

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

La carrera de San Silvestre no es la última carrera del año. Es la anteúltima. La última del año es la Corrida Atlética de los dos años, en Río Cuarto, Córdoba, que empieza a las 23.45 del 31 de diciembre y finaliza en los primeros minutos del nuevo año. Eso, lo del slogan, es lo que menos importa. Lo importante o mejor dicho lo triste es que este fin de año, la carrera que convocó a más de 5000 personas en el centro porteño no quedó enmarcada en una fiesta de corredores, o en esa marea (en este caso amarilla) de runners que tiñeron la Ciudad, o las incontables frases que suelen dispararse ante lo que hace unos años se presumía como un boom con fecha de vencimiento. Nada más contrario a la realidad. El running, producto o no del marketing, es una actividad que se instaló y captó la atención de miles de personas que lo practican como una terapia, como un cable a tierra, como un acto de superación personal o como mera cuestión de integración social. Cualquiera de estas miradas es inspiradora. Cualquiera sirve para que el deporte haya arribado a miles de hogares en los que la actividad física casi no existía.
Sin embargo, todo este fenómeno encierra peligros, responsabilidades y obligaciones. De todas las partes: corredores, entrenadores y organizadores. Cada uno tiene un lugar en esta lógica del mundo del running. Los organizadores son la pata esencial para que un evento pueda realizarse. Esto implica que realizan una carrera para ganar plata. Esto es así. Acá en la Argentina, en Chile, en Brasil, en Estados Unidos y en cualquier parte del mundo. Los entrenadores, que también cobran una mensualidad por dar y brindar sus conocimientos, son un nexo necesario entre quienes organizan y quienes corren. Y los corredores, a quienes podríamos definir como los consumidores del universo del running, son los actores que realizan una actividad que pueden hacer libremente en plazas y calles. Son ellos quienes tienen la potestad de participar o no de una carrera. Son ellos quienes pagan y por eso deciden en qué carrera estar. Son ellos quienes deben asistir anualmente al médico.
A uno puede fascinarle bailar pero para hacerlo en un boliche debe pagar. Esta modalidad ridículamente justiciera de correr sin dorsal no es más que un acto de irrespeto por quien se inscribe, por quien se toma el tiempo de ir a buscar su kit. Lo que sucedió con la 6° edición de la San Silvestre deja en claro que la denominada grieta que viene ensanchándose en la sociedad argentina también desembarcó en el running. La pelea entre Oscar Cortínez, ocho veces campeón argentino de maratón y representante olímpico en Sydney 2000, y el hombre de seguridad de Sportsfacilities, cuyo nombre es Leonel, profundiza la intolerancia que nos está desbordando. Ya no se trata de la política o del fútbol, sino que cualquier ámbito de la vida se ve sobrepasado por actos de violencia, física y verbal.
"Estamos muy tristes con lo que pasó. Los principales perjudicados somos nosotros", contó Rodolfo Giordano, director de Sportsfacilities, a LNCorre minutos antes de subir a su Facebook la postura oficial . "Como autocrítica, mucha gente nos apoya, pero los denominados patovicas no son bien vistos. Y por esto que sucedió nos estamos replanteando de continuar con nuestro objetivo de educar para erradicar al corredor sin dorsal, pero vamos a utilizar otra medida de seguridad. La vamos a seguir. Sabemos que es una lucha larga y dura. Armamos un evento para 5000, no para 6000 o 7000 personas. Tenemos todo acorde para que esos 5000 corredores tengan todo y no se trata meramente de una cuestión monetaria como se está diciendo, sino que correr sin dorsal es poner en riesgo un evento. Que quede algo en claro: no estoy de acuerdo con la violencia. Para nada, no sirve", continuó Giordano.
El conflicto entre el Indio Cortínez y el personal de seguridad se viralizó inmediatamente en las redes sociales a través de un video que grabó el juez de atletismo Dante Mártiri. El Indio cruzó la línea de meta y regresó unos 100 metros hacia atrás para defenderse y mostrar su dorsal. Todo terminó en un forcejeo, empujones y golpes al aire mientras los propios corredores separaban. Lo concreto es que el Indio Cortínez estaba inscripto en la carrera, pero no tenía el dorsal en el pecho, tal como corresponde. Se trate de un atleta de elite o de un ignoto runner, todos deben correr con el número de corredor a la vista. Sin embargo, eso no habilita al personal de seguridad a empujar, agredir o, por caso, a intentar tirar el celular a Dante Mártiri para que deje de grabar este penoso hecho.
Lo que iba a ser una fiesta terminó en un pequeño gran escándalo que deja en evidencia que hay intereses espurios detrás de este conflicto en el que la nueva subsecretaría de Deportes de la Ciudad, a cargo del ex tenista Luis Lobo, tomará cartas en los próximos días con una reunión con la Compac (Cámara de organizadores de carreras), de reciente creación. En todo esto, hay que decirlo, aparecen reales intereses políticos y económicos. Hacer una carrera implica ganar dinero. Perder la licitación de una carrera impacta negativamente. Por eso, nada es casual. El próximo botín será el maratón y el medio maratón de Buenos Aires de 2016. Una puja en la que varios actores interesados desean ingresar a un concierto de numerosos millones de pesos. Y el corredor no es más que un fusible de este engranaje llamado running. Para bien y para mal.

