El gran desafío de los Pumas: sortear la falta de experiencia

El equipo argentino llega al encuentro del domingo con Irlanda, por los cuartos de final, con un plantel que en su gran mayoría nunca protagonizó partidos de esta trascendencia
Alejo Miranda
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14 de octubre de 2015  • 00:07

CARDIFF, Gales.– El proceso de Daniel Hourcade al frente de los Pumas comenzó, de facto, en junio de 2014, con dos partidos ante Irlanda. Aquella vez, sin los jugadores que actuaban en Europa, los Pumas sorprendieron al vigente campeón del Seis Naciones con un juego agresivo y osado, que sería la insignia de toda la campaña del entrenador tucumano. No alcanzó para ganar, pero sí marcó la tónica de lo que vendría: priorizar el juego por sobre el resultado. Así se perdió ocho partidos seguidos, pero quedaron sentados los cimientos que más tarde acuñarían un puñado de victorias. Este domingo, Irlanda volverá a cruzarse en el camino de los Pumas, en el partido más importante de este ciclo y el más esperado desde que se sorteó el programa del Mundial, en diciembre de 2012. En esta ocasión importará sólo el resultado. Es ganar o volver a casa, una presión a la que la gran mayoría de los jugadores de este plantel nunca estuvo expuesta.

De los 30 jugadores que están a disposición de Hourcade, apenas cinco estuvieron en una posición similar: Juan Martín Fernández Lobbe, Juan Martín Hernández, Marcos Ayerza, Horacio Agulla y Juan Manuel Leguizamón, que fueron partícipes en el tercer puesto alcanzado en Francia 2007, la única vez que los Pumas pasaron a una semifinal. Algunos más estuvieron en los cuartos de final de 2011, contra Nueva Zelanda, lo que no sirve como parangón, ya que los jugadores llegaron hechos por haber pasado de rueda: Leguizamón, Agulla, Leonardo Senatore y Marcelo Bosch fueron titulares, y Ayerza, Agustín Creevy, Lucas González Amorosino y Juan Imhoff ingresaron desde el banco de suplentes. Esta vez, en cambio, tienen más hambre y la confianza que implica saber que pueden ganar.

26,5 años de edad promedia el plantel argentino, contra 28,2 que presenta el de Irlanda

La influencia de los Pumas de Bronce, tanto durante el partido como en esta semana previa, es decisiva. "Están muy bien los más grandes, nos transmiten toda su experiencia y nos dicen palabras muy sabias", contó Imhoff. "Nos transmiten que hay que saber disfrutar estos momentos pero con el respeto y el criterio que merecen, y disfrutar el hecho de soportar los dolores y la presión que imprime el rugby físico de hoy en día", añadió el wing.

La Argentina llega con la experiencia de haber jugado cuatro años seguidos contra los mejores del planeta en el Rugby Championship, pero por encumbrados que hayan sido los rivales, no es lo mismo jugar un test-match que un cuarto de final de un mundial. Martín Landajo, por ejemplo, juagará su partido número 51 en el seleccionado y, pese a su juventud, es el sexto en presencias. Así y todo, nunca estuvo ante tamaño desafío: "Es el partido más importante de mi vida", admitió el medio-scrum, y agregó: "Desde hace cuatro años estoy en los Pumas y sueño con este Mundial". Ni que hablar, entonces, de la camada de rugbiers Sub 22 que promovió Hourcade y que no tienen más de un año y medio en el grupo: Santiago Cordero, Pablo Matera, Facundo Isa, Guido Petti , Lucas Noguera Paz y Julián Montoya.

Hourcade dirigió a los Pumas en 23 test-matches: ganó ocho y perdió 15

En ese sentido, la baja de Marcelo Bosch -fue suspendido una semana y se perderá el partido ante Irlanda- no hace más que reducir aun más la columna vertebral del equipo. Y es poco probable que Leguizamón se recupere a tiempo de su desgarro.

Una situación similar a la que ocurrirá el domingo desde las 9 de nuestro país se vivió en la segunda fecha, frente a Georgia. "Ganamos o nos volvemos a casa", dijo Fernández Lobbe. Cierto, pero relativo. Los Pumas eran amplios favoritos y no fue sino hasta el entretiempo cuando se sacaron esa presión autoimpuesta, se soltaron y jugaron los mejores 40 minutos del ciclo.

Irlanda, en cambio, está acostumbrado a jugar partidos decisivos. Aunque carga con el karma de no haberse metido jamás entre los cuatro mejores de un Mundial y el antecedente de 2011 de finalizar primero en su zona (como esta vez) y aun así caer en cuartos, es el vigente bicampeón del Seis Naciones, con campañas que incluyeron victorias como la de 2014 sobre Francia en St. Denis para asegurarse el título.

También ante Francia, pero apenas tres días atrás, Irlanda demostró tener un componente extra a su ya aceitado sistema de juego: el público. El Millennium, de esta ciudad, escenario del choque del domingo próximo, estuvo cubierto de camisetas verdes que alentaron durante todo el partido. Eso, amplificado por la acústica propia del estadio y el techo cerrado, será otro factor que puede meterse a la cabeza de los más chicos.

Irlanda además demostró frente a Italia y Francia una capacidad asombrosa de adueñarse del cierre del juego. ¿Cómo responderán los jóvenes argentinos en los últimos minutos si el desarrollo y el tanteador son equilibrados? Siete de las 13 derrotas del ciclo de Hourcade fueron por 10 puntos o menos de diferencia, y cuatro de ellas se resolvieron en los últimos 10 minutos. Los triunfos tuvieron matices distintos: contra Australia se revirtió un 0-14 y se cerró con autoridad (21-17); ante Francia (18-13) y Sudáfrica (37-25) se sacó una buena ventaja inicial y se terminó a puro tackle. En los encuentros en los que se mostró reacción, ésta no alcanzó para ganar, y el triunfo sobre Australia en Mendoza fue el único con una remontada.

Situaciones adversas que sirvieron como experiencia. Si fueron suficientes para que el equipo adquiriera la maduración necesaria o no, es algo que se verá el domingo, cuando en la cancha sean 15 contra 15 y los antecedentes queden en un segundo plano.

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