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SAN PABLO.- No existe explicación posible para ese drama, para esta tragedia. No la hay, nunca, para la muerte. Y no la hay, menos aún, para estas desgracias que entran en la lista de lo inconcebible, de lo nunca imaginado. Porque ver desplomarse a un futbolista profesional en plena cancha, solo, sin que medie ninguna circunstancia de juego, es algo que asombra y aturde. Los jugadores de San Pablo y Sao Caetano no entendían nada cuando vieron a Serginho caer inconsciente durante el partido que jugaban anteanoche, por el campeonato brasileño. El jugador sufrió un paro cardiorrespiratorio y, a pesar de que se intentó reanimarlo allí y en un hospital cercano, murió un rato más tarde.
Iban 14 minutos del segundo tiempo y el partido no continuó, por decisión de ambos capitanes. Los dos equipos se abrazaron y rezaron por la salud de su compañero, esposo y padre de una hija de cuatro años. La alarma se enciende, más allá de este caso, ante la sucesión de tragedias que antes no se veían (ver aparte).
¿Por qué?, es la pregunta que surge al instante. ¿Fatalidad, negligencia, imprevisión? El defensor de Sao Caetano, que cumplió 30 años el 19 del actual, habría tenido una arritmia cardíaca de origen congénito, según identificaron algunos integrantes del plantel. Y si bien las autoridades del club desmintieron esa información, el arquero Silvio Luiz asegura que una afección en el corazón le habría sido detectada en un chequeo este año.
"Todos nos hicimos exámenes y sé que a él le apareció algo. El riesgo de que le pasara algo era del 1 % y, desgraciadamente, sucedió", explicó el arquero. "El médico dijo que no era nada grave. Su riesgo era mínimo", confirmó su compañero Anderson Lima.
El presidente del club, Nairo Ferreira de Souza, negó esa versión. "Serginho estaba apto para jugar. No tenía ningún problema del corazón."
La controversia en este caso surge por dos niveles. El primero es que, si Serginho sí tenía una arritmia, debieron impedir que continuara con su carrera. "Dependiendo de la gravedad de la arritmia, no es recomendable ningún tipo de actividad física, mucho menos ser futbolista, por el riesgo de un paro cardíaco. Cualquier jugador que sufra de arritmia tiene un riesgo de muerte bastante más elevado que el de un atleta común", explicó el doctor Turibio Leite de Barros, del Centro de Estudios de Medicina del Deporte de San Pablo. Y varios colegas y allegados coincidieron con el análisis.
"Como mínimo, hubo negligencia de parte de quien estaba al frente de Sao Caetano. Es inadmisible", reflexionó Mario Sergio, ex entrenador de ese equipo.
El otro punto de discusión se generó respecto de la preparación que tienen los equipos y los estadios para responder a estas situaciones. Anteayer, con apenas un par de horas de diferencia, una historia similar terminó con un respiro de tranquilidad, con una vida salvada. En Inglaterra, el senegalés Khalilou Fadiga se desvaneció mientras hacía los ejercicios precompetitivos para el partido que su equipo, Bolton, iba a jugar con Tottenham. En los vestuarios fue reanimado con un desfribilador; pasó la noche en un hospital y ayer fue dado de alta.
A Fadiga, figura del seleccionado de su país que sorprendió en el Mundial de 2002, se le detectó una arritmia cardíaca en julio de 2003 y fue operado del corazón en mayo último. "Considerando sus antecedentes, debemos ser muy prudentes", dijo el DT de Bolton, Sam Allardyce.
La ventaja que tuvo el senegalés fue la presencia del desfribilador, un aparato que permite, mediante un shock eléctrico, hacer que el corazón vuelva a funcionar con normalidad, al menos en la mayoría de los casos. "El uso de los desfribiladores automáticos externos (DAE) en eventos deportivos masivos posibilitaría la resucitación casi inmediata en muchos casos. Los DAE son seguros y pueden ser usados con un entrenamiento básico por quienes no posean conocimientos médicos", comentó a LA NACION el doctor Héctor Kunik.
Mientras tanto, el estupor y la polémica continúan en Brasil, por la muerte de este defensor recio, pero respetado, que vivió toda la época de esplendor de Sao Caetano. El partido de anteanoche seguirá el miércoles próximo. El dolor, claro, no habrá pasado, pero la vida debe continuar.


