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GOTEMBURGO, Suecia (De un enviado especial).- Los 35 años que cumplió hace un par de semanas no le pesaron en absoluto. Al contrario: Jonas Björkman exhibió toda su experiencia y su categoría como uno de los mejores doblistas del mundo -fue N° 1 del mundo en esta especialidad y ahora es el 4° del ranking-, y ayer se erigió en la figura en la victoria del dobles sueco ante la Argentina.
"Nos combinamos bien con Thomas (Johansson). Aprovechamos un poco cuando Nalbandian bajó su nivel en sus games de servicio y fue el momento en el que pudimos presionar", analizó Björkman, que se mostró rápido y con una gran capacidad de anticipo en la red, con certeras voleas.
Profesional desde hace 16 temporadas, Björkman es el último sobreviviente de las últimas dos ocasiones en las que Suecia conquistó la Copa Davis, en 1997 y 1998. Hace diez temporadas, también en Gotemburgo, le dio tres puntos a su país en la final (5-0) sobre los Estados Unidos; ese mismo año fue el de su mejor momento en singles, ya que finalizó 1997 como el número 4 del mundo. En total, acumula seis títulos individuales y 50 por parejas; su compañero habitual es el bielorruso Max Mirnyi, con quien ha conquistado Roland Garros, Wimbledon y el Masters.
Hijo de un profesor de tenis, tomó la raqueta por primera vez a los seis años y nunca la soltó, en pos de seguir los pasos de sus ídolos, Stefan Edberg y Mats Wilander, ahora capitán del equipo sueco de la Copa Davis; su festejo en las victorias -da un par de pasos tomándose la punta de los pies con la mano-ya es una marca que trascendió el origen, tomado de un comediante sueco. Reconocido bromista en el circuito, le gusta el golf y el fútbol, pero es fanático del hockey sobre hielo. Reside en Mónaco, es miembro permanente del Consejo de Jugadores de la ATP, que presidió durante un par de temporadas, y muchas veces viaja a los torneos acompañado por Petra, su mujer, y su hijo Max. Ante la Argentina, ratificó que la calidad va más allá de los años.


