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KATMANDÚ (AFP) -Mira Rai pasó su infancia entre las milicias de la guerrilla maoísta en Nepal, donde aprendió el manejo de las armas, así como a desarmar a sus adversarios, y sobre todo a correr a toda velocidad por las montañas. La pequeña Mira jamás sospechó que esas ocupaciones impropias de una niña le servirían para convertirse un día en una de las mejores atletas del ultrafondo del mundo. "Es un sueño que supera todo lo que hubiera podido imaginar. Yo sólo era una pequeña aldeana", confiesa.
Hija de un campesino pobre, sólo tenía 14 años cuando huyó del hogar familiar para combatir con los rebeldes maoístas que pretendían derrocar al gobierno. "En nuestra sociedad las chicas deben comportarse de una cierta manera. Yo no quería ser limitada así", dice Mira, que hoy tiene 26 años.
Ella detestaba la obediencia que le exigía la sociedad patriarcal nepalí, por lo que se sintió atraída por los llamamientos a la revolución. "Los maoístas ofrecían oportunidades a las mujeres, nos trataban de igual a igual. Me di cuenta de que las mujeres podían luchar como los hombres, ser valientes. Con ellos adquirí confianza en mí misma", explicó. Así, practicó con armas de fuego y participó con otros guerrilleros en carreras destinadas a aumentar su resistencia. "Lo hacía bien, corría más rápido que los chicos", recuerda.

Ocho años después, Mira figura entre las mejores corredoras en ultrafondo, distancias superiores a la tradicional maratón. En junio pasado batió el récord de los 80 kilómetros del Mont Blanc, en Chamonix, en los Alpes franceses, terminando 22 minutos antes que su inmediata perseguidora.
Sin embargo, en el año 2006 Mira Rai se encontraba desconcertada sobre su futuro. La revolución maoísta finalizó luego de diez años, y al igual que muchos otros 'soldados', ella se encontró sin medios de subsistencia y sin objetivos personales y profesionales.
Se mostró dispuesta a trabajar como empleada de una fábrica de electrónica en Malasia, cuando un instructor de karate de Katmandú, Dhurba Bikram Malla, reparó en sus cualidades atléticas, y la convenció para que permaneciese en Nepal.
Fue así como comenzó a entrenarse. Al principio, detestaba correr por las calles atascadas de peatones y coches de la capital, pero no disponía de las 15 rupias que costaba el boleto de ómnibus hasta el estadio más próximo. "Era muy aplicada, le decíamos que hiciera cualquier cosa y ella la hacía. Es muy rápida y parece que no se cansa nunca", cuenta Dhurba Bikram Malla.
Mira comenzó a competir en marzo de 2014, cuando recorrió 50 kilómetros entre las montañas que conforman el valle de Katmandou. Vestida con una camiseta de poca calidad y con unas zapatillas de cuatro dólares, corrió sin descanso durante cuatro horas antes de quedar extenuada y verse obligada a parar. "Pedí prestado el dinero justo para comprarme un jugo y unos tallarines, y volví a correr", cuenta. Así ganó su primera carrera, con dinero en premios, lo suficiente para adquirir un nuevo calzado.
Desde entonces ha ganado un gran número de carreras, con medalla de oro en 13 competiciones nacionales e internacionales sobre 20 pruebas de ultrafondo disputadas, entre ellas el prestigioso Degli Eroi de Italia (83 kilómetros). Aunque fue su victoria en Chamonix la que la catapultó a la segunda plaza de la categoría femenina de las Skyrunners World Series, disputadas en los cinco continentes.
Nepal es considerado un terreno que se ajusta a las características de este deporte. Pero las carreras son escasas en el montañoso estado del Himalaya, en el que tiene lugar la maratón a mayor altitud del mundo.
Tanto Rai como Samir Tamang son apoyados por la organización Trail Running Nepal, que les proporciona patrocinador, algo no siempre fácil en Nepal. "Es casi imposible. Para que el deporte progrese aquí se deben organizar más carreras; si progresa será más sencillo encontrar patrocinadores", dice el fundador de Trail Running Nepal, Richard Bull.
Rai es actualmente patrocinada por Salomon. Recientemente ganó 1500 dólares de premio, lo que supone el doble de los ingresos medios anuales de un nepalí.
Ella afirma con modestia: "Tuve la suerte de tener una oportunidad. Quiero ser fuente de inspiración para otras mujeres, decirles que nada es imposible cuando se trabaja duro. Debe haber más Mira Rai en Nepal".
