Del deseo de Nadal a la atracción del dúo Djokovic-Agassi: los 7 imperdibles de Roland Garros

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- Fuente: AFP
Arranca el segundo Grand Slam del año, con la vuelta de Del Potro y muchas perlitas; el gran lamento es la ausencia de Federer
Claudio Cerviño
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27 de mayo de 2017  • 13:28

PARIS.- El pandemonium del Kid's Day, bajo un calor riguroso y la amenaza de algunos chaparrones para la tardecita, puso literalmente en marcha Roland Garros , la gran fiesta del tenis francés. Miles de chicos (y grandes) disfrutaron del día de entrada gratuita para estar cerca de algunas de las figuras mundiales, realizar actividades recreativas, abalanzarse sobre los comercios para elegir el infaltable merchandising, vaciar los puestos de comidas y buscar el autógrafo o selfie soñados. Invasión previa a los Grand Slams que aporta frescura y revela la pasión deportiva. Tengan 5, 6 o 15 años, es movilizador escucharlos hablar y "estar a la pesca" de los profesionales que van por los courts, cómo los siguen en las prácticas y la identificación instantánea de sus jugadores preferidos. Y no sólo saben de grandes nombres: también tienen inquietudes por descubrir quien "ese que juega con anteojos", el uzbeco Denis Istomin.

Segundo Grand Slam de la temporada, con 36 millones de euros en premios (2.1 millón para los campeones de individuales, casi $ 40 millones), Roland Garros ofrece su repertorio de 7 imperdibles, incluidos los imperdibles lamentos, en este caso por ausencias sensibles. El abanico propone…

1.- Un campeón de 10. Rafael Nadal podría integrar una próxima versión de "The Expendables", junto con Stallone, Statham, Willis y Schwarzenegger. Cumplirá 31 durante el torneo. Parecía que no habría más festejos del Matador en París luego de dos temporadas consecutivas sin finales. Nueve consagraciones no eran poca cosa: nadie ganó tantas veces un título de un Grands Slam; Roger Federer, para establecer una comparación, acumula 7 festejos en Wimbledon. El 10° parecía lejano hasta que Nadal empezó a dar signos de reactivación en Australia y lo confirmó en su periplo en polvo, llegando a 10 conquistas en Montecarlo y Barcelona. Listo para hacer historia (más), como le gusta. En su cancha favorita. ¿Su récord en Roland Garros? 72-2. Obsceno.

2.- Del Potro y su regreso. Se sabe que el polvo de ladrillo no es su superficie preferida: la pelota vuelve más veces y sus golpes pierden efectividad, con lo cual se incrementa el desgaste. Desde 2006 (11 años), participó en seis ocasiones y registra cinco ausencias, producto de lesiones y operaciones. Semifinalista en 2009 (cayó con Federer), su última actuación en París fue en 2012, cuando perdió en cuartos, también con el suizo y nuevamente en cinco sets. "Feliz de volver a jugar en Roland Garros", escribió en su twitter. Volver a disfrutar de la atmósfera del certamen será valioso para el tandilense, más allá de que lo seduzcan mucho más Wimbledon y el US Open. Sus vivencias de 2016 han sido muy fuertes y hace tiempo que el público local no siente de cerca sus latigazos.

3.- Los dueños del marketing. "Conectamos muy rápido, hablamos muchas horas de tenis", comentó Novak Djokovic sobre su flamante relación con Andre Agassi, que se da simultáneamente con un paso a sponsor francés de vestimenta. Un año después de conseguir un título largamente buscado, el único de los grandes que se le negaba, el serbio llega con cambios radicales en su grupo laboral y cierta inestabilidad de juego que precisaba de impactos. La búsqueda de nombres importantes del pasado (Becker, Lendl, Edberg, Connors) por parte de jugadores top siempre genera un atractivo adicional. Agassi estaba lejos del ruido, pero convencido por su esposa Steffi Graf de asumir el desafío, su sola presencia al lado de Djokovic ya surtió efecto. Habrá que ver el alcance de su aporte y la durabilidad del proyecto.

4.- Una vuelta emocional. Fueron cinco meses de ausencia inoluntaria para la checa Petra Kvitova. Muchas noches de pesadillas tras aquel asalto sufrido en diciembre pasado, en Prostejov, donde un asaltante le provocó serias heridas en la mano izquierda tras atacarla con un cuchillo. Necesitó de intervenciones quirúrgicas, mucha terapia, paciencia y el apoyo de su grupo íntimo para preparar el retorno a la actividad que la apasiona, que le valió una doble conquista de Wimbledon, además de una semifinal en Roland Garros. "Mucha gente me dijo que no podría volver a jugar. Y aquí estamos, feliz. No me sentí muy bien por lo ocurrido. Fue como que me quitaron del tenis sin que fuese mi propia decisión. Sin dudas que será una situación muy especial la que viviré", dijo la checa.

5.- Los desafiantes. En una era de jugadores top que pasaron la barrera de los 30, el austríaco Dominic Thiem (23) y el alemán Alexander Zverev (20) representan la avanzada de quienes tratarán de dar el golpe en un Grand Slam. Thiem lanzó una señal en Roma al sacar a Nadal, y aunque luego cayó estrepitosamente con Djokovic, alcanzó un nivel que lo transforma en un rival de cuidado. Zverev, que sí pudo con el serbio en el Foro Itálico en el día más importante de su vida, es la figurita del momento. Ambos top ten, tendrán un examen adicional: mostrar que también pueden dar pelea y vencer a los mejores a cinco sets.

6.- Mujeres al ataque. Las ausencias de Serena Williams, por embarazo, y de Maria Sharapova, por habérsele negado una invitación especial luego de su doping, modifican el mapa en el sector femenino. Sin presencia argentina en esta oportunidad (Nadia Podoroska fue la única en la qualy y quedó eliminada rápidamente), las chances quedaron muy abiertas, incluso para que la española Garbiñe Muguruza (4a) revalide su conquista a pesar de no haber vuelto a jugar como hace 12 meses. La alemana Angelique Kerber, N° 1 del mundo, asoma como gran candidata, avalada por su gran 2016 en el que cosechó dos grandes: Australia y US Open. Amenazada, además de Muguruza, por la checa Karolina Pliskova (2a.) y la rumana Simona Halep (3a). Como dicen puertas adentro, "sin Serena hay torneo".

7.- La lágrima mayor. Precisamente Williams y Sharapova son dos de los lamentos que forman parte de los imperdibles de Roland Garros, aunque nunca llegarán a provocar lo que marcará la ausencia de Federer. Una sola vez festejaron franceses y el suizo más querido, allá por 2009, cuando Robin Soderling rompió con las utopías al derrotar a Nadal. Y no es que en esta ocasión hubiese expectativas de reválida, más allá del formidable regreso de Federer tras la operación de rodilla: nadie apostaba seriamente porque pudiese comprometer a Nadal en este terreno. Sí por admirar sus últimas pinceladas. El Abierto francés nunca perderá su glamour ni distinción, pero extrañará demasiado a su embajador.

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