Lo que buscan los Jaguares en Sudáfrica: ante todo, inspiración

El equipo argentino, que el sábado se medirá con Lions en Johannesburgo, valora el roce obtenido ante las potencias, pero apuesta por una victoria
Crédito: UAR
El equipo argentino, que el sábado se medirá con Lions en Johannesburgo, valora el roce obtenido ante las potencias, pero apuesta por una victoria
Ariel Ruya
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17 de mayo de 2016  • 23:45

JOHANNESBURGO.– Es una fotografía de la inspiración. En un colegio cualquiera, un partido cualquiera de rugby, entre pibes de 12, 13 años. Blancos y morenos, ojos azules y ojos negros. Zapatillas de afamada marca americana, unos. Calzado de imitación doméstica, otros. De pronto, un golpazo, de los tantos que provoca el deporte de los moretones. Tendido sobre el césped, el rubio mira el cielo, inmóvil. El adversario, enemigo irreconciliable en otro tiempo, dientes enormes, sonrisa de bebe, le ofrece sus brazos extendidos, lo levanta, lo protege de frente a su torso, inmenso para su edad. Nada sugestivo en otras tierras: los amigos, los compañeros, los rivales, suelen ser cómplices de estos gestos en el juego del deporte. En Sudáfrica, en cambio, se ofrece como un símbolo. Detrás del legado de Nelson Mandela, soplan otros vientos, archivada en las leyes –no tan así en las calles, en el día a día– la insolente discriminación. Hay mucho por hacer todavía: en esta ciudad, la más poblada y grande de una nación rica en minerales, el 73 por ciento subsiste en los órdenes del bajo fondo tercermundista. Los negros.

La desocupación alcanza el 37 por ciento de los residentes de la capital sin documento. De ellos, el 91 pertenece a la raza de color. Falta un largo recorrido para disfrutar, en la práctica, los mismos derechos. Años, décadas. Los Jaguares, la franquicia argentina en la primera experiencia en el Super Rugby , de algún modo, entienden el mismo lenguaje. La experiencia, el roce internacional, la picardía, la potencia, no se consiguen de un día para el otro. Lleva tiempo aprender el idioma de los mejores. Equilibrar la balanza. En un país que reivindica la inspiración en pequeños gestos de nobleza, el grupo argentino busca descubrir la plataforma del relanzamiento. Se trata de su última gira en el exterior. Y ya no da lo mismo ganar o perder. El mensaje es parecido al de los chicos del relato: extender las manos para llegar más alto, aunque en el camino sigan brotando heridas.

"Estamos cansados de las derrotas dignas. Siempre tratamos de ir para adelante y nuestros rivales aprovechan que dejamos espacios, utilizan muy bien la presión con el pie. Hay que jugar con la máxima intensidad los 80 minutos. A veces, nos lleva la euforia cuando vamos ganando y nos relajamos. Hay que refrescar la cabeza, no querer hacer cosas que no podemos", reflexiona Emiliano Boffelli . Matías Alemanno piensa en la misma dirección. "La gira va a ser durísima. Lions está jugando muy bien, nos van a tratar de atacar por todos lados. Los tres cuartos son buenísimos. Hay que ganar y mejorar el nivel de juego. Nos propusimos ser mejores y en la búsqueda aparecen nuevos errores. Los resultados van a llegar, no tengo dudas. Debemos mantener la actitud y la concentración", suscribe.

El siguiente adversario será Lions, el sábado próximo, en el mítico Ellis Park. Es un equipo valiente, derriba muros, veloz, con atajos sorprendentes hacia el in goal. "Tenemos que mejorar la disciplina, sufrimos mucho con las imprecisiones. Y seguir con la idea de proponer. Tenemos que acostumbrarnos a ganar y respetar nuestra nueva filosofía, eso lleva tiempo. No se da de un día para el otro", asume Joaquín Tuculet .

Un sudafricano, Stuart Berry, será el árbitro del próximo desafío. Algo imposible de aceptar, por ejemplo, en el universo futbolero: que sean de la misma nacionalidad el juez y el equipo local. Es algo habitual: otro sudafricano, Marius Van der Westhuizen, dirigió el polémico choque contra Sharks, en la derrota por 25-22. Más allá de las sanciones a Agustín Creevy y Leonardo Senatore, hubo deslices polémicos que en otros campos habrían provocado la ira. Tuculet resume el espíritu de su deporte. "De chiquito me enseñaron que hay que respetar a la autoridad. Se pueden equivocar, pero no puedo acusarlos de intencionalidad", advierte, entre pelotas que vuelan hacia atrás y hombres que aterrizan hacia adelante. Los Jaguares aprendieron la lección: hace tiempo que no da lo mismo el triunfo o la derrota. Mantener la nueva ideología en el concierto con los más peligrosos es la apuesta. En Sudáfrica hay huellas para esa inspiración.

Debemos mejorar… la paciencia, no tenemos que apurarnos para atacar, hay que ser más cerebrales. Encontrar el momento justo. Y no ser infantiles, no darles penales a nuestros rivales. Todos nos facturan. Son detalles que a este nivel nos complican (Matías Alemanno, segunda línea)

Hay que ser mejores en disciplina, no darle tantas ventajas al rival. Creo que estamos mejor en defensa, pero todavía faltan muchos detalles. Y en el ataque debemos ser más prácticos, más punzantes. El Super Rugby es un mundo nuevo para nosotros, seguimos aprendiendo (Joaquín Tuculet, fullback)

Por: Ariel Ruya
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