En el día de las batallas, la Legión salió herida del Bois de Boulogne

Acasuso puso contra las cuerdas a Federer, pero no pudo rematar la faena; en duros partidos, también cayeron Mónaco, Vassallo Argüello y Mayer
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29 de mayo de 2009  

PARIS.- El clásico pelotazo triunfal de Federer hacia las nubes impulsó la bola hasta la última fila de la tribuna más alta del Philippe Chatrier. Puso en ese golpe todo el sufrimiento, el alivio y la tensión contenidas durante las tres horas y media del partido más dramático que conoció hasta aquí Roland Garros si en la consideración también entra el grado de atención respecto de otros. Solamente con algún francés en la cancha es posible semejante sacudón emocional.

La otra parte de la historia le corresponde a José Acasuso, que quizá no olvidará por mucho tiempo este jueves en París, por más que haya hablado de una "bronca que se pasará" pronto. El lenguaje corporal a veces desnuda lo que las palabras quieren ocultar: mientras esperaba que la chica francesa Alize Cornet le dejara el lugar en la principal sala de conferencias de prensa, Chucho estaba apoyado contra una pared, con la mano izquierda en la cara y dos dedos presionando los ojos. Tal vez exploraba posibles respuestas para una situación tan frustrante. La que Acasuso perdió en el court central fue la más shockeante de las cuatro batallas que ayer dejaron entre los argentinos una sensación de desgracia, de haber caído al precipicio después de haber bordeado el lado bueno durante horas. En el tenis abundan estas situaciones caprichosas en las que es posible sentirse tan cerca y a la vez tan lejos.

Nadie querría estar hoy en las zapatillas del misionero. Imposible saber si de alguna manera emparentará la infinidad de chances que tuvo ayer de convertirse en el hombre del día con otros momentos de desconsuelo personal, como aquellos de las finales por la Copa Davis. Después de sobrevivir a una prueba que seguramente no esperaba, Federer recuperó la línea y dio vuelta la página como si no hubiese padecido lo indecible ante un jugador que a menudo lo superó, pero que no supo cómo rematarlo. Le preguntaron si tuvo miedo. "Miedo o no, da igual. En un momento dado no estuve seguro sobre cómo jugar, qué hacer, pero al final encontré la manera y me sentí más fuerte mental y físicamente."

Es verdad que la versión de ayer del suizo se acercó a la de inestabilidad actual, pero también que Acasuso dio lo mejor que se le vio en mucho tiempo. Federer despierta la adhesión de los grandes campeones, pero el argentino se estaba ganando la suya a pulso, con juego; el choque de preferencias, en el que igual salía mejor parado el suizo, hizo arder el court central una y mil veces, tantas como las que Acasuso puso al número dos del mundo contra las cuerdas e invariablemente lo dejaba reanimarse. Cuatro set points en el primero, perdido en el tie-break, y otro más en el tercero; a Federer, en emergencia, lo salvó tanto su saque como la clemencia de Acasuso. Chucho jugaba por momentos un tenis de alto vuelo, pero no le servía más que para sufrir. "No puedo más", le dijo en uno de esos momentos de angustia a Gabriel Markus, su entrenador. Podía, pero algo no lo dejaba. "Haber perdido el tercer set... tal vez de cabeza me sentí más cansado de lo que estaba... Si hubiese jugado bien y no hubiera tenido chances por ahí me iba más contento. Da bronca perder así, con Federer o con el 900 del mundo".

Hay algo que no ayuda a Acasuso en su postura, como una pelea con el pesimismo que muchas veces pierde. Quizás es eso lo que nunca le permitió llegar más lejos de lo que lo sugiere su juego. "Antes me creía que podía ser top ten; si algún día llego a serlo diré que tenía tenis para estar ahí. Mientras no lo haga no pensaré eso. No se puede vivir de lo que te digan, hay que demostrarlo en la cancha." Una verdad incontestable.

A Juan Mónaco le pusieron otro tipo de prueba de carácter: meterse en una cancha de fútbol , que es lo que fue el Suzanne Lenglen lleno de franceses gritando por Tsonga, y tratar de salir indemne de una pelea extenuante. Fue una guerra de nervios: los cruces de miradas y la arenga del francés a la gente? "Y? puede ser, a ratos era ver quién era el más guapo. El le hablaba mucho a la gente. Y está bien. Si yo tuviese un Grand Slam en la Argentina, haría lo mismo", dijo Pico, que sigue peleando contra la lesión en la muñeca izquierda y, ayer, sumó ampollas en los pies. Tuvo oportunidades también, especialmente en un final en el que cada punto terminaba con una detonación colectiva. "No supe aprovechar mis momentos? Estoy triste por haber perdido en el torneo que más me gusta, y un poco amargado por no haber llegado al ciento por ciento".

Mucho más cerca del anonimato habían terminado las aventuras del pibe Leonardo Mayer, otra vez puro corazón en una reacción que lo puso cerca de ganarle en cinco sets a Tommy Haas ("Estoy muy orgulloso, aguanté hasta el quinto set y se me escapó. Pero esto es lo mejor que me pasó hasta ahora. Hoy evité entrar en el Messenger o llamar a mi casa porque me vuelven loco? El año que viene vendré a tratar de ganar más de un partido"), y de Martín Vassallo Argüello, abrazado en el final con Igor Andreev después de un duelo agotador ("Es una pena, pero él lo merecía, hizo las cosas mejor que yo. Me voy conforme de aquí. Me siento instalado en un nivel muy bueno").

  • Junqueira, con luz, no escapó de Davydenko

    El tandilense Diego Junqueira completó las derrotas argentinas de ayer en Roland Garros, al cerrar el partido ante Nikolay Davydenko que se había suspendido el día anterior con ventaja para el ruso de 2-1 en sets y 2-2 en el cuarto parcial. El número 11 del ranking mundo se impuso finalmente por 4-6, 6-3, 6-0 y 6-2.
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