El balance de la visita de Federer: los más y los menos

La euforia por la visita de Federer: un impulso para aprovechar
La euforia por la visita de Federer: un impulso para aprovechar Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri
La presentación de Roger en el país dejó cuestiones muy positivas, como la euforia de la gente que cada vez se identifica más con este deporte, pero también dejó al desnudo ciertas falencias organizativas; ¿qué falta para que la Argentina sea una referencia mundial en el tenis?
Lucas Goyret
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14 de diciembre de 2012  • 12:05

Unos de los acontecimientos deportivos más importantes del año llegó a su fin anoche. En sus cortos cuatro días en la Argentina, Roger Federer revolucionó a todo el país. Gracias a su tenis exquisito y, sobre todo, a su admirable calidez humana, el suizo dejó una huella difícil de olvidar. Cuarenta mil almas vibraron con su Majestad las dos noches que el mejor de todos los tiempos se enfrentó ante Juan Martín del Potro. Un número que realmente impresiona a cualquiera. Hasta el propio Roger se mostró sorprendido días antes de arribar al país, por la magnitud del estadio que se montó en el Tigre para el evento. Uno podría justificar rápidamente que esto se debió pura y exclusivamente a la presencia de una leyenda en vida. Tal vez sí... Pero el paso de Federer por Argentina dejó mucho más que un número récord de concurrencia para un partido de tenis. Lo que sucedió esta semana en el norte del conurbano bonaerense, ratificó una vez más que la Argentina es un país muy tenístico, que busca codearse con los mejores destinos elegidos por las máximas figuras del deporte blanco. Pero la gran cuestión es saber qué falta para que esta tendencia se consolide.

Hoy en día el país cuenta con un ATP 250, disputado en el mes de febrero, tres torneos Challenger y la ya tradicional Copa Peugeot, que se celebra a fin de año al término del calendario del circuito. Y el factor común entre todos ellos es precisamente la gran aceptación que perciben de la gente. Sin importar el nivel del evento.

El valor de los premios

A la hora de establecer comparaciones con otros países de la región, las diferencias son notables. La gira latinoamericana, además del ATP de Buenos Aires, también comprende a las ciudades de Acapulco (México), Viña del Mar (Chile), San Pablo (Brasil) y desde el año próximo en Bogotá (Colombia). Precisamente en nuestro país vecino estuvo Roger antes de visitar la Argentina. Lógicamente, el suizo logró agotar todas las entradas allí en San Pablo. Sin embargo, si uno observa la concurrencia que registra año tras año el ATP paulista e incluso el del balneario mexicano -que cuenta con la particularidad de tener al mismo tiempo competencia en la rama femenina-, lejos están de llenar un estadio, incluso en la mismísima final. Es decir, en este caso en Brasil sí se dio esa máxima de que pura y exclusivamente la presencia de una leyenda como Federer pudo generar tanto revuelo en un público algo ajeno al tenis.

Así y todo, el torneo porteño sigue siendo pequeño, en comparación, por ejemplo, con el mexicano. Es que aquí se entregan premios por algo más de 484 mil dólares, mientras que en Acapulco se reparte más de un millón cien mil dólares. Por eso su calidad de ATP 500.

Sin dudas que lo económico constituye un factor fundamental, ya que para aspirar a traer a grandes estrellas se tiene que contar con un buen respaldo. No obstante, en la Argentina pareciera que muchas veces eso no es problema. Es cierto, Roger es la primera vez que viene al país, la última participación de Rafa Nadal en el ATP de Buenos Aires fue en 2004 (año en que ganó su primer Roland Garros), y Djokovic y Murray jamás han venidos por nuestros pagos.

Un calendario más amigable

También es cierto que cada jugador arma su calendario en base a amoldar lo mejor posible sus viajes para evitar grandes traslados y, al mismo tiempo, aprovechar los torneos que cuenten con la superficie indicada para ese tenista. Por eso es que desde la organización del torneo porteño se planteó la posibilidad de pasar del polvo de ladrillo al cemento, y mover el calendario para realizar el certamen sobre fin de año, con el objetivo de captar a las grandes figuras del tenis mundial. Algo que podría llegar a ser factible recién en 2014.

La euforia por Federer un impulso para aprovechar
La euforia por Federer un impulso para aprovechar Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Alfieri

La Argentina, con todos sus problemas de recursos económicos encima, se puede jactar de contar en sus torneos con jugadores de la talla de David Ferrer, Fernando Verdasco, Gilles Simon, Richard Gasquet, Gael Monfils y Marcos Baghdatis, entre otros. Pero claro está que todavía se busca dar un salto de calidad. Y precisamente en un país que tiene todo dado para que eso se cumpla. Desde el gran recibimiento que gozan las figuras cuando visitan el país hasta las condiciones climáticas son algunos de los tantos detalles que permitirían soñar en un futuro con un torneo a la par de los mejores del mundo.

Sin dudas que la Legión Argentina, conformada principalmente por jugadores de la talla de Gastón Gaudio, Guillermo Coria, David Nalbandian, Guillermo Cañas, Mariano Zabaleta y Juan Ignacio Chela, entre otros, le dio un impulso maratónico a un país que desde la época de Vilas y Clerc prácticamente ya se había desentendido de este deporte, y que en poco más de diez años recobró el interés y la pasión por la raqueta.

Pero a ese magnetismo que provocan los propios protagonistas, también hay que acompañarlo por una buena organización modelo. Por eso, es digno de destacar el despliegue y esfuerzo que se realizó para construir un estadio que permitiera albergar a 20.000 almas cada día para disfrutar del mejor de todos los tiempos; lo que es un fiel reflejo de que cuando se quiere, las cosas se pueden hacer. Pero en esta semana, con la presencia de Federer, la cuestión organizativa volvió a opacar lo que afortunadamente terminó siendo una fiesta. El incidente de las tribunas ocurrido el día miércoles no tiene razón de ser; y mucho menos si se trata de un país que busca dar una buena imagen para atraer a los mejores del planeta. Pero la realidad es que hoy se cuenta en forma anecdótica lo que ciertamente pudo haber terminado en un verdadero desastre.

Todo está dado para que el país de un salto de calidad. Pero ocurre lo mismo que en la Copa Davis. Siempre está esa sensación de que falta cinco para el peso. Las ganas están y la capacidad sobra. Por eso, el día que los intereses personales queden a un lado y todos tiren para el mismo lado, sin lugar a dudas la Argentina logrará ser una gran potencia tenística a nivel mundial. No sólo desde el equipo de la Davis, sino también a nivel organizativo.

Pero si hay algo que dejó la visita de Roger Federer a nuestro país es que en cualquier momento se puede volver realidad lo que hasta hace poco se creía imposible.

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