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Seguramente, su nombre surgirá en el recuerdo cada vez que se hable de un tenista argentino con garra, coraje hasta la última gota y conducta impecable en la cancha cualquiera que sea el resultado. Será el momento de acordarse de Hernán Gumy, el jugador, El Titán, que ayer anunció, a los 29 años, el fin de su carrera profesional. Era una decisión que venía madurando desde hace un tiempo y que ayer oficializó en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.
“Sufrí una lesión en la rodilla derecha y empecé a replantearme las cosas. Ya no sentía las ganas de siempre, la garra que tuve muchos años. Lo pensé durante varios meses y tomé una decisión definitiva. Estoy feliz por todo lo que viví. Solamente me queda por decir gracias”, expresó Gumy, tras recibir un trofeo simbólico de manos de Martín Jaite durante una sencilla despedida en el court central de la Catedral del tenis argentino. El mismo escenario donde se arrodilló, mirando al cielo y con una ceja recién cosida y sin anestesia, tras vencer al eslovaco Karol Kucera, por entonces N° 6 del mundo, por la Copa Davis, el viernes 25 de septiembre de 1998, una imagen imborrable que guardará por siempre.
Los courts del mundo ya no recibirán sus pisadas, ni tampoco serán regados con el sudor y el esfuerzo que desplegó durante once años en el circuito de la ATP. Como en aquel partido que perdió con el español Alex Corretja por la tercera rueda de Roland Garros, en 1997, con 5h31m de esfuerzo al límite, el partido más largo en la historia del abierto francés y de los torneos de Grand Slam. Maratónico, a puro palo, como a él siempre le gustó, con el estilo de gladiador que lo caracterizaba.
En una de esas, el balance de los resultados parece un poco exiguo para tanta entrega. Gumy obtuvo su único título de ATP en Santiago, Chile, en noviembre de 1996, al derrotar en su propia casa al Chino Marcelo Ríos por 6-4 y 7-5. Poco antes, el 19 de agosto de ese año, alcanzó su mejor ubicación en el ranking (39°).
También logró victorias ante jugadores como Gustavo Kuerten, Richard Krajicek, Michael Chang, Patrick Rafter, Carlos Moya y Sergi Bruguera, y la medalla dorada en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995. En la Copa Davis, obtuvo siete victorias y siete traspiés.
Sin embargo, los números no bastan para calcular el derroche de energía que caracterizó a Gumy. Y al costado de los courts, se destacó por un trato siempre cordial. Nunca una desubicación, siempre la respuesta amable. Con el carisma que lo hizo uno de los preferidos por los chicos que suelen concurrir al Buenos Aires.
Fue punta de lanza en una época dura del tenis argentino, cuando los representantes en el circuito eran pocos. En realidad, Gumy era el único. Y fue, en cierto modo, el que guió el proceso de formación de los jugadores de la generación actual.
Una lesión en la rodilla derecha lo obligó a abandonar ante el griego Solon Peppas, en la segunda rueda del challenger de Biella, el 13 de junio último. Ese fue su último paso como tenista. Continuará vinculado al deporte blanco, ya que trabaja para la empresa Global Sports Management como representante de tenistas; además, tiene en mente entrenar a algún jugador. “Quiero estar en el circuito dos o tres años más y aportar lo que aprendí. Tuve un gran maestro en el Colo (Alejandro) Gattiker, y aprendí mucho de Daniel García, en los tres años que compartimos cuando se desempeñó como capitán de la Copa Davis”, destacó Gumy.
Fue una despedida casi íntima, sin melancolías, sin tristezas. Con la alegría de saber que ahora empezará a recorrer el camino de la vida, con el empuje y el fuego de siempre. Como un Titán.


