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Si en los años 80 e incluso en los 90, los manuales de atletismo y los grandes entrenadores afirmaban que correr dos maratones por temporada resultaba casi una acción quimérica, esos papeles parecen haberse prendido fuego en los últimos cinco o diez años. ¿Más es mejor? Da toda la impresión de que el límite de los 42,195 km quedó chico para el corredor común. Pareciera que la inmensidad de una montaña, por caso, no es suficiente para encarar una prueba de ultradistancia. Basta con observar la cantidad de carreras que multiplican sus inscriptos en lo que respecta a sus exigencias más largas para asumir que se está frente a un fenómeno que se manifiesta en el running a nivel global. Y los corredores argentinos no están exentos de esta nueva manera de correr que los lleva a probar y a probarse que pueden superarse. "Es un fenómeno que no se puede negar. El corredor pide más kilómetros. El crecimiento de Patagonia Run fue del 30% respecto del año anterior", explica Mariano Álvarez, director de TMX Team y una de las cabezas que para esta edición 2015, la sexta, decidió ampliar el recorrido máximo a 120 km. "Este incremento permite hacer varias lecturas. Por un lado, el arraigo que se generó en el corredor local y del extranjero. Con 2500 inscriptos en sus seis distancias, el espectro se amplió a representantes de 25 países, y marca un nuevo récord en lo que es el concierto de carreras de ultradistancia non stop de América del Sur. Y, por el otro, si bien las pruebas de 10 a 42 km siguen siendo las más numerosas, son justamente las distancias mayores las que mostraron el crecimiento más sostenido, que rondó el 35%", agrega.
La misma visión plantea Susana Segurel. La corredora, de 52 años, en 2012 empezó a organizar competencias de ultradistancia en calle o pistas de 400 metros. Esta opción, acaso, es la que menos promoción tiene, pero también sufrió un incremento de participantes. "Es innegable que este fenómeno tiene mayor convocatoria en las pruebas de montaña. Pero desde que organizo carreras se nota un sensible aumento, que oscila aproximadamente el 25%", cuenta Segurel. Y añade: "Cada vez más gente quiere ir más allá. Es notable ver a corredores de calle que se vuelcan a nuestras carreras ".
Ambas visiones, la montaña y la calle, permiten esgrimir que los corredores ya asentados sobre una base de entrenamiento de varios años en las carreras hasta la maratón buscan nuevos horizontes en distancias mayores. Un hecho inocultable, pero que encierra ciertos riesgos y mitos.
"Es es un arma de doble filo porque cada vez más corredores quieren una zanahoria más grande. Cualquier cabeza dura puede hacer una ultramaratón, pero este discurso debe ser sincero. Hacerlo es embarcarse en un camino de ida que conlleva enormes sacrificios que involucran cambios de hábitos en todos los sentidos: alimentación, entrenamiento, descanso y vida social", explica el entrenador Germán De Grégori.

"La superación del hombre es imprescindible para poder vivir. Y las carreras de ultradistancia encierran, en sí mismas, riesgos para lograr esa superación. El peligro es algo inherente al ser humano. Está en su ADN", sostiene el Licenciado en psicología Juan José Grande (M.P. 12.124). Para el especialista en alto rendimiento deportivo, correr largas distancias comprende un doble desafío. Por un lado, seguir adelante ante el cansancio extremo y, por el otro, continuar para llegar a cruzar la meta. Actualmente, Grande trabaja con Leonardo Mayer, el tenista argentino que jugó el partido más largo de la historia de la Copa Davis. En medio de un estadio montado para la ocasión en Tecnópolis, el correntino no podía abandonar. Representaba a su país y de él dependía que la Argentina pudiera seguir con vida ante un marcador adverso frente a los brasileros. Tras 6h43m de maratónico match, Mayer doblegó a João Souza, pero quedó tan deshidratado que debió ser atendido por la urgencia médica. Lo que le sucedió a Mayer pone en evidencia algo que también se percibe en las competencias de ultradistancia. El abandono es mal visto. Por muchos, es considerado como un estigma que quedará para toda la vida. "La gente se piensa que cuanto más kilómetros hace más se engrandece. No es así. Este tipo de carreras te llevan a superar fronteras, tal vez, impensadas años atrás", resume Luciana Urioste. La reciente ganadora de los 80 km de The North Face, en San Martín de los Andes, y de los 120 km de Patagonia Run, en la misma ciudad, con apenas dos semanas de diferencia entre una carrera y la otra, traza un peligroso cuadro de situación: "Correr ultradistancia no se hace de un día para el otro. Y esto no se aplica solamente a los amateurs, sino que incluye a todos. Se hacen muy visibles los corredores que a simple vista no están preparados para correr tanto tiempo y, sin embargo, por el motivo que sea, se inscriben. O llegan reventados o deben abandonar porque no pasan los puestos de control a tiempo". En palabras de Segurel, se produce una resignificación del atleta y sostiene que por eso, muchas veces, se genera una falsa imagen del corredor. "Se crea una visión equivocada, como que el atleta de ultradistancia es un ser mitológico y con superpoderes. Un Yannis Kouros en potencia, el denominado padre de la ultradistancia.Y hay que entender que no se trata de héroes, sino de personas de carne y hueso que estudian, que trabajan y que se entrenan, seguramente, con mayor empeño porque el proceso hacia una ultramaratón es mayor y más intenso", sostiene.
Este nuevo fenómeno de las ultramaratones no tiene más explicación que concretar nuevos retos, nuevas metas en base a una fortaleza mental superior. "El debate principal del corredor común suele ser calzarse las zapatillas para salir a entrenar. Por eso, es muy importante resistir el momento de debilidad y no aflojar. En el caso del corredor de ultradistancia, su fortaleza mental es muy grande. Ése es uno de los puntos fuertes sobre los que un atleta se apoya para encarar distancias tan largas y, muchas veces, extremas", explica la licenciada Carla D’Aiello en su columna sobre la fortaleza mental de los corredores, en Factor Running Radio. "Ellos –continúa– no desperdician la energía y suelen decidir con mucha claridad. Usan la crítica desde un sentido constructivo y balanceado para intentar vencer los pensamientos negativos que suelen aparecer en muchas oportunidades.
Espíritu: quien participa de estas pruebas no desperdicia la energía e ingresa en una zona zen de concentración que lo aleja de la realidad y lo aproxima a su objetivo
No desperdician la energía en decisiones inconsecuentes o en problemas pequeños". Es el caso de Gerardo Re, santafecino, de 55 años, que debutó en la ultradistancia en 1998. "Empecé con las ultras porque fui ambicioso y un poco cabeza dura. Un entrenador que tenía no quería que corriera más de 1h15m. Para él, ése era el límite. Pasaron los años y ya participé tres veces del Spartathlon que es la madre de todas las carreras de ultradistancia en calle o pista (ver aparte). Dos las terminé y una abandoné", dice Re, para quien el óvalo que ofrece una pista de atletismo es el mejor espacio para competir porque le es más sencillo concentrarse.
Más allá de los gustos, para Re la clave en este tipo de pruebas está en no luchar contra el sueño porque es un enemigo imposible de sortear. "No tiene sentido negar el sueño. Cuando aparece, lo mejor es descansar para continuar. Cansado y con sueño, uno toma las peores decisiones", describe.
El Spartathlon es la ultramaratón que une Atenas con Esparta, en un enlace de 246 km. Esta prueba nació en 1983 para recuperar el espíritu del soldado ateniense Filípides, quien llevó el mensaje de ayuda para defender su ciudad del ataque persa. En la actualidad, la prueba tiene un cupo de 380 atletas por edición y el griego Yannis Kouros, conocido como el padre del ultrafondo, ostenta el récord desde 1985, con un tiempo de 20h25m. Gerardo Re (en la foto arribando a la meta) participó en tres oportunidades. En una (2013), abandonó por problemas estomacales.
Otra arista que caracteriza a este tipo de atletas y que está íntimamente vinculada con la fortaleza mental es que suele tratarse, en su mayoría, de personas obsesivas y puntillosas. "El corredor de ultradistancia toma decisiones más automáticas, más planificadas. Es como que entran en una zona zen, en una zona espiritual a partir del km 60 y están completamente alejados de la realidad. Tienen una gran habilidad para estar solos y ser muy independientes, y querer lograr metas que parecen inalcanzables. Los motiva empujar y empujar, y seguir creciendo de una manera independiente. Encuentran una riqueza espiritual al estar corriendo esas distancias", detalla D’Aiello. En tren de comparaciones, la licenciada traza un paralelo entre este tipo de corredores y Rafael Nadal por su estilo de perfección y obsesión por ser mejor, por progresar, por empujar el cuerpo a su límite máximo.
Más allá de esta gran movida que se genera en derredor de las pruebas de ultradistancia, un peldaño arriba de los corredores mortales aparecen los atletas de elite. Para ellos, dedicarse a esta disciplina de manera exclusiva, en la Argentina, no es una práctica posible. Ellos, los corredores de elite, también trabajan 6, 8 o más horas por día y luego se dedican al entrenamiento. "Trabajo como administrativa de ventas y corro por las tardes. Empecé a correr ultradistancia cuando noté que me iba poniendo más lenta pero más resistente", dice Marina Moro, de 46 años, e integrante de la selección argentina de ultramaratón de pista y calle que compitió, el sábado 11 de abril, en el mundial de 24 horas non stop, en Turín, Italia.
La delegación conformada por Fernando Petracci, Ricardo Rojas, Pablo Barnes, Santiago Escobar, Marina Moro, Ivana Farías y Diana Celeiro terminó en la 20ma posición (gana el equipo que más km suma), tanto en damas como en caballeros. Nucleados bajo la órbita de la Asociación Argentina de Ultramaratonistas (AAU), entidad que el 30 de mayo próximo enviará una delegación al mundial de ultratrail en Annecy, Francia, dentro del evento Maxi-race, en una distancia de 86 km con 5.400 metros de desnivel positivo.
Hasta tierra gala viajarán Sergio Trecaman, Israel Escudero, Gustavo Reyes, Daniel Simbrón y Pablo Barnes, entre los hombres, y Luciana Urioste, Sofía Cantilo, Adriana Vargas, Luciana Moretti y Laura Lucero, entre las damas.
En todos los casos, en la elite o entre los amateurs, mente y cuerpo son dos aliados indispensables para superar tantos obstáculos.


