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Una nueva oportunidad para descontarle dos puntos a Vélez se estaba congelando con la fría tarde. Las gargantas llenas de euforia por aquella victoria provisoria que habían disfrutado hasta el minuto 37 cuando Baena marcó el empate en dos no emitían sonido alguno. Tan sólo se escuchó alguna súplica para que la pelota llegara al área de Comizzo y que de alguna forma el destino se apiadara de Boca porque todos hasta el más fanático de los hinchas sabían que su equipo no había hecho mucho para quedarse con los tres puntos.
Y el destino que premió a unos y castigó a otros se compadeció de los que eran más. Entonces el balón recorrió unos cuarenta metros impulsado por el botín derecho de Verón y con la ayuda del dubitativo Comizzo que no supo si salir o quedarse en el arco Tchami cabeceó de izquierda a derecha y condenó al arquero a padecer en su propia red mientras el moreno delantero y todo Boca se sacaban de encima una angustia que alcanzó su máxima expresión en los siete minutos finales.
En ese período cuando Boca se dio cuenta de que un empate empeoraría su situación en las posiciones el equipo de Carlos Bilardo mostró una actitud agresiva la misma de aquellos primeros 15 minutos del segundo tiempo cuando marcó los dos goles.
El segundo de ellos Tchami se lo tiene que agradecerle de igual forma a Caniggia y a Comizzo. Al primero por ponerle la pelota de manera asombrosa en la cabeza y al arquero de Banfield por dejar que el rubio delantero maniobrara sin problemas en el borde del área grande antes de enviar el centro.
Antes y después de ese lapso Boca careció de un trabajo definido y mucho tuvieron que ver quienes estaban a cargo de ejecutarlo. Pico no fue el conductor que esperaba un grupo que siente en demasía la ausencia de Maradona. Scotto sigue sin encontrar el rumbo del gol y del juego -que es más grave-. Verón y González aparecieron y desaparecieron con la misma facilidad que tuvo Banfield para circular el balón. Y Peralta fue el principal culpable de que Alvarenga manejara el partido por su sector.
Todo eso sucedió en el primer tiempo cuando Banfield con poco pero lo suficiente para complicar a un Boca desconcertado aprovechó el estatismo de su rival y de no ser por Gamboa que salvó los innumerables errores de Peralta y compañía pudo haber inaugurado el marcador.
Después vendría la reacción de Boca que respondió más a una urgencia matemática que al propio desarrollo de su juego. Y aquí vale la pena hacer un alto porque con la ventaja de dos goles Boca no se retrasó unos metros y jugó de contraataque sino que Banfield lo acorraló en su terreno y lo atacó sin miramientos sin importarle que estaba jugando en la Bombonera frente a uno de los candidato a quedarse con el título.
Así llegó la igualdad y el estadio quedó en silencio hasta que Tchami el hombre en quien los hinchas habían depositado las esperanzas de marcar algún gol dijo presente y cambió la angustia por júbilo. Por eso valió la pena tanto festejo aunque en el fondo más de un hincha se fue preocupado porque su equipo no jugó bien pero por sobre todo porque no tuvo actitud.
Enrolado en la lista de los arqueros-jugadores es decir aquellos que además de atajar saben dominar la pelota con el pie y tocarla con criterio y habilidad Angel David Comizzo siempre estuvo expuesto a sufrir goles considerados absurdos o tontos por mejor decir.
El primero de Tchami de ayer se sucede al de Ibagaza hace quince días cuando Lanús venció a Banfield por 4 a 0 (quiso salir gambeteando y el pequeño delantero lo anticipó). Pero nada superó los errores que tuvo jugando para River en 1992 ante Talleres en el Monumental (mal rechazo y gol de Kenig para el 1 a 1) y Lanús en la cancha de Independiente (salida en falso ante un córner y cabezazo de Gambier para el éxito granate por 3 a 2).
En ese campeonato Apertura River perdió 3 puntos en una semana y aquel match ante Lanús fue determinante para el futuro de Comizzo en River. Tres días después Daniel Passarella por entonces el entrenador del conjunto de Núñez anunciaba que el arquero no estaría en sus planes para los próximos torneos. Así en medio de una gran controversia Comizzo dejó a River y al fútbol argentino hasta que Banfield lo "repatrió".
Sobre los goles sufridos ayer Comizzo explicó: "Son cosas que suceden en el fútbol. En el segundo gol de Boca traté de salir a atorarlo a Caniggia para quitarle ángulo de tiro pero estaba en el área y si lo tocaba era penal. Lo seguí hostigando pero Caniggia que es muy rápido sacó el centro y Tchami cabeceó solo. En el otro tanto traté de rechazar la pelota pero pegó en el travesaño y cuando volví a manotearla ya estaba adentro".



