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Comencemos por mencionar que el hecho de tener una estrategia es lo más importante. Sin dudas, es una de las claves para llegar a buen puerto. Sobre todo, para los corredores amateurs.
Cuando se participa en una carrera tan larga como un maratón, un medio maratón o, incluso, un ultramaratón, se debe tener un plan de carrera para que nos ayude con la concentración, para no sacarnos de foco y perecer en el intento.
Algo que puede resultar de gran ayuda durante la carrera es dividir la misma en secciones y objetivos. Eso nos dará una referencia a la cual aferrarnos cuando la cosa se ponga difícil. Es decir, en los kilómetros finales.
Las dos estrategias más comunes para marcar el ritmo de carrera es comenzar a un ritmo lento y guardar fuerzas para terminar más rápido, o bien, comenzar a un ritmo rápido y terminar con uno más lento. Ambas tienen sus ventajas y riesgos en lo físico y lo psicológico.
Los corredores menos experimentados suelen comenzar la carrera con un ritmo demasiado optimista y en la segunda mitad tienen que bajar el ritmo considerablemente, sin, siquiera, haber llegado al denominado muro que suele aparecer después del km 30.
Así que el riesgo de comenzar demasiado rápido radica en que se podría terminar la última parte de la carrera caminando o en que ni siquiera se pueda terminar y hay que abandonar. Cosa no recomendable, pero que sucede en muchos casos.
Entonces parecería, a priori, que es más seguro seguir una estrategia opuesta. Esto es, comenzar a un ritmo lento y más precavido y terminar, si el cuerpo y la mente nos dejan, a uno más rápido. No obstante, así se corre el riesgo de acelerar demasiado tarde y no lograr el mejor resultado posible. Aunque, el tiempo final en una carrera larga es muy oscilante y variable.
Correr a un ritmo controlado a lo largo de toda la carrera tiene varias ventajas:
1. En primer lugar, es una estrategia sencilla que requiere concentrarse en una sola cosa: tu ritmo, sólo tu ritmo. Sos vos y TU carrera. Nada más debe molestarte.
2. Otra ventaja de correr la carrera a ritmo constante es que se puede entrenar para ello. Controlar el ritmo es una habilidad que se puede aprender. Sobre todo a lo largo de un entrenamiento para correr distancias largas uno aprende a evaluar su estado físico y a mantener el ritmo aunque se esté cansado. Se trata de una habilidad clave para la última parte de la carrera en la que se vuelve más difícil mantener el ritmo porque ya tenés km y km bajo el lomo y es un momento en el que sólo querés llegar.
3. Por otra parte, si alrededor del kilómetro 30 te sentís bien de piernas podrías evaluar la idea de aumentar el ritmo ligeramente. En ese punto, también empezarás a pasar a corredores que comenzaron demasiado rápido y, ahora, eso les está pasando una durísima factura física y mental. El dejar atrás a otros competidores definitivamente te dará un extra de motivación, justo cuando más lo necesitas. Justo cuando la meta está ahí, tan cerca.


