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Juan Martín del Potro anunció una de esas noticias que solo sacan sonrisas. Ocurre que el tandilense confirmó en las últimas horas que volverá a los courts para formar parte de un evento de exhibición, y que en el horizonte de sus sueños aparece nada menos que el Abierto de Estados Unidos.
Lo concreto es que la Torre de Tandil participará del Torneo Internacional de Maestros de Tenis de Hangzhou 2023, que se disputará entre el 22 y el 25 de junio. Allí, compartirá espacio con leyendas del tenis, como el ruso Marat Safin y los españoles Carlos Moya y David Ferrer, entre otros. ”Espero conocer a todos mis fanáticos en China y hagamos de este evento una experiencia increíble para todos. ¡Nos vemos pronto!”, comunicó Delpo.
Pero hay más. Porque el doble medallista olímpico ya había reconocido que analiza seriamente formar parte del Abierto de Estados Unidos de este año. “Dije que si Argentina ganaba el Mundial iba a tratar de jugar el US Open. Ahora Messi y el equipo me pusieron a entrenar. Igual tengo mucho dolor. Previo a Qatar yo no lo tenía en mente, pero ahora lo pienso mucho”, explicó en marzo.
El torneo en suelo estadounidense comienza el 28 de agosto y si bien no está confirmada la presencia del argentino, esta presencia suya en suelo chino no hace otra cosa que alimentarle sus esperanzas, además de permitirle sumar ritmo de juego y poner a prueba su estado físico. De hecho, hace unas semanas se lo vio en una sesión de entrenamiento con Gabriela Sabatini. “No sé si estaré al 100 por ciento pero, al menos, sí mi último partido de tenis tiene que ser este año, quiero que sea en el US Open. Trabajaré duro por última vez, tal vez, en mi carrera, y luego nunca se sabe. Dios decidirá si estoy listo o no”, consideró entonces.
El último partido oficial de Del Potro fue el 8 de febrero de 2022. En aquel entonces, el tandilense cayó en dos sets ante Federico Delbonis en el Argentina Open, que se disputó en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.
A los 33 años, siendo el 753° del ranking mundial y tras mucho esfuerzo para ponerse en aceptables condiciones atléticas, Del Potro pudo volver a pisar un court vestido como jugador (de negro), con vincha (blanca) y pantalón corto, empuñando el martillo (la raqueta, en realidad). Su último partido había sido el 19 de junio de 2019, en el césped británico de Queen’s; demasiado tiempo. Los más de cinco mil espectadores que poblaron el escenario central del Buenos Aires Lawn Tennis Club lo hicieron con expectativa e ilusión, pero también con cierta nostalgia por no saber si estarían ante la última función del ganador del US Open 2009.
Por esas cosas del destino, del otro lado de la red tuvo a Federico Delbonis, uno de sus amigos en el tour, con quien compartió uno de los momentos más valiosos de la historia del tenis nacional: la conquista de la Copa Davis 2016, en Zagreb (de hecho, ambos ganaron los tres puntos de la final). El azuleño, actual 42° del mundo, se impuso por 6-1 y 6-3, en 1h23m.
Fue una noche muy especial. Patricia Lucas, mamá de Juan Martín, ocupó una de las butacas; nunca había visto a su hijo en un torneo profesional. También estuvo Julieta, su hermana. Hubo personalidades del deporte: Gabriela Sabatini, Enzo Pérez, Rolando Schiavi, la Oveja Hernández, Sebastián Battaglia y Hernán Crespo, entre otras. Y también un puñado de amigos de Tandil, con bocinas, redoblantes y banderas. El primer set duró solamente 32 minutos: Juan Martín comenzó el parcial quebrándole el servicio a Delbonis, pero luego el jugador entrenado por Mariano Hood le rompió el saque tres veces. En el segundo set, el doble medallista olímpico elevó un poco el nivel y la intensidad, pero así y todo cedió su servicio dos veces. Algún que otro simpatizante se enojó cuando Delbonis ensayó drops ante un Del Potro con movimientos aletargados, carentes de chispa. Hubo risas, cantos y aplausos. Tronó el “Pegue Delpo pegue, pegue Delpo pegue”. Pero cuando el reloj marcó la hora y 16 minutos de partido, Juan Martín se quebró. Fue el momento más duro y emotivo de la noche, el que desnudó su estado real, sus fragilidades, su falta de pimienta.
Demoró varios en reponerse, hasta que pudo seguir jugando -apenas- por unos minutos más. Delbonis cerró una victoria muy extraña para él y se abrazó con Del Potro en la red, la misma en la que después el tandilense -en un gesto muy simbólico, similar al que realizó el español David Ferrer cuando se retiró- dejó colgada su vincha por última vez. Allí quedó su huella, una porción de su legado. Se endulzó los oídos con la ovación y se abrazó emotivamente con su mamá.
Sus mejores frases de aquella noche:


