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La eficiencia al correr, al igual que la economía del combustible en los autos, se refleja en cuán bien el cuerpo utiliza la energía en las distintas velocidades y puede verse afectada por diversos factores, entre los que se encuentra el peso del corredor y la distribución del mismo.
En general, según un análisis realizado en 2004 sobre los factores que inciden en el rendimiento a la hora de correr, el sobrepeso acumulado en la zona media a superior del cuerpo no vuelve tan lentos a los atletas como el mismo sobrepeso ubicado en los miembros inferiores.
Los investigadores afirman que si se sumara medio kilo a la zona media del corredor, su eficiencia al realizar la actividad se reduciría un 1%, mientras que si ese peso se ubicara en los pies, la disminución sería del 10%.
Ese es uno de los principales motivos por lo que muchos eligen zapatillas livianas a la hora de seleccionar el calzado para competir. De todos modos, un pie considerado grande calzado con una zapatilla pesada difícilmente pese medio kilo más que un pie típico.
“El hombre promedio tiene una masa en sus pies de aproximadamente 1000 gramos”, explica Rodger Kram, profesor de fisiología integrada que estudia la biomecánica del corredor en la Universidad de Colorado, en Boulder. “Sumarle 100 gramos a ese pie, que equivaldría a incrementarlo uno o dos talles, resultaría en perder al menos un 1% de la eficiencia al correr, teniendo como parámetro a un pie convencional. En consecuencia, la baja eficiencia del corredor con pies más grandes es muy poca”, concluye.
Al mismo tiempo, el gran tamaño de los pies tampoco trae ventajas a los corredores, como sí sucede con los nadadores que pueden patear con mayor intensidad. No se ha probado que quienes más calzan se vean beneficiados ni en las partidas ni los empuja más fuerte.

