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Es un problema recurrente para muchos de los superastros del deporte de todas las épocas. Toda la capacidad y el talento que ponen de manifiesto en la disciplina que dominan, se diluye a la hora de manejar adecuadamente los frutos económicos que generan sus triunfos. Millones y millones se despilfarran, víctimas de pésimos manejos financieros, derroche indiscriminado y malas compañías.
En esta categoría entra claramente el sueco Björn Borg, uno de los tenistas más exitosos de la historia, con 11 títulos de Grand Slam (sólo Pete Sampras lo supera en cantidad de triunfos, con 14) y cinco victorias consecutivas en Wimbledon, entre 1976 y 1980. Pero lo cierto es que, desde 1983, la fecha de su retiro oficial –aunque su bolsillo lo haya obligado a intentar varios retornos–, Ice-man casi siempre fue noticia por los desajustes de su vida privada, que incluyen divorcios y dificultades económicas. Borg, que en junio próximo cumplirá 50 años, sorprendió al anunciar que subastará los trofeos que conquistó en Wimbledon, además de un par de raquetas utilizadas en momentos clave de su carrera para lograr un respiro en su economía.
“Obviamente no es fácil desprenderse de trofeos que simbolizan el tremendo esfuerzo, tanto físico como psicológico, que hice para ganar Wimbledon cinco veces. Pero necesito darles a los míos cierta seguridad económica a largo plazo, y creo que llegó el momento de que los trofeos y las raquetas pasen a manos de algún coleccionista de tenis o una institución apropiada, para que puedan ser apreciados por más gente”, dijo el sueco en un comunicado.
Las “joyas” que pondrá a la venta la firma londinense Bonhams, el 21 de junio próximo, son las cinco réplicas del trofeo de Wimbledon, que generarán entre 350.000 y 500.000 dólares, y las raquetas Donnay utilizadas por Borg en las victorias sobre el rumano Ilie Nastase, en la final de 1976, y ante el norteamericano John McEnroe, en 1980. Este último match es uno de los más recordados de la historia del tenis porque se definió en cinco sets y Borg definió con un 18-16 en el tie-break. Cada raqueta podría alcanzar ofertas de entre 17.500 y 25.000 dólares. Según Borg, “por más que esté vendiendo estos símbolos de mis victorias, conservaré para siempre la certeza de que durante un largo período fui la figura más dominante del tenis”.
¿Por qué un hombre que ganó 3.655.751 dólares en premios y casi tres veces más en contratos comerciales tiene que recurrir a esto para generar nuevos ingresos? No hay una respuesta absoluta, pero sí varios indicios. En primer lugar sus incursiones fallidas en el mundo de los negocios. La más notable fue una compañía de indumentaria deportiva que casi lo arrastra a la quiebra. La intervención de amigos evitó que se declarase en bancarrota en 1997, cuando sus acreedores le reclamaron deudas por US$ 1.000.000. Según el diario sueco Aftonbladet, Borg todavía encara problemas legales derivados de esa iniciativa.
Otra fuente de disgustos financieros fueron sus dos divorcios, que dejaron patrimonios importantes en manos de sus ex esposas, la tenista Mariana Simionescu, y la cantante de rock italiana Loredana Berté, quien lo denunció por bigamia antes de que el sueco consumara su último matrimonio, con Patricia Ostfeldt.
Otra batalla que libra Borg es contra el fisco de su país. En la década del 70, fijó su residencia en Mónaco, para evitar los abultados impuestos suecos, pero hace dos años las autoridades le informaron que su residencia era en Estocolmo y que debía empezar a tributar allí.
Borg subasta sus trofeos de Wimbledon. La pregunta es cuánto le durará lo recaudado por la venta de estos testimonios de la gloria.



