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Serena Williams no solo es la tenista más dominadora del último medio siglo, sino también un ícono que se sienta en la misma mesa que Beyoncé, Oprah Winfrey o Michelle Obama, cuya aura e influencia sirven de inspiración para las mujeres negras en Estados Unidos. Anoche, se despidió del tenis después de la derrota en el US Open ante la australiana Ajla Tomljanović en tres sets; fue una batalla de tres horas y cinco minutos, por la tercera ronda.
La prodigiosa carrera de 27 años de Williams, en la que acumuló 23 títulos de Grand Slam, le abrió innumerables puertas en ámbitos muy diversos. La suya es la historia de una niña que creció en la década de 1980 en Compton, entonces un refugio de pandilleros cercano a Los Ãngeles, donde las pelotas que silbaban no eran realmente redondas y amarillas.
Tanto Serena como su hermana mayor Venus desarrollaron su talento para el tenis bajo la protección y la exigente guía de su padre, Richard, quien veía en ellas a “las dos próximas Michael Jordan del tenis femenino”. Como habían logrado antes Arthur Ashe en el tenis masculino o Tiger Woods en el golf, Williams rompió barreras raciales hasta demostrar que las deportistas negras podían no solo competir sino triunfar y hasta revolucionar disciplinas hasta entonces monopolizadas por blancos.
Serena trasladó ese éxito a otros ámbitos convirtiéndose en una empresaria con una fortuna estimada por Forbes en 260 millones de dólares. La tenista hizo del mundo del espectáculo, la moda y la cultura pop sus otros terrenos de juego y de expresión, en una vida increíble y llena de matices casi a los 41 años. Aquí, un repaso de su vida en fotos.










