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Me dijeron que no iba a volver a correr, que no iba a poder comer comida normal de nuevo. Me dijeron que no iba a poder hacer nada de lo que amaba hacer. Pero puedo. Estoy corriendo otra vez, estoy haciendo todo lo que quise hacer, y más. El propósito de contar mi historia es inspirar a los niños que tienen problemas –sin importar el caso– y hacerles saber que uno puede superarlos si uno lucha.
Pero volvamos algunos años atrás. El 2012 era una temporada de sueños: obtuve el récord mundial de 110 metros vallas (12,80 segundos), una medalla de oro; gané un campeonato importante. Luego, 2013 fue lesión, lesión, lesión. Sin embargo, pude lograr un buen desempeño y ganar un encuentro internacional en París, así que pensaba que estaba en buen camino para volver al ruedo. Pero después fui al Campeonato Mundial de Moscú y sentí que algo no estaba bien. Después de la quinta valla en el entrenamiento, me sentía cansado. Con mi entrenador lo atribuimos a que yo estaba lesionado, que había tenido tres veces un tirón en el isquiotibial y que no tenía el entrenamiento necesario para mantener mi ritmo. Pero eso era imposible porque incluso si no tenía el entrenamiento, hubiera igual corrido la carrera de la manera en que suelo hacerlo, que es involucrarme y hacer lo mejor posible en la última mitad. Así que en Moscú no gané la medalla de oro. Sabía que algo estaba mal cuando quise hacer mi movida en la final y no pude.
Después me sentía mal de la panza y estaba tan cansado que me quedaba dormido en el piso. Empecé a vomitar y fui al hospital. En ese punto mis miembros estaban hinchados como un globo. Era como una, pero en rigor se llama edema. El análisis de orina mostraba que estaba perdiendo grandes cantidades de proteína, lo que indicaba un problema en el riñón, sin dudas. Y además, en el análisis de sangre, la creatinina me dio por las nubes. Cuanto más elevada está la creatinina, peor es el funcionamiento del riñón, así que me hice una biopsia de urgencia. Una de las preguntas que me hizo el médico fue si tomaba esteroides, porque tuvo un colapso de la glomeruloesclerosis focal y segmentaria (GEFyS) y ese es un efecto adverso del uso de esteroides. Más adelante descubrió que tengo una enfermedad genética que predomina en la gente afroamericana y punto. Así que no, no me drogo.
Luego de la biopsia, los médicos me dijeron: “Tenés una insuficiencia renal, tus riñones ya no funcionan más”. El médico principal dijo: “Bueno, te estás muriendo y no hay más qué hacer”. Era un buen hombre, solo que muy realista. Me dijo que debía hacerme diálisis inmediatamente y que la vida que tenía antes ya no iba a poder tenerla. Me dieron cuatro días para digerir toda la información antes de comenzar con el tratamiento.
Lloraba y gritaba, pensaba por qué me estaba pasando eso. Estaba furioso y desesperado. Me encerré en mi habitación y no quería hablar con nadie. No comía nada. Creo que perdí como 9 kilos. Pero mi madre no iba a tolerar eso. Me dijo: “Tenés que salir de esta depresión. Tenés que pensar que vas a estar mejor”. Ella era muy optimista y yo no, porque solo escuchaba lo que decían los médicos.
Cuando volví al médico después de ese lapso de cuatro días, me dijo: “Vamos a hacerte análisis para ver cuán rápido te estás desintegrando”. Cuando obtuvo los resultados me dijo: “Algo no está bien. Tu cuerpo está regenerando la función renal, lo que es imposible en esta enfermedad”. E inmediatamente tuve esperanzas de nuevo.
Acto seguido, me convertí en una rata de laboratorio. El médico me hizo todos los análisis que se puedan imaginar. Resultó que tenía parvovirus B19. Los perros pueden tener parvo pero también existe una cepa que afecta a los humanos, que es terrible. Va directo al riñón y lo destruye, o lo que queda de él. También afecta la médula ósea, lo que impide que generes glóbulos rojos y no puedas procesar oxígeno rápidamente por eso uno se siente cansado y débil.
Para tratarlo, me sometí alrededor de ocho meses a aplicaciones de inmunoglobulina intravenosa para reforzar mi inmunidad, porque la única manera de derrotar al parvovirus es con tu propio sistema inmune. Una vez que eso se estabilizó, mis riñones se recuperaron un 60%. Todavía tengo muchas cicatrices y daños, y sigo con insuficiencia renal, pero retomé el entrenamiento normal porque el 60% de función renal es normal; debajo del 25% se considera una falla renal.
En mi primer encuentro de 2014 corrí como el sexto o séptimo tiempo más rápido en el mundo. Eso era genial para mí, pero era solo un comienzo. Corrí seis carreras más y no fui tan rápido pero estaba feliz de viajar y de tener una vida normal otra vez. Así que terminé mi temporada antes y dije: “Ok, voy a competir duro este año; es un campeonato mundial y realmente quiero ganar”.
Una vez que ingresé al equipo, decidí que haría pública esta información porque no quería seguir viviendo así.
Todo estaba bárbaro. Tuve una temporada de pista cubierta y descubierta que me llevó a la Prefontaine Classic, donde corrí el segundo tiempo más rápido del mundo. Pensé que todo estaba listo. Necesitaba un poco más de entrenamiento y de nuevo volvería a ser el número uno. Pero después del Prefontaine, tenía un mensaje de voz de mi médico que decía: “Necesitamos hablar”. Mi función renal estaba disminuyendo sin interrupción y la única opción era un trasplante. Recuerdo haber llamado a mi hermana cuando salí de la clínica y le dije: “Necesito encontrar un donante”. Y ella dijo: “Ok, después te llamo”. Se fue a hacer los análisis y pasó bastante tiempo, pero finalmente era compatible.
Así que tenía hasta marzo 2016 antes de que la falla fuera completa y sabía que entrenar iba a matar el resto de mis riñones, pero iba a entrenar realmente duro para el campeonato del 2015. Todavía tenía en mente: voy a ganar, y no existe otra posibilidad. Así que ingresé en las pruebas nacionales y me incorporé al equipo de Estados Unidos, por poco. Una vez que ingresé al equipo decidí que haría pública esta información porque no quería seguir viviendo así.

Ya me estaba carcomiendo porque lo había ocultado durante tanto tiempo. Se especulaba que yo me drogaba porque no corría los tiempos que había hecho en Londres.
No quería que me acusaran más de drogadicto y no quería que me catalogaran como el atleta que ganó el oro de casualidad y que solo era bueno para eso. Había una parte de mí que creía que el Campeonato Mundial iba a ser mi última performance.
Así que pensaba “Tengo que demostrarle a la gente que soy mejor de lo que era antes y voy a tener que hacerlo en el peor estado posible en el que uno puede estar”. Y casi me consagro campeón, estuve muy cerca de lograrlo.
Ocho semanas después del trasplante, empecé a entrenar otra vez, pero dos días después de mi primera sesión me dolía tanto la herida que tenía dolores de cabeza. Me dolía la panza, se había hecho un hematoma alrededor del riñón así que tuvieron que operarme otra vez. Así que, en realidad, el 19 de diciembre de 2015 fue mi primera sesión para este año. Entrené casi un mes y medio antes de mi primera carrera a pista descubierta. Corrí como el tercer tiempo más rápido del mundo y eso me hizo pensar: quizás la cirugía era algo bueno. Quizás necesitaba mucho descanso.
Ahora me puedo recuperar en minutos, que antes eran días. Puedo hacer volumen. Ahora puedo repetir los 200 metros con dos minutos de descanso, repetir corridas de 30 segundos con un minuto o 30 segundos de descanso, que antes hacía 150 metros y me tomaba de 10 a 20 minutos para recuperarme. Mi cadencia entre las vallas es más rápida de lo que era antes porque tengo potencia. Tengo energía. Mi cuerpo está funcionando bárbaro. Puedo comer y ganar masa muscular, así que estoy fuerte. Ahora necesito hacerlo, tratar de lograr ese ritmo de carrera. Es solo una cuestión de que llegue, pero cuando llegue, se quedará.
Uno puede decir que alcancé la cumbre del atletismo: gané medallas de oro y superé el récord mundial. Tengo todo lo que se puede tener. Sin embargo, siento que tengo que consolidar mi nombre como legendario, tengo que hacer algunas cosas más; una es ganar el título de pista descubierta, quiero tener todas las medallas de oro. Y también quiero mantener el récord mundial cuando me retire. Las competencias de este verano son algo como “demostrales lo que podés hacer incluso después de una cirugía”.
Ya sea si gano, me subo al podio o si quedo al final, para mí ya es ganar, pero obviamente quiero defender mis títulos. Y ya le dije a la gente que si lo hago, será la actuación del siglo, pero no va a ser una actuación. Va a ser 100% legítimo porque compensará todo el dolor, el sufrimiento, la angustia, la desesperación… va a compensar todo.


