En pleno carnaval de Brasil, Guido Pella aprendió a dejar atrás sus tristezas: "No es fácil aguantar a un tipo tan negativo"

Guido Pella dejó atrás sus frustraciones y se consagró en Brasil
Guido Pella dejó atrás sus frustraciones y se consagró en Brasil Crédito: Alexandre Carvalho/DGW Comunicação
Federico Cornali
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4 de marzo de 2019  • 11:36

SAN PABLO.– En Brasil, el carnaval sirve, en muchos casos, para aliviar dolores o, por lo menos, olvidarse de las penas por un puñado de días. En medio de esa fiesta, de esa locura generalizada, fue que Guido Pella festejó su primer título ATP, en San Pablo, última estación sudamericana sobre polvo de ladrillo. Para el bahiense, el triunfo por 7-5 y 6-3 ante el chileno Christian Garín fue la mejor forma de sacarse una espina que tenía clavada y cada día lo lastimaba más, tras haber perdido las cuatro finales que había disputado (Río 2016 vs. el uruguayo Pablo Cuevas; Munich 2017 vs. el alemán Alex Zverev; Umag 2018 vs. el italiano Marco Cecchinato; y Córdoba 2019 vs. el local Juan Ignacio Londero). En tiempos del carnaval de Brasil, supo seguir al pueblo que a pocos metros del court donde jugaba danzaba y bebía en las calles, supo aprender a olvidarse del dolor.

No fue fácil, sin embargo, quebrar el hielo. En el primer set, casi patina cuando lo tenía en la mano. Los recuerdos de la final del ATP de Córdoba, el 10 de febrero pasado, que perdió con Londero (3-6, 7-5 y 6-1), se le venían todo el tiempo a la cabeza. "Después de esa final, pensé que ganar un título no sería para mí. Sabía que iba a jugar finales, pero no imaginaba ganarla, porque aquella final de Córdoba era mía y se me escapó. Tuve miedo cuando estaba ganando 5-4 y no lo pude cerrar, después me tranquilicé", contó Pella sobre el desenlace del primer set, ese que le dio confianza para llevarse con autoridad el segundo y aferrarse al título.

Otra vez el carnaval. En medio del primer parcial, cuando el duelo del domingo pasado estaba parejo y sin quiebres, el chileno Garín se quejó por un ruido molesto, que comenzaba a crecer en sus decibeles. No provenía de un celular o de un equipo de sonido dentro del estadio José Geraldo Almeida, más conocido como Ginasio do Ibirapuera, el parque en el cual está ubicado y donde estaban celebrándose no uno sino dos bloquinhos, bandas callejeras que movilizan multitudes en las calles, a puro ritmo. "No es aquí, es afuera, lo siento", explicó el umpire.

Dentro del estadio, los foliões (personas que acompañan el carnaval) se mezclaban entre el público, algunos con un par de cervezas encima, en su mayoría mostrando su apoyo para Garín, debido a la rivalidad deportiva que siempre torna Brasil un terreno hostil para jugadores argentinos de cualquier modalidad. "No sé porqué pasó eso, porqué estaban contra mí, pero no me afectó", dijo Pella. "De todas formas, se portaron bárbaro y me aplaudieron con mucho respeto al final", aclaró.

Apenas terminó el juego, Pella se puso las manos en la cara y lloró. Luego, saludó al público y se dirigió a su asiento, en donde volvió a taparse el rostro con una toalla y sujetó con la otra mano el celular, para hacer una llamada impostergable. "La llamé a mi mamá, quien me dijo que me acordara de ella cuando fuese campeón, justo después de perder la final en Córdoba y decirle que nunca más podría ganar nada", confesó. "También hablé con mi novia, no es fácil aguantar a un tipo tan negativo y triste. La familia termina muy pendiente. Se merecen esto y en buena parte es gracias a ellos", agregó.

La mente de Pella, esa que hasta la final de San Pablo era su enemiga, parece haberse convertido, por fin, en su aliada. "Mi cabeza precisaba de este título. Me saqué una espina. Ahora que venga lo que venga, puedo ganar o perder, pero no será porque me falle la cabeza. Todo lo que quería lo cumplí, una Davis y ahora un título; no le puedo pedir mucho más al tenis", sostuvo, aún emocionado. Es el único tenista que estuvo presente en las cuatro series de la histórica campaña del equipo argentino en 2016: en Polonia, Italia, Gran Bretaña y Croacia (en Zagreb no jugó).

Guido Pella dejó atrás sus frustraciones y se consagró en Brasil
Guido Pella dejó atrás sus frustraciones y se consagró en Brasil Crédito: Alexandre Carvalho/DGW Comunicação

Esa serenidad que lo llevó a conseguir su primer trofeo en torneos ATP tiene un buen vínculo con José Acasuso, su entrenador principal desde octubre desde 2018, cuando reemplazó a Gustavo Marcaccio en esa función. "Chucho ya venía trabajando conmigo, él me aportó mucha serenidad. Como jugador era muy tranquilo y también lo es como entrenador. Eso ayuda mucho, ya que te traslada una sensación de tranquilidad que te sube la confianza", explicó. "Igual, no me puedo olvidar de Cachito (Marcaccio), este título también es de él. Solo tuvo la mala suerte de estar en las tres primeras que perdí", aclaró sobre el actual subcapitán del equipo argentino de Copa Davis y entrenador del japonés Taro Daniel.

El título paulista parece haberle dado a Pella todo lo que necesitaba para seguir su camino más leve. No solo dentro del circuito, sino también en los asuntos fuera de las canchas, esos que días atrás lo ponían un tanto nervioso, como su opinión sobre el caso de Marco Trungelliti. El mismo día que el bahiense alcanzaba la final de Córcoba, el santiagueño reveló, en LA NACION, la denuncia que hizo en 2015 tras un intento de soborno y de entrar en una red de partidos arreglados, cuya investigación terminó complicando a dos de los mejores amigos dePella, Federico Coria y Nicolás Kicker, quienes recibieron distintas sanciones.

"Yo creo que se armó un revuelo gigante por algo que es obligación para un tenista. Marco estuvo perfecto con lo que hizo, pero la bola de nieve se hizo gigante", dijo Pella, que venció a Trungelliti en los cuartos de final de San Pablo (6-0 y 6-3). "También lamento que se haya sentido hostigado, nadie debería sentirse así por decir la verdad, aprovecho para felicitarlo. Y sí, Fede y Nico son mis amigos, pero se mandaron una macana y la tuvieron que pagar, ellos lo saben, yo lo sé", agregó Pella, un tenista inteligente, que no suele guardarse nada. Mucho menos ahora que está aliviado.

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