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PERTH, Australia (De un enviado especial).– Justo la leona más joven fue la que eligió la canción oficial para el festejo de los goles de la Argentina. En la 10ª Copa del Mundo, los 16 equipos tienen el derecho a elegir un tema que los identifique y que resuena por los altavoces cada vez que convierten un gol. Después de arduas deliberaciones ganó Soledad García, que había propuesto el tema “La quiero morir”, de DLG. Y ahora todas, cuando la bocha traspasa la línea de gol, bailan al compás de esa melodía, como ayer ante Alemania.
“Un día escuché la canción y dije: ¿qué tal si la ponemos para los goles? Todas las chicas opinaban, pero ninguna decía bueno, ponemos tal tema. Al final terminó decidiendo la más chica ¿viste?...”
La cordobesa, de 21 años, fue la figura del conjunto argentino frente a las germanas. Presionó siempre en la salida rival, inventó dentro del área y disparó varias veces al arco; sólo le faltó el gol para redondear una actuación formidable. Mañana se viene China, y Soledad anticipa un desenlace: “Si jugamos como ante Alemania, ganamos seguro. Todas sabemos que será una revancha de la final perdida en el último Champions Trophy, en Macao, cuando se nos escapó en los penales”.
A puro dribbling, Sole deslumbró en Sydney 2000, cuando eludió a tres rivales y a la arquera y selló el 2 a 1 precisamente ante las chinas. Un auténtico golazo que permitió avanzar hasta los tramos decisivos de aquellos Juegos Olímpicos.
“Me da gracia ver cómo dibujaron en los diarios mi gol contra China. Fue un tanto relindo; ahora me encantaría repetir la historia de aquel día. Cada vez que me pongo a pensar, imagino que hago el gol, con la arquera desparramada y yo clavándola en el ángulo.”
–¿Siempre buscás crear algo distinto dentro del área?
–Puede ser que intente hacer un firulete, pero a veces no me queda otra que resolver en ángulos cerradísimos. Ya es mi forma de jugar y hasta el día de hoy, entró.
–¿Quién te enseñó a jugar arriba?
–Nadie en particular; en realidad, fui aprendiendo. Siempre supe que me gustaba estar al lado del arco rival y hacer goles. Ahora es Cachito Vigil la persona que me enseña más cosas para definir de cualquier forma y desde cualquier parte del área.
–¿Cómo te sentís en este Mundial, con sólo 21 años?
–Mucho más confiada que en Sydney 2000, porque en aquel torneo ingresaba de vez en cuando. En cambio, ahora entro de titular y es otra cosa. Noto que en el banco confían en mí y que hay que responderle al equipo.
–¿Qué pasó entre las delanteras argentinas con la baja de Vanina Oneto?
–El hecho de que Vanina no esté inconscientemente me genera la responsabilidad de reemplazarla bien. Igual, ella es única. Es superinteligente y ve un montón de cosas que yo, por mi inexperiencia, no veo. Y no la intento copiar, porque cada una hace lo que puede.
–¿Vas a ser la heredera de Vanina?
–Nooo, hay jugadoras en la selección de hockey que son únicas en la historia, como Lucha Aymar, Cecilia Rognoni o Vana. Por ahora, me parece que no...
–¿Para vos es una presión hacer goles siempre?
–No se me cruza por la cabeza. El deseo más grande es que volvamos todas con la medalla dorada colgadita en el cuello. Y que también ganemos los premios extras, como mejor jugadora, mejor arquera, etcétera.
–¿Cómo te relacionás con las más grandes?
–Cuando me sumé a la mayor, una vez dije: “A Kari Masotta le tengo miedo”. Aunque en realidad no es miedo, sino que es un respeto supergigante que hoy se lo sigo teniendo, pero con mucha más confianza. Hay más fluidez en la relación, el compañerismo creció, pero no sé si puedo ser tan amiga de ella, porque hay una diferencia de 10 años. Por otro lado, con Magui Aicega es imposible pelearse y con las otras grandes, Vanina y Pachu Ferrari, nos llevamos súper bien.
–¿Por dónde pasa la clave del muy buen momento de este equipo?
–El grupo maduró lo suficiente para saber que se puede charlar con cualquiera cara a cara sin que haya ningún problema. Eso hace que todas estemos muy tranquilas antes de jugar. Y cuando entramos viene el click y queremos comernos al equipo que está enfrente.
PERTH, Australia (De un enviado especial).– Sole es una enamorada de Córdoba y de su club, Universitario. Hincha de Boca, amante del voleibol y con la chispa instantánea para una broma, también es una fanática de las cábalas.
Antes de cada partido coloca siempre dos banderas argentinas cerca del banco de suplentes. “La bandera más grande me la regaló Fernando, el papá de mi ahijadita, un amigo de mi familia. Y la otra me la dio Luciana, una chica de San Nicolás que conocí por Internet: ésa tiene a la Virgen de San Nicolás para que nos dé suerte a todas.” La delantera, que jugó con una rodilla maltrecha en el Mundial Junior 2001, también repite una rutina antes del Himno. “Siempre hacemos lo mismo: nos peleamos a propósito para ver quién sale última en la fila para la cancha. Ahora soy chica, pero algún día me va a tocar...”


