

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Casi condenado al descenso, Ferro Carril Oeste sacó una inesperada victoria de su galera en Avellaneda y opacó así la noche en que Racing le despidió a su ídolo, Fernando Quiroz. Ajeno a un clima festivo que no le pertenecía, el conjunto de Caballito mostró un as que nadie imaginó, acumuló méritos de sobra y venció claramente al equipo local por 2 a 0. Si el Prode existiera, seguramente el resultado hubiera dado por tierra con una gran cantidad de pronósticos.
Un verdadero gustazo se dio el conjunto visitante, que consiguió su primera victoria del campeonato y apenas la cuarta desde comienzos de 1999, cuando sólo se impuso a Estudiantes por 2 a 1 y a Lanús, dos veces, por 1 a 0 y 2 a 0.
Dante Panzeri, viejo maestro de periodistas, dijo alguna vez una máxima que perdura a través del tiempo: "El fútbol es la dinámica de lo impensado". Pues bien, Racing lo experimentó ayer, cuando Ferro le dio al partido una buena dosis de sorpresa. Si la mayoría pensaba que el conjunto de Caballito iba a salir a defenderse o, al menos, a especular con la propuesta del equipo local, se equivocó. Porque Ferro invirtió los roles supuestamente establecidos y salió a buscar el arco defendido por Walter Cáceres.
Tal vez no lo hizo con argumentos en extremo sólidos, pero sí con una elogiable voluntad y un notable orgullo que desnudaron serias deficiencias en el aspecto defensivo de Racing. El equipo dirigido por Jorge Brandoni y Juan Domingo Rocchia estuvo nada menos que cinco veces cerca de abrir el marcador en el primer tiempo, que, a pesar de los merecimientos, terminó igualado en cero.
Lo tuvo Adrián Giampietri, con un cabezazo; también Nicolás Hernández, con un tiro que desvió Leonardo Garaycochea con las manos (claro penal que no cobró un flojísimo Gabriel Brazenas) y tapó Cáceres;una media vuelta de Christian Chaparro; un remate de Diego González, otro de Nicolás Sartori... Una cadena inimaginable en los papeles.
Ferro partió a Racing en dos mitades:una defensa inconsistente y un ataque sin peso. Arriba, Carlos Cordone quiso darle algo de vértigo y Maximiliano Estévez su habitual gambeta. No pudieron, como tampoco Sixto Peralta fue pudo ser el conductor que el conjunto de Gustavo Costas y Humberto Maschio necesita, ya que entró muy poco en contacto con la pelota.
El primer tiempo, entonces, se fue con la injusticia del 0 a 0 y, como ya se dijo, con una opaca labor del árbitro Brazenas, que, además de no cobrar el penal de Garaycochea, ignoró una clara falta sobre Cordone cuando se iba al gol (debió expulsar a Norberto Morello y sancionar tiro libre) y anuló incorrectamente un gol de Sartori, por off side.
El segundo tiempo no aportó demasiadas diferencias. Quedó claro que Racing quiso revertir su imagen en el inicio. Con el ingreso de José Manuel Chatruc (volvió tras su fractura en el tobillo izquierdo) por el debutante Juan José Giménez, Costas quiso reactivar el ataque y lograr una mayor recuperación del balón.
Las pretensiones del conjunto local quedaron en eso. El equipo se desinfló demasiado rápido y Ferro volvió a tomar las riendas del partido, como en la primera etapa. Sólo que esta vez tuvo el premio de los goles. El primero, a los 22 minutos, llegó tras una muy buena jugada elaborada por la derecha entre Mario Grana, Giampietri y Martín Vitali, que Hernández convirtió en gol.
Si la esperanza de Racing tuvo algún resquicio, el mismo se cerró a los 39 minutos, cuando Landaburu envió un centro que el ecuatoriano Nicolás Asencio mandó de cabeza al gol.
El desconcierto tomó por asalto el estadio de Racing, donde un puñado de fervorosos fanáticos de Ferro enloquecieron con un triunfo que quizá pocos esperaban.
Del otro lado, en la tribuna local, los implacables hinchas de Racing siguieron alentando como siempre, como una muestra más de que a ellos no los quiebra la Justicia ni los rivales. Más allá de que, tal vez por algún ánimo más alterado que otros, se produjo una breve trifulca entre los propios simpatizantes académicos a la salida que la policía disuadió rápidamente. El equipo deberá seguir el primer ejemplo, el de no bajar los brazos. Porque el golpe ante Ferro fue fuerte, pero de las caídas también se aprende.

