Luján Urrutia: "Me veo en desventaja con las demás corredoras de Buenos Aires"

Maratón de Rosario 2016, una carrera contra el clima
Maratón de Rosario 2016, una carrera contra el clima Crédito: Facebook Luján Urrutia
La tandilense, ganadora del campeonato Nacional de Maratón 2016, se enfoca en esa distancia y a pesar de tener una sola prueba hecha en la distancia, sueña con aprovechar la marca y estar dentro de cuatro años en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020
Federico Sánchez Parodi
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17 de enero de 2017  • 18:27

“Mirá que no me gustan las notas, te va a costar esta entrevista”, advierte Luján Urrutia antes de empezar la charla con LNCorre. Acepta un mate, hace una pausa, respira hondo y da luz verde para comenzar.

Da toda la sensación de entrar en confianza, de sentirse protegida y por eso, con un movimiento de hombres, se afloja. Luján es una mezcla de perfil bajo y humildad. La vigente campeona nacional de Maratón (título obtenido en los 42k de Rosario con un tiempo de 2h48m34s) prefiere evitar al periodismo. No porque le tema sino porque dice que no tiene nada importante para contar. Si bien no le da mucha importancia a las redes sociales, no se despega de su celular. Luján está pendiente de algún mensaje de su hija Abigail, de 8 años.

La atleta de Tandil viene de ser tercera en la Corrida de San Fernando (detrás de la brasilera María Ferreis y María Luz Tesuri, recorriendo los 10k en 36m08s). Además, acumula cuatro victorias consecutivas en la Tandilia, la más tradicional competencia de su ciudad que se compone de 11.111 metros y ya tiene 44 ediciones. Primera desde 2013 (un año antes había triunfado la marplatense Marita Peralta) y de las 16 pruebas en las que corrió en el 2016, se impuso en 14.

Rosario 2016
Rosario 2016 Crédito: Facebook Luján Urrutia

Los números la ayudan a hablar poco, tal vez más de lo que quisiera. Los números, sus números, la blindan deportivamente, pero el rendimiento de la atleta de 30 años queda expuesto para propios y extraños.

Inicios

Luján comenzó a correr a los 15 años. En el colegio alentaron a los chicos a correr la Tandilia, y ella, solamente con una preparación básica, se impuso en su categoría. Del triunfo se enteró una semana después, cuando la llamaron para retirar el premio.

Durante un par de años, la pista fue su lugar donde compitió 3000 metros llanos y 3000 metros con obstáculos.

La pista de Tandil
La pista de Tandil Crédito: Facebook Luján Urrutia

A pesar de tener buenos resultados, no duró mucho tiempo y dejó. Fue madre de joven y recién hace casi cinco años decidió volver al ruedo. “Pasaba un mal momento en lo personal y necesitaba correr otra vez. Tomé la decisión y acá estoy, en parte gracias a mi familia, que siempre me apoya y me cuida a mi hija cuando voy a entrenar”, reconoce.

De a poco se reencontró con un estímulo en la competencia. “Siento al atletismo como un compromiso, el de mejorar lo que hacés día a día, hacer las cosas bien para superarse a uno mismo”, cuenta.

Marita Peralta afirma que al volver a la actividad tras ser mamá se sentía más madura, más fuerte. En cambio, Luján no lo aplica. "Pasaron 5 años desde que fui mamá al día que volví a correr. Por eso no puedo decir que ser madre me cambió en el rendimiento", dice.

Un nuevo camino

"Suena raro que diga esto teniendo una sola maratón hecha, pero los 42k es hoy la distancia que quiero correr, porque me siento cómoda”, afirma Urrutia, con una sonrisa que se le dibuja al rememorar su sorprendente triunfo en Rosario, que le permitió ser campeona nacional en dicha distancia.

El hecho de que tuviera viento en contra y corriera bajo una intensa lluvia la frenó un poco, pero no logró desalentarla ni amilanarla. "Sé que no pude dar lo mejor de mí, pero me llamaron varios amigos para reconocer lo hecho”, afirma. A fines de junio de 2016, Rosario fue la sede del Campeonato Nacional de Maratón, con Karina Neipán como la gran candidata. La esquelense dominó casi toda la competencia, pero llegando al kilómetro 38 se produjo el hecho menos pensado. “Me la encontré casi por sorpresa. Nuestra estrategia planteada era correr toda la prueba a 4 minutos los mil [metros]. Largamos como nos lo habíamos propuesto y cuando la vi, pude pasarla y sentí que tenía resto para continuar a buen ritmo”, rememora. "Fue una linda sorpresa, en un día que no era el ideal para correr", agrega. El temporal que se desató sobre las calles rosarinas puso en jaque a la prueba, con muchos abandonos y casos de hipotermia derivados a las ambulancias. Se trató de uno de los maratones de calle más duros de los últimos años por el frío inclemente y la copiosa lluvia. Incluso, varios corredores optaron por no iniciar la prueba tras meses de preparación. "Jamás pensé en no largar. No era una opción. Había hecho mucho hasta ahí y quería correr. Me sentía plena. La preparación del maratón la disfruté muchísimo. Lleva un esfuerzo físico y mental muy duro”, expresa.

Fila Race 2016
Fila Race 2016 Crédito: Facebook Luján Urrutia

Ahora, junto con su entrenador Carlos Migueltorena está enfocada en buscar un 42k para abril. Su segundo maratón será en ese mes, pero resta elegir la prueba.

¿Santiago de Chile, La Pampa o Montevideo? Son algunas de las opciones sobre las que cavila Urrutia. "Aún no nos decidimos. Estamos a tiempo, mientras sigo con la puesta a punto", sostiene.

“Para este año tengo pensado correr dos maratones, y la idea es acercarnos lo más posible a la marca del Mundial (2h39m para las mujeres argentinas, mientras que la IAAF sugiere 2h42m), pero no me desespera. Mi objetivo es en cuatro años, ese es el sueño, quiero ir a Tokio 2020”, confiesa. con un dejo de vergüenza, aunque con convencida de lo que afirma.

Aunque debe bajar su tiempo en casi 10 minutos, Luján baja la cabeza, piensa la respuesta antes de contestar, se toma su tiempo, y agrega: “Me quedan cuatro años por delante para mejorar, pero sé que estoy por el buen camino. Esto es largo. Soñar es bueno. Hacerlo con los pies sobre la tierra es mejor. Voy paso a paso”.

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. Crédito: Facebook Luján Urrutia

Esfuerzo, sacrificio y confianza

El tener un objetivo grande implica al mismo tiempo, un esfuerzo importante. Urrutia lo vive en carne propia. Se levanta temprano para el primer turno, luego va a trabajar y más tarde comparte un rato con su hija, para terminar el día con el segundo entrenamiento. “A veces se complica, pero no bajo los brazos. Pasa que cuando mi hija me pide de ir a la plaza, ¿cómo decirle que no? Imposible. Y eso que te quedan kilómetros por delante antes de terminar el día”, explica.

“En Tandil hay muchas empresas o personas que ayudan, pero no hay marcas que se acerquen. Tampoco soy de buscar sponsors. No vivo de esto, tengo mi trabajo, por eso lo disfruto y no salgo a buscar la plata en las carreras. Cuando busco las carreras, las elijo para mi mejora y no por los premios”, dispara sobre un tema sensible en la Argentina, donde sobran los ejemplos de atletas con condiciones que optan, algunos por necesidad y otros por elección, por correr casi todos los fines de semana en pos de sostenerse económicamente.

Asimismo, inevitablemente surge la comparación con otras atletas de elite. Y Luján se sincera: "Cuando veo a las demás corredoras de Buenos Aires en la largada de una carrera, me veo en desventaja. Muchas de ellas tienen sponsors y pueden dedicarse por completo a entrenar y descansar. Tienen una vida dedicada al atletismo. En cambio, a mí me toca levantarme, entrenar, trabajar, cuidar a mi hija y completar el doble turno. Son realidades diferentes. Ni mejores ni peores: realidades opuestas".

En una ciudad llena de sierras y lomas, el trail no es un desafío que le llame la atención. “Nunca pensé en hacerlo. Hoy mi entrenador quiere hacer pista o calle y yo prefiero la última opción. Hoy entro una pista y me aburro, aunque sé que ahí está parte de la mejora. Por eso un par de torneos por año termino yendo”.

La conversación se extiende más de lo esperado. La propia Luján se sorprende, se ríe y antes de irse lanza: "Te lo dije: no me gustan las entrevistas". Se equivoca Urrutia. Esta vez se equivoca. Dijo mucho, más de lo que seguramente esperaba.

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