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El domingo 16 de diciembre de 2007, Miguel Angel Russo tuvo un día triste. La derrota de Boca ante Milan en la final del Mundial de Clubes lo dejó sin empleo. Pedro Pompilio quería elegir su propio entrenador. De regreso en la Argentina, el presidente le pidió hacer cambios en su cuerpo técnico. El DT no aceptó y se fue. Había llegado exactamente un año antes tras el colapso del Apertura 06, que dejó a Boca sin tricampeonato. Ni siquiera le alcanzó haber salido campeón de América.
El extraordinario nivel de Riquelme en el primer semestre de 2007 lo benefició en la furiosa actualidad, pero lo perjudicó después. El 10 se llevó los elogios y los reflectores. Muy pocos registraron la irrupción de Banega en el centro del campo y la inclusión de Caranta en el arco. Tampoco se le valoró que hubiera encontrado tan rápido al equipo titular. En la segunda mitad del año, Román volvió a su exilio en Villarreal. El equipo no logró títulos en ninguna de las tres competiciones y además perdió el clásico con River. Russo siempre supo que la mudanza de Macri a la ciudad de Buenos Aires y el deseo de Pompilio de darle otro perfil a la gestión influyeron decisivamente en su salida.
Nació en Lanús el 9 de abril de 1956. Desde 1975 hasta 1988, jugó en Estudiantes, con 418 partidos en primera y 11 goles. Formó parte del seleccionado de Bilardo en la clasificación para México 86, pero se quedó fuera del Mundial. Nada más que un año pasó desde su retiro hasta su primer trabajo como entrenador. Hincha de Lanús desde chico, el granate le ofreció tomar el equipo en la B Nacional. Así comenzó un ciclo notable de cinco años que incluyó dos ascensos (89-90 y 91-92) y un descenso (90-91). Consolidó al club en primera y potenció las divisiones juveniles. Terminó en junio de 1994. Días más tarde, ya era presentado como el DT de Estudiantes en dupla con Eduardo Luján Manera. Logró el objetivo de volver a primera pero no terminaron el Apertura 95. El comienzo de 1996 lo puso en Chile para dirigir a la U, un equipazo con el Matador Salas como estrella. Llegó hasta las semifinales de la Libertadores y cayó ante el River de Ramón Díaz. Año nuevo, club nuevo. En mayo de 1997 asumió en Central.
Su paso por Rosario le cambió la vida. El 23 de noviembre celebró el día del abandono y terminó revoleando su saco ante la hinchada canalla tras el 4 a 0 ante Newell s. En ese momento de su vida, Russo tenía un perfil altísimo. A través de una muy buena relación con los medios y con los periodistas, siempre figuraba como candidato a reemplazar a un entrenador en problemas. En cada reportaje dejaba un par de títulos: "Sí, creo en los resultados. ¿Y qué? El fútbol está lleno de Judas". En julio del 98, saltó a Salamanca. Duró poco. En enero de 1999, la Junta Directiva lo echó por malos resultados. "Es la primera vez que me pasa. El tiempo dirá quién tiene la razón. Quizá me pidieron demasiado y demasiado pronto", desafió en su última rueda de prensa.
En el Apertura 99 batió un récord. Dirigió a Colón desde la 1era hasta la 12» fecha. Despedido, asumió en Lanús en la 16» y ¡se enfrentó con Colón en la 18» ! "Por más que ponga cuatro delanteros, si mando marcar hombre a hombre van a decir que destruyo el fútbol", provocaba por aquellos días. Hoy Russo se cuida. Sigue hablando porque es parte de su trabajo, pero ya no dice mucho. Sus frases como "son decisiones" o "no hay que enloquecerse" reflejan cuánto ha aprendido de aquellos años tan vertiginosos. Hace rato que sus equipos se expresan por él dentro de la cancha. No le dio vergüenza admitir cuánto lo ha ayudado haber hecho terapia para cambiar algunas actitudes.
Pero volvamos a aquellos años locos. En 2000, mejoró su propia marca. Tras dirigir a Lanús durante todo el Clausura, renunció luego de la 10» fecha del Apertura. Apenas dos jornadas más tarde, se puso al frente de Los Andes. No pudo evitar el descenso. La calesita de equipos giraba y Russo siempre conseguía empleo. Desde octubre de 2001 hasta febrero de 2002 estuvo en el Morelia de México, otra frustrante experiencia que terminó demasiado pronto. Allí dijo basta y descansó durante nueve meses. Rechazó trabajos del estilo que antes había aceptado y se sentó a esperar una propuesta interesante. Rosario siempre estuvo cerca. Su segunda etapa en Central fue aún más productiva que la anterior. Sucedió al Flaco Menotti en la 16» fecha del Apertura 02 y tuvo un 2003 excelente con la dupla ofensiva Delgado-Figueroa. Sacó al equipo de la zona del descenso y lo llevó a la Copa Libertadores 04. Casi elimina a Sao Paulo en octavos, pero cuando tenía el triunfo en los penales el arquero Gaona le pegó con el diario y lo falló. Renunció tras la derrota en Morumbí.
En diciembre de 2004, lo contrató Vélez, que venía de perder el Apertura ante Newell s. El equipo ganó su primer partido en la cuarta fecha, pero en la séptima ya salía de memoria. Puso a Jonás Gutiérrez de ocho, le confió la conducción a Gracián y lo mandó a Castromán arriba para acompañar a Roly Zárate. Y salió campeón del Clausura 05. "Es como tener un hijo", comparó en plena vuelta olímpica. El Mundial de Alemania desdobló los cuartos de final de la Libertadores 06. La ida en junio y la vuelta a fines de julio. Su Vélez lo sufrió porque durante ese paréntesis se fueron Somoza y Gracián. Chivas de Guadalajara le cortó el sueño que un año más tarde concretaría con Boca.
Hoy dirige a San Lorenzo. Marcelo Tinelli lo convenció de encarar el desafío de devolverle paz y tranquilidad a un club que se había autodestruido por culpa de los caprichos de Ramón Díaz desde julio de 2007 post-título. Hace seis meses, Diego Rivero era suplente de Emiliano Díaz, el hijo del entrenador. Russo no la pasó bien en el comienzo. Tras las ventas de D Alessandro y Placente, se enojó por la transferencia de Bottinelli a dos días del estreno en el Apertura ante Tigre.
Levantó el perfil en una conferencia de prensa para mandarles un mensaje a los dirigentes. La respuesta llegó enseguida con las incorporaciones de Ledesma, Barrientos y Solari. Probó con tres centrales en la Sudamericana y en las primeras dos fechas del campeonato. Aprovechó el receso por eliminatorias para poner en condiciones a los refuerzos. Y en la tercera fecha, con el rotundo 3-0 ante Estudiantes, encontró el equipo que hoy sale de memoria: Orión; González, Méndez, Aguirre, A. Torres; Rivero, J. M. Torres, Ledesma, Barrientos; Bergessio y Silvera, que reemplazó al lastimado Romeo. Como en el campeón del Clausura 07, el Lobo Ledesma maneja al equipo con su juego simple. Rivero volvió a ser aquel mediocampista profundo y de muy buen pase. Barrientos regresó desde Moscú con una versión mejorada. Adrián González es mucho más que un gran pateador de tiros libres. En el ataque, Bergessio y Silvera se complementan e intercambian roles con naturalidad y eficacia. Bianchi Arce rinde como alternativa a Méndez.
Pero la gran figura es el equipo. Sin la pelota, presiona con intensidad y orden, obligando al rival a jugar incómodo y apurado. Usa muy bien el balón para atacar y para defenderse, con triangulaciones permanentes. Siempre hay un compañero dispuesto a recibir el pase. El sábado, Miguel y todo el estadio aplaudieron una secuencia de casi 30 toques en el campo de Arsenal. Juega al ritmo que más le convenga, según cómo se le presente el partido. Va primero con dos puntos de ventaja sobre Tigre y a cuatro de Vélez, su próximo rival. Todavía falta mucho, pero está convencido de lo que quiere y con confianza para ejecutar su plan. El domingo 14 de diciembre de 2008, San Lorenzo jugará ante Argentinos Juniors por la última fecha del Apertura. Ese puede ser un día muy feliz en la vida de Miguel Angel Russo.


