

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
MENDOZA.– Campera por las rodillas, mangas que sólo dejan ver las puntitas de los dedos y jogging arremangado, con ruedo. A Francisco Albarracín, de 19 años, la ropa deportiva de los Pumas le queda grande, no hay talle que le quede bien. Pero sólo es una cuestión de indumentaria. Su capacidad técnica, su entrega y su liderazgo hacen que sea un Puma de pura cepa, aun sin haber debutado en el seleccionado mayor, pero demostrando en las escalas previas –juveniles y juniors– sus mejores virtudes.
Con dos mundiales menores de 19 años en sus espaldas, Albarracín, medio scrum de La Plata, fue el capitán del equipo argentino Sub 21 que finalizó 5º en la Copa del Mundo de la categoría que se disputó en esta ciudad.
Su conformismo por el posicionamiento final de la Argentina es evidente. Sin embargo, aún da vueltas esa incógnita de cómo no haber jugado las semifinales habiendo ganado cuatro de cinco partidos y sumado 11 puntos en la rueda clasificatoria.
"En este torneo, la Argentina le jugaba de igual a igual a cualquier equipo, no hubo diferencias con las potencias", opina Pancho, como lo conocen todos.
"Que Nueva Zelanda y Australia se hayan hecho 40 puntos cada uno no es normal; estoy seguro de que si jugaban la final terminaban 3 a 3. De todas maneras, no es excusa; nosotros no clasificamos porque perdimos por cinco puntos contra Australia, un equipazo que llegó a la final", dice el capitán sobre el encuentro que hundió las posibilidades argentinas de quedar entre los cuatro mejores.
En el plantel argentino hubo tres jugadores que tuvieron experiencia en los Pumas. Ellos son: Agustín Creevy, de San Luis; Gonzalo Tiesi, del SIC, y Manuel Carizza, flamante jugador del Biarritz francés.
"Los tres están un paso arriba de todo el grupo, se nota; ya son tipos de la elite del rugby", cuenta Albarracín, que practica rugby desde los cuatro años y es estudiante de Comunicación Social.
Durante el Mundial la producción del equipo fue sobresaliente, más allá del digno quinto puesto. Se jugó en un gran nivel y muchos chicos demostraron que son el futuro de los Pumas y del rugby nacional.
"Esta es una camada especial, un grupo extraordinario; estoy seguro de que muchos de acá llegarán a los Pumas, cuentan con ese plus de potenciarse ante la adversidad; a mí, personalmente por ahora no me desvela llegar al seleccionado mayor, pero el futuro está garantizado", confiesa Pancho. Similar es el pensamiento de Eduardo Fernández Gil y Eduardo Viazzo, los entrenadores.
Por el lobby del hotel Aconcagua los curiosos van y vienen. En la última jornada trascendió que un empresario del rugby acercó varias ofertas para algunos rugbiers argentinos. Los destinos serían Italia o algún combinado juvenil de los principales equipos franceses.
"En este grupo todos están capacitados para jugar en el exterior; quien levante la mano y quiera irse, se va, las ofertas existen. Yo prefiero jugar un tiempo más en la Primera de mi club, no quiero saltear etapas", expresa el capitán.
Después de un paseo por el centro de esta ciudad, Albarracín vuelve al búnker argentino. Como sucedió durante los 20 días que duró el torneo, decenas de chicos se agolparon en la puerta del hotel a la espera de un autógrafo o una foto. Al líder los cachetes se le ponen rojizos y su mano comienza a temblar. Se ríe ante cada foto y se sorprende ante cada firma.
"El cariño de la gente es excesivo, estoy seguro de que nunca más voy a firmar un autógrafo; hacer el Mundial en el país fue impresionante. Llamás por teléfono a tu casa por dos pesos, no tenés problemas con el idioma y recibís constantemente el apoyo del público. Ojalá que se repita."
