

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Eterna, reluciente, la sonrisa parece ingresar en el recinto antes que él. Ray Sugar Leonard esconde su mirada debajo de una gorra azul y amarilla, alejada de cualquier protocolo. Por primera vez, el ex quíntuple campeón mundial pisó el suelo argentino. Su documento marca 43 años, aunque la delgada figura pretenda quitarle algunos. Su visita a nuestro país, donde llegó ayer por la mañana, es el puntapié inicial de una idea que el ex boxeador tiene muy clara:difundir por el mundo un mensaje para sacar a los jóvenes de la droga. "No violencia, no drogas", reza el leitmotiv que propagan Leonard y compañía.
¿Por qué la Argentina para arrancar con el proyecto? Aunque parezca mentira, Ray Sugar tiene algunos puntos de contacto con nuestro país. Su actual esposa, por ejemplo, es hija de una argentina. "Mi suegra vive en Buenos Aires. Tenía muchas ganas de venir aquí. A la tierra de Carlos Monzón, un boxeador que admiré muchísimo..., un peleador increíble", recuerda ni bien comienza su charla en un salón del Hotel Sheraton Libertador.
Sinónimo del pugilismo de las décadas del 70 y del 80, nadie puede obviar el nombre de Leonard a la hora de cualquier balance del deporte de los puños. Y pensar que el boxeo no le atraía para nada. Es que, en su niñez, Ray Charles Leonard sentía tremenda atracción por actividades totalmente ajenas al deporte de los puños.
Tal vez por influencia de Getha, su madre, que lo bautizó con tales nombres de pila en honor al legendario pianista de jazz y blues Ray Charles, los primeros años del pequeño Leonard transcurrieron en el coro de una iglesia de Maryland. Es más, de pequeño sus preferencias estaban en el patinaje artístico y en el ballet clásico. Queda claro el porqué del inigualable bailoteo que fue marca registrada sobre el ring. Su vínculo con las entidades de bien público empezó desde muy temprano:a los 14 años decidió unirse al equipo de boxeo de un centro de rahabilitación para drogadictos. Así, el pequeño Ray Leonard se puso en marcha para seguir los pasos de su padre, Cicero, un destacado boxeador aficionado de la Armada norteamericana.
Y no paró Ray, posteriormente apodado Sugar, en honor al gran Ray Robinson, uno de los mejores boxeadore de todos los tiempos. Para cuando consiguió la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Montreal, en 1976, ya tenía su primer hijo (Ray Junior), fruto de su vínculo sentimental con Juanita Wilkinson. "Yo fui padre antes de ser campeón mundial. Por eso sé muy bien cuáles son las prioridades. Creo que hay que luchar para que tengan un futuro mejor", se pone serio Leonard.
Thomas Hearns, Marvin Hagler, Roberto Durán..., nombres ilustres con los que Ray Sugar protagonizó capítulos inolvidables de la historia del boxeo. "Creo que Hagler y Durán fueron los rivales más duros. Bah, todos...", sonríe con una respuesta plena de diplomacia. Y sufre una transpolación al terreno de las hipótesis. "...pero De la Hoya sería más duro que todos, aunque yo siempre le gano al golf", bromea otra vez.
No hay dudas de que es uno de los más grandes. Junto con Thomas Hearns, Leonard es el único pugilista que ganó cinco títulos mundiales en diferentes categorías. Pero la tristeza también se hizo un lugar en su vida. En 1982, un desprendimiento de la retina del ojo izquierdo lo obligó a retirarse en la cúspide de su carrera. "Fue allí cuando caí en la droga. Me junté con gente mala y quise experimentar, pero gracias al amor de mi familia lo superé. Era insoportable, no me gustaba la persona que veía en el espejo".
Le gusta el fútbol "aunque es demasiado duro para mí", y le manda un mensaje a Diego Maradona. "Le deseo lo mejor, espero que se recupere." Desfilan los personajes en las preguntas y sortea cada interrogación con simpatía. ¿Don King? "No me gusta su peinado." ¿El mejor boxeador de los 90? "Roy Jones, aunque... ¿les gusta De la Hoya? Bueno, también Oscar".
La grotesca vuelta contra Héctor Camacho, hace 3 años, no lo dejó bien parado: con casi 41 años, fue noqueado en el quinto round e hizo añorar con rabia a aquel bailarín de velocidad asombrosa. "Los boxeadores somos guerreros. En aquella ocasión no volví por dinero, fue sólo por competencia, aunque mi mujer no lo entendió", explica Leonard y le da paso a una carcajada.
Se para el ex campeón y es inundado por los saludos. Llega el tiempo de las fotos y nadie se pierde una instantánea con el hombre de la sonrisa eterna. Desfilan para los flashes Abel Laudonio, Ricardo González (Gonzalito), Jorge Fernández..., celebridades del pugilismo nacional de todos los tiempos. Pero Leonard sabe que está en el país para algo más que hablar de boxeo. Por eso, antes de irse suelta el último mensaje. "Esta es mi pelea más dura, más que Hearns o Hagler." Y sonrió Ray Sugar Leonard. Con los guantes puestos, esta vez, sólo para ayudar a los jóvenes.

