El excampeón junior de Roland Garros y Wimbledon que busca honrar el sacrificio de su padre
De origen humilde, el taiwanés Chun-hsin Tseng es uno de los animadores del Challenger de Rosario
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ROSARIO.– ¿Qué vientos trajeron a un taiwanés a jugar en estas latitudes? Cualquiera que haya sido, se detuvo al llegar aquí. A las tres de la tarde no corre una gota de aire en el Jockey Club. La humedad es espantosa. El termómetro marca 38° y el polvo de ladrillo arde como un sol más. Chun-hsin Tseng no preferiría estar en otro lado. Es lo que soñó desde que empuñó una raqueta a los cinco años, incentivado por su padre Tseng Yu-te, un fanático del tenis que trabajaba hasta las 2 de la madrugada en el Lehua Night Market, el popular mercado nocturno de Nueva Taipéi, y se levantaba a las 6 para llevar a Chun-hsin a entrenar. Transpirar un poco parece un sacrificio menor.

Este miércoles, su padre fue testigo directo de la segunda victoria en el Challenger 125 de Rosario, ante el argentino Facundo Mena por 6-3 y 7-5, que lo depositó en los cuartos de final y lo confirman como uno de los nombres a tener en cuenta en el certamen de esta ciudad. Dos partidos fueron suficientes para demostrar la velocidad de desplazamientos y la variedad de golpes del asiático.
“Tseng, nice to meet you”, se presenta al llegar a la sala de prensa para atender a LA NACION después de una necesaria sesión de kinesiología. “Ya había jugado acá el año pasado, así que estaba bastante acostumbrado a la cancha y a las condiciones. Sabía que el clima podía ser muy caluroso, así que me preparé bien. La semana pasada estuve en Concepción [Chile], así que ya estaba adaptado al jet lag y al clima de Sudamérica. Jugué muy bien, controlé el partido con el drive. Sabía que mi rival usaba mucho el slice de revés, así que intenté subir más a la red. Fue un buen comienzo de torneo", añade.
Campeón junior de Roland Garros (tras derrotar al argentino Sebastián Báez en la final) y Wimbledon, y finalista del Abierto Australiano con sólo 16 años, Tseng asomaba en 2018 como una estrella del tenis. Un augurio que todavía no se cumplió pero que, con 24 años, todavía está a tiempo de materializar. Un antecedente que no hace más que subrayar la pregunta inicial.
“Me gusta mucho jugar acá porque el polvo de ladrillo es mi superficie favorita y me encanta la atmósfera”, responde. “La gente es muy apasionada por el tenis y me siento cómodo con las condiciones. El año pasado también vine: jugué en Rosario, Buenos Aires y Río [en el ATP 500], donde llegué a cuartos de final. Fue probablemente mi mejor resultado en el circuito hasta ese momento. Me trataron muy bien y decidí volver y jugar este circuito. Este año construyeron un estadio más grande, lo que permite que venga más gente a ver tenis. Eso nos ayuda mucho a los jugadores, nos empuja a rendir mejor. Tengo muchas ganas de hacer un buen torneo esta semana”, describe.

De chico, Tseng admiraba al japonés Kei Nishikori, un ídolo en toda la región de Asia Oriental. “Es el mejor jugador asiático y tenemos un estilo parecido. Siempre lo miré mucho por su velocidad y su juego de pies. De chico soñaba con poder jugar algún día como él”, confiesa. “Cuando tenía 14 o 15 años tuve un entrenador japonés, y me ayudó mucho con el trabajo de pies, la carrera y los detalles. En Japón son muy precisos y eso me ayudó mucho en lo físico.”
Las cualidades de Tseng, no obstante, no se acaban en sus desplazamientos o su derecha. Un trotamundos del tenis, desde chico pasó por academias de todo el mundo, que lo dotaron de un tenis completo. Tras ser reclutado y becado por la federación taiwanesa, a los 10 años vivió un tiempo en Estados Unidos. “Eso me ayudó mucho, porque conocí otro mundo y otro tipo de tenis”, recuerda. Pasó por la academia de Patrick Mouratoglou (exentrenador de Serena Williams) en Francia, trabajó con Benjamin Ebrahimzadeh en Alemania y estuvo bajo la órbita de Tommy Robredo en España. “Eso me dio más variedad en mi juego”, dice. Su entrenador actual es el checo Jaroslav “Jaro” Levinský.

La influencia de su padre sigue estando vigente: “Viaja conmigo casi todo el año. Me conoce muy bien y, aunque tenga entrenador, siempre habla con él y le explica cómo me siento y por qué hago determinadas cosas. Es una gran ayuda en mi juego y en mi vida personal”.
Amante de la Fórmula 1 y fanático de Lewis Hamilton, Tseng confiesa que no tiene mucho tiempo para el esparcimiento cuando está de gira. La comida fue occidental un problema en sus inicios, pero ya se acostumbró. Descubrió el asado en Buenos Aires, durante los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018. “Big steaks”, resume, acompañando la frase con un gesto elocuente de las manos. Allí cayó en los cuartos de final ante el local Facundo Díaz Acosta, otro de los animadores de este atractivo certamen rosarino.

“Jugar contra un local, en un estadio lleno, con ese ambiente, no es fácil”, acepta. Con Facundo Mena, el oriundo de Temperley, como próximo escollo y un total de once argentinos asentados en los octavos de final, más un público rosarino que se muestra entusiasta, especialmente cuando empieza a bajar el sol, Tseng deberá acostumbrarse.

La semana que viene, Tseng estará en Buenos Aires para disputar el Argentina Open, el único certamen del país que supera en entrega de puntos a éste del Jockey Club. Está inscripto en la clasificación, aunque una buena actuación aquí podría impulsarlo directamente al cuadro principal. Allí también estará su padre Yu-te para acompañarlo. No importa el calor, no importa la comida. Cualquier sacrificio es válido para honrar su nombre.
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