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MARSELLA, Francia.- Clava las rodillas en tierra. Eleva la mirada al cielo y la espléndida luna que se refleja en el Mediterráneo le devuelve una sonrisa. Ya está enterrado bajo la felicidad de sus compañeros. De repente se le agolpan los recuerdos. Primero los malos. Las críticas ácidas de la prensa brasileña que llegaron a considerarlo un ex jugador. Los reproches públicos de Ricardo Teixeira, el titular de la Confederación Brasileña de Fútbol, que después de la Copa América del ´95 sostuvo que ya no podía atajar. El alejamiento del seleccionado por decisión propia desde 1996 hasta mediados del ´97, aturdido por la marea de insultos y sinsabores.
La eterna suplencia en su paso fallido por el Parma italiano. Claudio André Taffarel conoce como pocos el ingrato oficio de ser arquero. El juego morboso de vivir al filo de un abismo que le depara ingratas subestimaciones.
Ahora cruza toda la cancha. Y mientras se aleja del arco mágico de los penales atajados ante Cocu y Ronald De Boer, le ofrece a la torcida su momento de gloria.Y nada menos que la clasificación para la final de la Copa del Mundo. Entonces su memoria se tiñe de los buenos instantes. Cuando se coronó campeón mundial Sub 20 en Moscú. O cuando también le contuvo dos penales a Alemania en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Seúl ´88. O los 112 encuentros internacionales -récord para su puesto en Brasil- que lleva disputados en el seleccionado. O la década que ya suma custodiando la valla verdeamarella. O el penal que le desvió a Danielle Massaro en la definición de Estados Unidos ´94. Pero, ¿no todas son malas entonces?, se pregunta este hombre de 32 años, casado y con dos hijos.
"Me sentí muy tranquilo frente a cada penal. Tenía la sensación de que podía contener alguno porque notaba la preocupación en el rostro de los holandeses", expresó Taffarel en la zona mixta. En su hora de celebración y sin recelos con nadie. El es así, tan cierto como que no se trata de un gran arquero. Por supuesto que comete errores y tal vez con más frecuencia de la deseada. Pero también ha sabido ser héroe este rubio semi calvo. ¿No hay un arquero mejor en todo Brasil?, se ha escuchado con insistencia. Dicen que sí. Pero Mario Zagallo no lo cambia ni por dos. El técnico valora su experiencia y su frialdad. Por eso alguna vez anticipó que en su equipo el único titular era Taffarel. Incluso por encima de Ronaldo. Por eso le pidió a Dunga -el mejor amigo del arquero- que lo convenciera de volver al scrach cuando el ahora portero de Atlético Mineiro no quería soportar más tantos rumores malintencionados. Y regresó en la Copa América de Bolivia ´97 para que el conjunto ganara este torneo por primera vez fuera de Brasil.
"En la primera atajada me alegré mucho, pero ya con la segunda fue fantástico porque era el premio para todo el grupo", contó Taffarel. Ahora jugará su segunda final consecutiva de un Mundial. Y después lo espera el Galatasaray turco por dos temporadas, a cambio de tres millones de dólares. El jamás contestó el castigo recibido y se abrazó a su ferviente religiosidad. Hoy es el líder de la agrupación Atletas de Cristo en el plantel brasileño y ya han resuelto seguirlo César Sampaio, Bebeto y Emerson. Sus compañeros lo admiran. Como también hoy cada uno de los millones de brasileños. Así son las reglas del juego para Taffarel.

