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SALT LAKE CITY.- Un valle que encierra la vida de 180.000 almas en un estado que aglutina a 2.000.000 de habitantes, es la carta de presentación de la ciudad que albergará, en 2002, unos controvertidos Juegos Olímpicos de Invierno. La capital de la religión mormona asombra por su tranquilidad. El movimiento por las calles es tenue, pero tiene una particularidad: la mayoría de las personas es de raza blancas, algo inusual en el resto de los Estados Unidos. No hay contraste, salvo con el naranja de los carteles colgados en los postes de luz con el logo oficial de los Juegos.
Salt Lake City 2002. Una competencia especial, distinta. No sólo porque se trate de los primeros Juegos Olímpicos del siglo XXI. El escándalo que rodeó a la elección de Salt Lake City, con coimas, negociados y ofrecimientos de becas de estudios que derivaron en la expulsión de seis miembros del Comité Olímpico Internacional todavía se palpa por las calles de la ciudad más importante del Estado de Utah. Aunque es bastante difícil encontrar a alguien que quiera conversar sobre el tema. Directamente, de eso no se habla.
Pero alcanza con un simple recorrido por la zona que dentro de poco más de un año recibirá a la cita olímpica para comprender -una vez más- el impacto que provocan este tipo de acontecimientos. Salt Lake City, la misma que vibra en la NBA al ritmo de Utah Jazz, no sólo se prepara para recibir a los atletas amantes de la nieve. Ubicada a 1320 metros sobre el nivel del mar y sobre las montañas Rocallosas, también pretende estar lista para lo que vendrá después de los Juegos.
Las obras apuntaron a la remodelación de los ya lujosos resorts de Park City -sede de slalom gigante y snowboard-, Deer Valley -slalom combinado-, Snowbasin -descenso libre y Super Gigante, sujeto a una futura remodelación- y al complejo Utah Winter Sports Park (bobsleigh, luge y saltos), que formarán parte del territorio en el que transitarán 3500 atletas de 80 naciones, que estarán allí para competir por las 70 medallas doradas que se pondrán en juego entre el 8 y el 24 de febrero del año próximo.
Pero más allá de que se hable de una inversión cercana a los 600.000.000 de dólares, del impacto económico a partir de los 23.000 puestos de trabajo generados, la ganancia de US$ 970 millones con relación a los negocios que se producirán alrededor de los Juegos, el movimiento de 2.800.000.000 de dólares en la economía de Utah y los US$ 236 millones que se generarán en concepto de ventas, impuestos y otro tipo de servicios, la real sensación es que, en el fondo, los nubarrones del escándalo nunca se borrarán por más que allí se concreten las mejores competencias de la historia.
Los habitantes de Utah tratan de contrarrestar las sensaciones. Hablan con orgullo de Sundance -y tienen por qué hacerlo-, que es otro formidable centro de esquí y set de filmaciones del actor Robert Redford y comentan que no sólo su ciudad se beneficiará con los Juegos. "La idea es convertir a nuestra ciudad en una nueva alternativa para el turismo. Mostrar un sector de los Estados Unidos que todavía no tuvo una apertura masiva para el resto del mundo", afirmó Brad Smith, representante de prensa del Comité Organizador.
En esta marcha en busca de los Juegos y de lo que ellos pueden generar, Utah realizó una combinación con otros Estados. Y entre ellos, uno de los más importantes fue Nevada, que le suma a esta tendencia de aumentar el turismo de la región con centros de esquí de primer nivel como Heavenly y Diamond Peak, sobre Lake Tahoe, el lago que divide ese estado con el de California.
Pese a las sospechas y las dudas que se generaron tras la confirmación de su candidatura, Salt Lake City ya ingresó en la recta final. Tiene sobre su espalda la pesada carga de sobrellevar los primeros Juegos Olímpicos de este siglo, un acontencimiento que, más allá de lo deportivo, le dejará un enorme rédito a la ciudad. Con un efecto similar al que viven, por ejemplo, Barcelona y Sydney, tras el paso de los Juegos de Verano.


