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NUEVA YORK (De un enviado especial).– Desde la modestia, se hizo un breve lugar dentro de la historia. Marsel Ilhan es el primer tenista turco que supera una primera rueda en un torneo de Grand Slam, pero, además, es el dueño de una carrera repleta de sacrificios. Como 231° del ranking, Ilhan ingresó en el torneo desde la qualy. Superó al belga Christophe Rochus en cinco sets, después de estar 4-5 y el saque de su rival en el último parcial; hoy se medirá con el local John Isner. Acaso le toque despedirse, aunque ya dejó su huella.
Ilhan nació en Samarkand, Uzbekistán, hace 22 años. Tuvo una infancia humilde. "Mi familia vivía con 50 dólares al mes. En Samarkand apenas si teníamos una cancha cubierta. A veces había más de 25 chicos esperando para jugar. Y las raquetas, las pelotas, la ropa… todo era muy caro. Ni hablar de los encordados; muchas veces no podía entrenarme porque no tenía cómo cambiarlo. No podía encontrar un sponsor en Uzbekistán", recuerda.
Reside en Estambul desde hace cinco temporadas. Se mudó en 2004, al empezar a trabajar con Can Uner, otro ex tenista, y recibir apoyo económico de la sucursal turca de Kia para las costosas giras por el circuito. Mejoró su ranking y, desde mediados de 2008, se anotó en las clasificaciones de los cuatro Grand Slam. Nunca había ganado un partido, pero la semana pasada superó la qualy aquí, en su segundo intento: el año pasado apenas estuvo tres días, que aprovechó para visitar Times Square y Chinatown.
Las ganancias de toda su carrera rondaban los 85.000 dólares. Por llegar a la segunda rueda del US Open se aseguró US$ 31.000. Su triunfo sobre Rochus (72°) es el primero que obtiene frente a un top 100. Representa a un país con mínima tradición en este deporte: apenas hay cuatro turcos en el ranking de la ATP, y los otros tres están por debajo del puesto 1600°. Nunca en la era abierta un turco había disputado uno de los cuatro grandes torneos.
Aquí, Ilhan disfruta de la comodidad del hotel Waldorf Astoria; a las dos de la mañana se conecta por Skype para hablar a través de la notebook con su madre, que se quedó en Estambul. "Mi sueño era ganar un partido aquí, estar en la segunda rueda. Pero no soy famoso", admite con modestia. "Sólo quiero jugar bien, me encanta el tenis. Mi jugador preferido era Andre Agassi. Sé que si hubiera tenido las mismas oportunidades que otros podría estar mejor en el ranking, pero tengo tiempo. Quiero jugar por lo menos diez años más." Como la gran mayoría, Ilhan es un batallador de los courts. Aunque aquí, sobre el cemento norteamericano, cambió su historia.


