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Esta es una historia que sabe de sacrificios, luchas y discriminaciones. Como un problema sobre el tablero, el final invita al desafío: "Juegan las mujeres y ganan". Ella es Susan Polgar, que a los 39 años pasó por la Argentina invitada por la Universidad de La Punta de San Luis para el 1er Encuentro Internacional de Ajedrez Escolar y la Informática, realizado en Potrero de los Funes.
"Esta es mi tercera visita a la Argentina y es la primera vez que juego al ajedrez; antes lo hice como entrenadora de mi hermana menor, Judit", contó a LA NACION la mayor de las hermanas Polgar, tras brindar una exhibición de simultáneas ante los 30 mejores talentos de esa provincia, con edades entre los 8 y los 18 años, integrantes del plan de Ajedrez Escolar Inicial (AEI), que dirigen Claudia Amura y Pedro Bazán junto a los maestros Pablo Ricardi, Pablo Palmero y Sergio Quiroga; Susan se impuso en 28 partidas y otorgó sólo 2 empates.
Oriunda de Budapest y radicada en los Estados Unidos desde hace 14 años, cuando decidió vivir de a dos y más tarde de a cuatro con la llegada de sus hijos varones, esta rubia de ojos de asombro y rostro redondo se divorció hace un año y se mudó a Texas. Allí trabaja en la Universidad de Lobbock. Hace lo que mejor sabe: enseña ajedrez a los alumnos.
"En verdad, al ver todo esto del ajedrez escolar en San Luis siento un poco de celos; vengo de Texas, donde hacemos muchos esfuerzos para llevar el ajedrez a las escuelas y es muy difícil conseguir la ayuda de las empresas. Sin embargo, aquí es increíble cómo desde el ámbito gubernamental se lleva adelante esta apuesta en la que tras dos años de funcionamiento asisten a 20.000 chicos de 230 escuelas. Sinceramente, es todo un ejemplo", apuntó.
Susan fue la primera mujer que decidió romper aquel mito según el cual los hombres sostienen ser más inteligentes que las mujeres a la hora de practicar el ajedrez; un juego ligado al intelecto. Es que junto con sus hermanas Sofia y Judit fueron criadas por sus padres sin ir al colegio; recibieron asistencia en su casa y la formación incluía el ajedrez como materia. Una vez por año rendían exámenes libres y practicaban el juego sólo con varones. Así, se volvieron invencibles entre las mujeres.
En 1973, a los 4 años, Susan fue campeona femenina en Budapest; a los 12 fue campeona mundial Sub 16; tres años después era la mejor jugadora del mundo, y a los 17 se clasificó para disputar el Mundial de varones. Allí saltó el escándalo.
La FIDE, con claros signos de discriminación, le prohibió participar del certamen: "Tú eres una mujer y debes jugar con mujeres". En 1991, a los 22 años, Susan logró el título de gran maestro en competencias masculinas. Además, es la única ajedrecista en el mundo que conquistó tres títulos mundiales (ajedrez blitz, activo y clásico).
"En verdad, han hecho muchas cosas para impedir mi ascenso, desde otorgarles 100 puntos de Elo a todas las jugadoras, salvo a mí, o quitarme el título mundial porque me obligaban a defenderlo seis meses después de haber dado a luz a mi primer hijo, en 1999. Creo que la lucha valió la pena, y si bien la justicia internacional me dio la razón, al menos a mi hermana menor, Judit, las cosas le resultaron más fáciles para su ascenso".
Representó a su país, Hungría, en diez olimpíadas, en las que nunca perdió una partida; sumó cinco medallas doradas, cuatro de plata y una de bronce. En 2006 fue su última gran conquista, la Copa del Mundo femenina.
-Lo siento como la vida misma, porque la vida es una partida de ajedrez. Me emociona el arte de este juego, aunque creo que los hombres tienen una visión muy diferente de la de las mujeres; para ellos es competencia pura, para nosotras influye lo social y artístico. La sensación que recorre mi cuerpo al producir una combinación de movimientos tácticos sobre el tablero es de mayor satisfacción que la victoria misma. La alta competencia me obligó muchas veces a ser más práctica y menos brillante.
Susan Polgar, una dama frente al tablero; acaso, la mejor entre las mujeres.

