¿Qué les pasa a los Pumas? Los problemas que asoman y que preocupan

Mario Ledesma busca respuestas
Mario Ledesma busca respuestas Fuente: Reuters
Jorge Búsico
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28 de septiembre de 2019  • 15:36

OSAKA.-. La victoria -con bonus, que era vital para una cuenta futura- podrá servir para cortar una larga seguidilla de derrotas y se verá si contribuyó a levantar un par de pisos el factor anímico. Pero no habrá manera de que oculte lo que realmente pasó con los Pumas en los 80 minutos calurosos y húmedos del mediodía de Osaka: fue una actuación no acorde para un equipo que quiera tener pretensiones en una Copa del Mundo. Ante un rival limitado técnicamente como Tonga, al cual ya le habían marcado cuatro tries en 26 minutos, los argentinos cayeron en un sinfín de defectos al punto de que si la pelota robada por Guido Petti en el último line concluía en try, hubiese sido el peor final, aun en el triunfo.

Hay un claro problema mental, ya reconocido por todos. Los Pumas se paralizan ante la inminencia de un partido determinante (Francia) o ante el primer golpe que reciben incluso si van ganando fácil, como se percibió cuando Tonga atravesó por primera vez la mitad de cancha.

¿Qué le pasa al equipo? ¿Por qué ese segundo tiempo tan frustrante que hasta dejó la sensación de que si se estiraba unos minutos más podía poner en peligro la victoria? Hay un claro problema mental, ya reconocido por todos. Los Pumas se paralizan ante la inminencia de un partido determinante, como lo fue el de Francia, o ante el primer golpe que reciben incluso si van ganando fácil, como se percibió ayer cuando Tonga atravesó por primera vez la mitad de cancha, allá por los 30 minutos, y apoyó un try después de una seguidilla de tackles errados. O sea: tras un dominio absoluto, en la primera que hubo que defender el ingoal, se falló.

Guido Petti fue lo más destacado de los dos partidos
Guido Petti fue lo más destacado de los dos partidos Fuente: AFP

Se percibe con claridad que la confianza explota antes de cuando se decide la verdad: adentro de la cancha. Puede explicar, entre otros motivos, el rendimiento más bajo de la habitual de varias figuras del equipo. Todavía no aparecieron los líderes ni los que desequilibran. Sólo Guido Petti ha sobresalido en los dos encuentros, mientras que ayer pisaron fuerte dos que venían como suplentes: Julián Montoya -tres tries, además de sólido en todos los conceptos- y Santiago Carreras, un chico que es de esos que generan electricidad cada vez que tocan la pelota.

Nicolás Sánchez no es el único que no rindió de acuerdo con lo esperado. La lista agrega a Emiliano Boffelli (ayer volvió a fallar en el tackle), Jerónimo De la Fuente, Matías Orlando y hasta el propio capitán Pablo Matera, disminuido físicamente.

Hay una imagen que puede graficar la tensión que siente el equipo. Cuando terminó el himno argentino, Nicolás Sánchez rompió en llanto. No era el típico de emoción cada vez que suena la canción patria. Mostraba todo lo que viene viviendo el apertura tucumano, desconocido hasta en las patadas a los palos, uno de sus tantos fuertes. Sánchez era una de las cartas ganadoras hasta el año pasado. Aquí parece haber perdido la titularidad. Pero no es el único que no rindió de acuerdo de lo esperado. La lista agrega a Emiliano Boffelli (ayer volvió a fallar en el tackle), Jerónimo De la Fuente, Matías Orlando y hasta el propio capitán Pablo Matera, disminuido físicamente.

Viene ahora sí una final con Inglaterra el próximo sábado en Tokio. Mario Ledesma y los jugadores sostuvieron ayer tras el encuentro que los espera una semana espectacular, ideal para dar el golpe que necesitan para romper la barrera de la primera rueda. Nunca hay que dar por muertos a los Pumas. Además, tienen jugadores y staff para dar pelea. Pero lo que sí está claro es que así como transcurrieron estos dos partidos es imposible superar el zigurat que representa el seleccionado dirigido por Eddie Jones. Más aún: puede llegar a ser una tarde terrible.

Pablo Matera, disminuido físicamente, es uno de los que está en deuda
Pablo Matera, disminuido físicamente, es uno de los que está en deuda Fuente: AP

Hay, si se repasa la historia, un parecido con la Copa del Mundo de 2003, la que Ledesma sufrió como jugador. Existían muchas esperanzas aquella vez en Australia, especialmente en vencer al local en el debut. Pero la derrota, totalmente lógica, golpeó tan duro que los dos partidos siguientes, con goleadas a Rumania y Namibia, resultaron también un paso no convincente. Como aquí, esperaba una final contra el otro grande del grupo. Irlanda, esa tarde en Adelaida, triunfó con lo justo en un partido dramático y los Pumas se volvieron antes. Claro que ahí mismo se empezó a gestar lo que después cambió todo en 2007.

Es que hay un aire de que la derrota con Francia profundizó algo que ya no venía bien. Tiene que ver con varios elementos que se perciben en el contacto que se va teniendo a lo largo de los días y también en que el problema de confianza es determinante. Quizá se quema todo esto y el sábado sucede el milagro -lo sería se se vence a un equipo que es el gran candidato a jugar la final contra los All Blacks-, pero hasta el momento no hay indicios. Pasó con Francia -y no sólo en el primer tiempo- y también con Tonga, especialmente en el segundo.

Tiene razón Ledesma cuando dice que no hay explicaciones para fallar tanto en el tackle -es cierto que los números de las estadísticas no son determinantes; más que el número hay que ver realmente cuáles fueron los tackles fallados- y para tanta pérdida de pelota. Los Pumas tuvieron ambas: no marcaron más puntos con los quiebres que lograron y en varios momentos del complemento se vio cómo Tonga rompía la primera línea de defensa para después ganar varios metros.

El sábado próximo, porque ya hay que instalarse allí, se sabrá si la victoria sobre Tonga era la que necesitaba el equipo para despegar. O si no dio la altura de lo que se esperaba y lo que estaba en juego. O si había algo más. Hasta aquí, en estas dos semanas, el juego estuvo muy por debajo de lo esperado y de lo que se puede dar. Los Pumas, ahora sí, están ante una final, frente al test más importante de los últimos cuatro años. No queda ni el agujero de una aguja para que entren más errores.

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