Recorrer la vida a los 50 años y con 50 maratones

Honolulu y otra maratón para la cuenta personal de Javier Frega
Honolulu y otra maratón para la cuenta personal de Javier Frega
Javier Frega se enamoró de la distancia y decidió empatar la cantidad de 42K con su edad; “No empecé a correr para tener un rendimiento en particular, sino para saber si podría hacerlo; lo otro vino después”, dice el primer argentino en competir en los seis Majors
Juan Pablo Calviño
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10 de agosto de 2015  • 10:30

"Empecé a trotar en la adolescencia, pero no llegué muy lejos porque tenía dolores en las rodillas que los médicos no podían explicar. Volví a intentarlo tres veces, cada vez que dejé de fumar", recuerda Javier Frega. En 1990, cuando todavía era un novato, viajó a los Estados Unidos y en el negocio de Bill Rodgers (ganador de la maratón de Nueva York de 1976 a 1979, y de Boston, de 1978 a 1980) lo atendió el hermano de la leyenda de la maratón estadounidense, quien mientras le vendía un par de zapatillas le dijo que esperaba verlo alguna vez en los 42K de Boston. "Ese bichito me quedó picando y en 1996 corrí mi primer maratón en Buenos Aires. Autoentrenado, con la guía de lo que leía en revistas y libros, y un fondo máximo de 24 kilómetros, hice 3h36m", cuenta sobre su génesis maratoniana.

Al principio, su idea era intentar mejorar los tiempos. Después de bajar las 3h30m, el objetivo se reconvirtió en correr por debajo de las 3h15m para clasificarse para Boston. Lo consiguió en su séptima maratón, en Nueva York 2002. "Ya no había retorno. Sentía que debía atacar las tres horas. Busqué un entrenador porque creía que estaba tocando mi techo de rendimiento y con unas pocas semanas de trabajo en conjunto hice 3h01m en Madrid. Seis meses después cayeron las tres horas en Trelew", comenta Frega, que demoró siete años en completar la primeras diez maratones y luego 3, 1, 5 y 3 años respectivamente en sumar 42K de a decenas.

Frega entiende que no es recomendable competir en maratones muy seguido, pero en 2007, como estaba decidido a hacer todas las de la Argentina en un año, con su entrenador balanceó la rutina para minimizar las chances de lesión en pos de materializar su deseo. Así completó once maratones nacionales (hubo dos que no pudo correr porque se superponían las fechas), y de las diez que se corrieron en calle logró un promedio de 2h59m42s. "En Rosario encontré mi mejor marca histórica (2h49m). Eso me costó 24 carreras. Para ese entonces ya tenía 20 maratones corridas. Pasado el tiempo, veo aquellos registros y me parece imposible que lo haya logrado", desliza con cierto orgullo.

"El circuito de las cinco Majors se presentó después de haber corrido Nueva York. Mi primera certificada fue Boston 2006. Ahí se vive la maratón en estado puro. Son tres o cuatro días donde toda la ciudad vive la carrera y sos un protagonista más. En ese momento puse el foco en completar las grandes maratones del mundo", describe. Luego de los 42K de la Gran Manzana y de la histórica Boston (se realiza desde 1897) se sucedieron Londres (2008), Chicago (2010) y Berlín (2011). "Cuando se agregó Tokio al concierto del llamado Grand Slam maratoniano, no pude ir en la primera edición porque la lotería ya había cerrado. Para 2014 me anoté con tiempo y tuve la suerte de ingresar en un sorteo que beneficia a 1 de cada 8 aspirantes", precisa el fondista de 50 años sobre su periplo para convertirse en el primer argentino en completar las seis grandes.

A lo largo de estos años viajó por todo el mundo, a tal punto que sólo le resta competir en la Antártida para completar los seis continentes. "Sin duda, las más exóticas fueron Honolulu y Tokio, por los lugares y la gente que participaba, y, curiosamente, Santa Fe 2007, porque eran tan pocos inscriptos que salí segundo. Las que más corrí son La Pampa (6), porque es cómoda en esa época del año, está bien organizada y tiene al ambiente del atletismo preboom; Buenos Aires (5), porque siempre corren muchos amigos; Mar del Plata (5), ideal para pasar un fin de semana en la costa cerca de fin de año y porque el circuito viejo era espectacularmente duro. Entre las que más disfruté están París y Roma y el Cruce San Juan/La Serena (12x42K), de 2008", enumera.

Ese loco que corre

En 2009, un amigo maratonista español celebró sus cinco décadas corriendo su 50ma maratón e invitó a cincuenta amigos a desandarla con él. Frega no pudo estar presente, pero lo impulsó a intentar la misma proeza personal.

Además de intentar correr en la Antártida para tener kilómetros en todos los continentes. Frega ansía completar los 42K de las capitales de América.
El desafío, en realidad su desafío, incluía, en su primera versión, llegar con 25 maratones por debajo de las 3 horas. "En ese momento tenía 35 maratones, 15 de ellas sub tres horas y el objetivo parecía posible, pero la realidad después demostró que no tenía más maratones iguales en el carretel. Tampoco podía abandonar mis otros objetivos, como correr en los seis continentes, las 5 Majors que después fueron 6, las 10, 20, 30 y 42K más grandes del mundo. Tampoco quería renunciar a mis principios de llegar siempre lo mejor entrenado que las circunstancias, trabajo, familia, lesiones, me permitieran y correr siempre al límite de mis posibilidades. Nunca se trató sólo de sumar", detalla. Para ello, Frega, empresario en el rubro informático, tenía que hacer entre tres y cuatro maratones al año para mantenerse en ritmo. "Tampoco podía apurarme haciendo un colchón porque no quería después tener que esperar que pasaran los meses sin correr mi distancia preferida", agrega quien ya sueña con completar las maratones de todas las capitales americanas.

Segunda maratón en la vida de Frega
Segunda maratón en la vida de Frega

Frega eligió los 42K de París para completar las 50 maratones a los 50 años porque que en la capital francesa se corre en los primeros días de abril y, de las maratones más emblemáticas que no aparecían en su palmarés, es la más cercana a su cumpleaños. "Apenas se abrió la inscripción me anoté, y como quería estar de vacaciones al cumplir años busqué una 42K complementaria tres semanas antes. Elegí Roma por ser una de las 20 más clásicas, y por ser en Italia, donde tengo familia", explica Frega, que siempre programa los viajes con la idea de correr dos maratones, una apenas arriba a destino y la otra el día de regreso.

"Lo más estresante fue al final, porque a mediados de 2014 ya tenía elegidas Roma y París como 49na y 50ma, pero antes de eso faltaba completar dos maratones más en la primavera previa. No podía lesionarme, no podía haber maratones canceladas, como ocurrió en Nueva York 2012, que me complicó en todo sentido. Tampoco podía haber problemas de logística, como ocurrió en Mendoza 2012, cuando una combi de la organización se equivocó de camino y no nos llevó a tiempo a la largada", exterioriza sobre los detalles de la última fase del desafío.

"Alcanzar las 50 maratones fue una satisfacción muy grande. Todos los corredores tenemos pensamientos recurrentes que nos acompañan en los entrenamientos y en las carreras. Éste me acompañó durante varios años. Cuando sucedió fue mejor de lo que había pensado, por el lugar, por el público, por el día soleado y fresco que tocó, por la compañía de mi mujer, mi ahijada y un amigo que vino desde Barcelona para compartir la carrera conmigo, y por la performance. Se dio un tiempo impensado (3h9m), justo tres semanas después de correr Roma en 3h4m. Lo normal, naturalmente, en tan poco tiempo, es que la merma suele ser mayor", afirma el maratonista que ya tiene planificado participar en Washington y Nueva York para el segundo semestre de 2015.

"Estoy más orientado a la performance que al disfrute. Disfruto más de correr bien que escuchando música o mirando el paisaje. Para mí no es importante lograr un tiempo determinado o un puesto en la clasificación, sino hacer en cada entrenamiento lo que corresponda y en cada carrera lo mejor posible según las condiciones externas (tiempo, recorrido, superficie) y el nivel de preparación que tuve", reflexiona. Con sus palabras, Frega destila atletismo de fondo y reafirma que se siente lejos, muy lejos, de abandonar este sano vicio. Queda en claro que, en su lógica, colgar las zapatillas no suena como algo posible en el corto ni lejano plazo.

"No empecé a correr para tener un rendimiento en particular, sino para saber si podría hacerlo. Lo demás vino después", explica el fondista que logró mantener un promedio de 3h09m12s a lo largo de su medio centenar de maratones.

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