Lucas Guzmán, la cara del taekwondo, tras la momentánea baja de Sebastián Crismanich

La patada de Guzmán, de múltiples recursos técnicos
La patada de Guzmán, de múltiples recursos técnicos Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Gómez
El correntino es su referente; "Quiero ser campeón olímpico", dice
Gastón Saiz
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6 de junio de 2015  • 11:12

Todo parecía estar en orden sobre el tatami hasta que el taekwondo nacional se sacudió con dos malas noticias en marzo pasado: la fractura de tibia y peroné de Sebastián Crismanich , vigente campeón olímpico en -80 kg, y el doping de Jennifer Navarro (-49 Kg) debido al consumo de un diurético, que le hizo trizas el pasaje que tenía para los Juegos Panamericanos de Toronto 2015. Entre los sinsabores, este arte marcial se ilusiona ahora con Lucas Guzmán , que construye una enorme carrera desde el silencio y con logros comprobables: a los 20 años figura 6° en el ranking olímpico de su categoría (-58 kg), tras el 5° puesto en el Mundial de Rusia, después de la eliminación en cuartos de final. "Quería salir campeón?", se lamenta este inconformista por naturaleza, al que amagan con bautizarlo "el Araña Guzmán" porque saca piernas de cualquier lado, aunque el apodo no llega a ser todavía oficial entre sus amigos y conocidos.

Lucas ya traía los genes deportivos de su padre, Eduardo, integrante del seleccionado de taekwondo a principios de los '90, y de su madre, Elizabeth, profesora de educación física. Tanto es así que se crió en un gimnasio en Libertad, partido de Merlo, donde tomaba el taekwondo como un divertimento. Jugaba a la mancha en cada entrada en calor y nadie podía alcanzarlo. Su papá lo entretenía con los ensayos de alguna técnica y él, independiente, ya se animaba a improvisar combinaciones de patadas con imaginación.

Ya después fue inscripto en la mayor cantidad de torneos posibles para que despuntara su incipiente pasión. Y finalmente, esos progresos vinieron acompañados de una rutina: todos los días había que despertarse muy temprano para ir al lugar de entrenamiento, ubicado a unas ocho cuadras de su casa en Libertad. Pero los días de frío intenso, y sobre todo las calles peligrosas, motivaron una idea: la familia soñaba con tener un gimnasio propio. Así fue como en 2011 y con mucho sacrificio económico, los Guzmán crearon su hogar en la Academia Sungdo, un gimnasio de 10 x 10 metros. "Nuestras habitaciones están arriba. Cuando estoy aburrido, bajo y me pongo a patear la bolsa del gimnasio", comenta Lucas, un joven creyente que en su celular tiene la aplicación de la Biblia, que lee en cada gira. "La idea era que él pudiera entrenarse estando en su casa y que el espacio estuviera siempre disponible, a la hora que fuera", apunta Eduardo, un estudioso de este arte marcial.

La medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de la Juventud, en Singapur 2010, fue la evidencia en metal de su particular estilo de lucha y de un talento diferente. "Mis peleas son bastante vistosas. A todos les gusta verme pelear porque hago giros y técnicas que no son habituales en cualquier taekwondista. Más ahora, que son todos altos y es difícil que un alto gire", menciona Lucas. Su base de preparación fue muy buena, porque encadena toda clase de patadas desde cualquier ángulo y a los rivales los descoloca el factor sorpresa. "Uno refleja en la lucha lo que es como persona. Siento que puedo hacer todo lo que me proponga en un combate por la convicción en mis recursos y por lo que practiqué desde chico. Pero nunca vas a hacer perfecto lo que aprendiste el día anterior. Es muy difícil que te salga, y menos en una situación de estrés".

Para su crecimiento, Guzmán tomó como referencia a otra fiera enjaulada, Sebastián Crismanich, quien lo recibió en su casa en Córdoba junto con su hermano Mauro. Tres años antes de los Juegos de Londres 2012, Lucas se quedó allí para entrenarse con los dos hermanos. "Me preparaba para Singapur 2010 y trataba de absorber al máximo todos los consejos y la experiencia de los Crismanich. Soy más bien callado y en aquella época trataba de escuchar y aprender; no sólo de taekwondo, sino también de la vida. Sebastián es un atleta distinto, tiene una gran capacidad física y mental. Es muy inteligente y lleno de recursos; siempre quise imitar su estilo".

La ausencia del correntino en los Panamericanos de Toronto 2015 lo dejará como la cara principal del taekwondo argentino, escenario que no le demanda una carga extra: "No tengo ninguna presión ni mochila. Estoy haciendo las cosas bien y eso es lo que me da seguridad. Si llegan los resultados, genial; si no se me dan, Dios sabrá por qué. Cada decisión te lleva a donde estás, sea buena o mala. Creo que estoy tomando buenas decisiones y por eso me está yendo bien".

En los Panamericanos, Lucas observa como principales contendientes a Guilherme Dias Alves (Brasil), Luis Pie (República Dominicana) y Carlos Navarro (México). No se fía, pero se mueve con una fe ciega. Y también mira de reojo la clasificación para Río de Janeiro 2016: "No la veo tan lejos porque estoy peleando frente a los mejores y no me ha ido mal. Estoy para seguir mejorando mucho más. Sé que voy ganando experiencia en cada torneo y es muy posible que participe allí en Río, ya que entran los seis mejores de cada categoría".

Se conjugan en él entusiasmo y un sinnúmero de virtudes: "El taekwondo me apasiona. Si no lo hago por dos semanas y no estoy entrenándome, siento que me falta algo. Necesito descargarme, patear. Me acostumbré a hacerlo desde chico. Es como jugar al fútbol. A Messi no le podés decir que no juegue al fútbol. Este deporte es parte de mí y sueño con ser campeón olímpico".

Según Taburelli, su futuro es ilimitado

"Su proyección internacional es ilimitada y enorme. Es un atleta que no tiene techo y crece día a día trabajando en los errores para mejorar y en sus virtudes para hacerse más fuerte", manifestó el entrenador Gabriel Taraburelli respecto de Guzmán. "Lucas tiene un gran poder de concentración y confianza que lo potencian a la hora de pelear. Es un atleta con mucho temperamento y para este deporte, este punto es fundamental y marca la diferencia", explicó el coach, 4° en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 en la categoría de 58 kilos. Taraburelli, que guió a Sebastián Crismanich al oro en Londres 2012, concluyó: "Guzmán se transformó en estos años en un atleta de elite. No deja de ser una promesa, ya que tiene toda su carrera por delante. Nos enfocamos en no perder oportunidades ya que para eso nos preparamos. Confiamos en lo que hacemos y tenemos la experiencia por haberlo vivido tanto dentro como fuera del ring".

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