La encrucijada que desvela a Fedra Sambrán: apostar a las carreras de calle o volcarse a la pista

Fedra en acción en una competencia en el Cenard
Fedra en acción en una competencia en el Cenard
La atleta de 21 años se entrena con Luis Migueles y, en sólo cinco meses, ya se ubica primera en el ránking metropolitano de 3000 metros llanos, aunque ella se siente más cómoda en las carreras callejeras; “a mi entrenador lo conocí por Instagram”, afirma
Federico Sánchez Parodi
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27 de diciembre de 2016  • 16:18

Su nombre llama la atención. Fedra, tal como la princesa de la mitología griega, hizo toda la vida deportes y hoy viste con orgullo los colores del Migueles Team, donde brilla en las pistas de atletismo y en las carreras de calle.

Fedra Luna Sambrán, tal como figura en su DNI, tiene apenas 21 años y hace cinco meses que empezó a correr “seriamente”, pero ya figura como la mejor en el ránking de 3000 metros del área metropolitana, superando incluso a atletas reconocidas de la talla de la legendaria y aún vigente Karina Fuentealba.

Durante varios años entrenó natación con un alto nivel de exigencia en la preparación, aunque casi ni competía. En 2013 dejó de nadar y solamente se enfocó en los libros. Estudia desde ese entonces Comercio Exterior en La Cámara Argentina de Comercio. Sin embargo, siempre sintió que le faltaba algo. Fue al gimnasio por un tiempo, pero llegó a tener el mismo comportamiento de muchos: pagaba la cuota pero no iba. “Me aburría”, responde con una sonrisa, hasta que de a poco empezó a correr. Lo hacía sin obligaciones, “para despejar la mente y disfrutar del paisaje”. Los lagos de Palermo y del Rosedal eran parte del recorrido de lo que se convirtió en su nueva geografía.

De a poco, Fedra se cansó de correr sola y empezó a buscar un grupo. En junio de 2016 comenzó con “rutinas a distancia”, hasta que sufrió una lesión en su rodilla izquierda. El traspaso de la natación al rebote en el asfalto le pasó factura y, en su recuperación, debió enfocarse en aspectos básicos del atletismo, como la técnica de la carrera o postura, entre otros aspectos. Así fue como terminó por contactarse con Luis Migueles, el récord argentino de 800 y 1000 metros desde 1986. “Buscaba un grupo de entrenamiento, no quería correr más sola y en instagram encontré a Luis, que entrenaba en el Rosedal, justo cerca de donde vivía, y al toque arreglamos para empezar”, recuerda.

De a poco, Fedra comenzó a adaptarse a entrenar rodeada de compañeros. “El grupo me incluyó rápido y me sentí cómoda. Hay frases que remarco porque se escuchan muy seguido entre nosotros, como ‘Si quieres ir rápido ve sólo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado", remarca, aunque no niega que también le encanta hacer algunos fondos en soledad. “Me encuentro a mí misma, reflexiono, pienso en la técnica, proyecto…es mi momento”, explica.

Su juventud la lleva a responder con frescura, sonriente, y sin vueltas. Quienes la conocen explican que cuando corre, mejor dicho cuando compite, algo se transforma en ella. “Cuando me vi en lo más alto del ránking de 3000 metros de la FAM (Federación Atlética Metropolitana) no lo podía creer, es un honor, pero también una responsabilidad, sabiendo que debo aprender mucho y pulir varios aspectos. Hay un largo camino por recorrer y lo tengo bien claro, ¡esto recién empieza!”, cuenta henchida de orgullo.

Un vídeo publicado por Fedra, Luna Sambrán. (@fedra.ls) el

Mundos paralelos

Nacida en Monte Grande, sus entrenamientos van de lunes a sábados, con el domingo libre. Lunes y miércoles trabaja en la pista en el Cenard, mientras que martes y jueves se enfoca en la técnica de carrera en el Rosedal. Además, martes o jueves y viernes fondea, mientras que los sábados son días de cuestas. Por el momento no figuran ejercicios en el gimnasio de musculación ni dobles turnos.

Pero eso no es todo. De lunes a viernes estudia por la mañana, concluyendo el tercer año de Facultad recién en julio próximo (le restaría uno).

Y, además, para costearse sus propios gastos, da clases particulares a chicos de primaria en conjunto con una psicopedagoga tres veces a la semana.

En los 10k de Bimbo quedó 4° en la general damas y 3° en la categoría 20-29 años
En los 10k de Bimbo quedó 4° en la general damas y 3° en la categoría 20-29 años Fuente: LA NACION

¿Calle o pista?

A la hora de elegir los desafíos, Fedra duda antes de responder, no por no saber la respuesta, sino que antes piensa en Migueles, su entrenador y motivador. “Espero que mi entrenador no lea esto”, estalla a carcajadas, y acota: “Me siento más libre al correr en calle, no me fue mal en pista, pero me gusta más el otro tipo de pruebas. Me gusta correr en la calle, me siento realmente libre y sin ataduras además de que me gusta ir corriendo mientras disfruto del paisaje. En estos meses estuve en tres carreras de pista y no me desagradó, pero sin dudas prefiero y me siento más a gusto en calle, por más que sepa que la pista es el lugar para formarme y crecer como atletas. Eso lo entiendo, pero gustos son gustos".

Un vídeo publicado por Fedra, Luna Sambrán. (@fedra.ls) el

Por el momento, la atleta piensa en seguir acostumbrándose a correr, mejorar la técnica y el equilibrio, dejar atrás las lesiones y fortalecer sus músculos. “En breve empiezo el gimnasio”, adelanta. "

Ahora, con mucho por hacer, ella sabe que debe seguir incorporando conocimientos y mejorando.

“Recuerdo el primer día que pisé la pista para tener mi primer entrenamiento, ¡sufrí pánico escénico! Pero mis compañeros en eso tuvieron un gran rol, me incluyeron y me hicieron sentir muy cómoda”, agrega.

En sus primeros 10.000 metros llanos sólo ella sabe lo que vivió (o, mejor dicho, sufrió). Los minutos previos a la largada fueron eternos, pero la adrenalina empezó a hacerle efecto. Giró su cabeza y ver a la madre y a su novio en las tribunas la calmó. El equipo estaba alrededor. Todos le eran incondicionales y ahí se sintió segura. No necesitaba más, simplemente que señalen el momento de la largada y correr…

Paciencia, perseverancia y constancia…

De pequeña, tres veces a la semana tenía actividad física en el colegio. “No veía la hora de subirme al colectivo que nos llevaba al campo de deportes, en Ezeiza. Eran mis días preferidos”, rememora. Hockey, salto en largo y alto, lanzamientos, carreras, natación, vóley y handball eran los deportes por los que pasaba. Además, le gustaba practicar patinaje artístico.

Al volver a casa, eludía la bicicleta o las zapatillas de running tiradas en el suelo, o miraba por la ventana el traje de neoprene colgado. Su padre practicaba triatlón y el deporte la rodeaba.

Desde junio a hoy no suma 10 carreras. “Siento que a todas las gané desde que me paré en la línea de largada hasta que crucé la meta”.

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