe una cláusula por la cual Independiente se comprometió a comprar el 50 por ciento del pase cuando el jugador firme su primer contrato. La opción de compra por la mitad del pase de Prieto fue fijada en 1.100.000 dólares.
Algo parecido sucede con el delantero Matías Vuoso, que también se destacó frente a Boca, pues la mitad de su pase es de Carlos Morete. De acuerdo con lo firmado por el gobierno anterior, si Vuoso juega diez partidos en primera el club debería abonarle 100.000 dólares al ex futbolista, que al parecer donaría ese dinero al club.

