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Recuerdo cuando me dijeron vamos a la pista, debutás con un 10.000...
Debut lindo, duro, pero lindo al fin.
Lo primero que noté con respecto de la calle, es que estuve un minuto largo por encima de mi mejor tiempo.
Sufrí, aprendí y sentí que comenzaba a mutar del runner al atleta. Y eso me llevó a decidir, hace ya dos años no correr maratones (las de de 42,195 km porque eso es maratón) para darle de lleno a los entrenamientos de 10 km.
La pista tiene muchas cosas a favor.
Horarios que no implican madrugones.
Valor de la inscripción.
La comodidad de bañarte ahí.
Son 25 vueltas de 400 metros, 10.000 metros exactos.
Tu familia y amigos te ven siempre y vos a ellos.
Corrés en el mejor escenario posible, el tartán donde corre la elite y muchas veces el mismo día que vos.
Requiere más concentración y se plantea de otra forma.
Se corre por parciales de 400 metros. No por kilómetros
No se usa GPS, con un simple crónometro o alguien que te grite los parciales desde afuera alcanza.
Las series se arman según tu tiempo.
En lo personal jamás imaginé que mi ansiada búsqueda de bajar los 40 minutos en 10 km se iban a dar en la pista.
Evidentemente, cuando uno deja la obsesión y se dedica a correr por sensaciones del cuerpo es ahí cuando aparecen los resultados.
Minutos antes de largar, mi amigo Dario me dijo que le dejara el reloj para tomar el tiempo desde afuera.
Creo que correr sin reloj fue la clave.
Todos gritando, sprint final y sub 40. Algo que supe segundos después.
La calle tiene medallas
La pista tiene marcas
Marcas de tiempo y, verdaderamente, marcas en el corazón
Si probas la pista te enamoras.
La pista te permite sentir por lo minutos que dure la serie que sos un atleta al fin.
Por Cristian Maldonado, atleta amateur.

