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Lucen agotados, pero todavía de pie, atentos. Las ojeras delatan las pocas horas de descanso que acarrean. Las manos, curtidas, revelan el esfuerzo que están realizando desde hace días. Van y vienen de un extremo al otro del Buenos Aires Lawn Tennis Club. Son un ejército armado con escobas, secadores y carretillas llenas de polvo de ladrillo. Son los cancheros, los encargados de cuidar las canchas del torneo de ATP porteño, que ayer celebraron los rayos de sol luego de lidiar con las tormentas.
"Estos días fueron complicados. No dormimos casi nada, es la verdad. Arrancamos a las 5.30 y nos quedamos hasta la medianoche. Estamos quedándonos a dormir en el club, ya es nuestra segunda casa. Nos quedamos para seguir de cerca lo que pasa, estar pilas . Lo primero que hacemos por las mañanas es prender el televisor o la radio o ver en Internet el pronóstico del tiempo. Y estos días fueron realmente difíciles", explica Rodolfo Nova, el capataz, que desde hace 15 años trabaja en el club.
La sabiduría de estos protagonistas logró, por ejemplo y casi milagrosamente, que se jugara en jornadas en que las canchas lucían como piscinas. "Cuanta más agua tiene la cancha, más se afirma la base. Pero la lluvia superó todo. Estuvo complicado y hasta en medio de algunos partidos hubo que entrar a trabajar, como el primero de Fognini. Nos faltaba un poco de sol, pero por suerte apareció", sonríe Nova, secundado por sus compañeros, mientras dejan por unos minutos sus labores para posar para la nacion, lo que provoca inmediatas bromas de los empleados que están en el court central.
Lo primero que hacemos por las mañanas es prender el televisor o la radio o ver en Internet el pronóstico del tiempo
Normalmente para un torneo utilizan "ocho metros cúbicos de polvo de ladrillo", es decir, el contenido de un camión. "Esta semana necesitamos dos camiones. Cada vez que llueve hay que cambiarle el polvo. Y en los últimos años llovió mucho. No es trabajo de una semana solamente. Se mantiene todo el año, porque las canchas están activas, incluso la central con los socios. Esta semana, por la humedad, hubo que pensar mucho qué tratamientos hacer. No fue normal. Pelamos al ras la cancha muchas veces para sacarle el polvo húmedo. Luego le tiramos polvo nuevo para que absorbiera, y así una vez y otra, hasta que el polvo quedara estable como para que los jugadores pudieran pisar y patinar", describe Rodolfo, de 39 años, que arrancó "sin saber" y aprendió el oficio.
En esta época no hay nadie de vacaciones. "Después podremos relajarnos. Diez días acá y nuestros hijos casi no van a reconocernos", dice Nova. Son cuatro las personas trabajando sólo en el court central, que conocen cada imperfección de la pista. Luego están los distintos operarios en los otros courts. "Los jugadores a veces se nos acercan y nos preguntan. Hay que estar en la cabeza de ellos... Se me hace que en un momento de bronca en que no salen las cosas, el primer culpable es la cancha. Pero después entienden el tema y se dieron cuenta que el agua nos superó a todos."
En el Baltc se utiliza polvo de ladrillo de tipo cerámico, más fino que el bayo. "Y más manejable, se agarra más con el agua", agrega, didáctico, el capataz.
Los cancheros parecen niños mientras juegan de modelos por un rato, bromean y tratan de no tapar con la rastra la leyenda "Buenos Aires Ciudad" del piso. "Tenemos tres depósitos. Polveras, como los llamamos nosotros: una, pegada a la cancha principal para cualquier urgencia, y las otras, distribuidas por el club. Utilizamos secadores para sacar el agua. Lo aclaro porque conozco gente que perfora la cancha, y lo vemos muy mal. Tenemos sistemas de desagüe; nos enfocamos en acondicionarla, dejarla respirar y mantenerla. Nada que sea agresivo. Nada que toque la base, que es de cascote limpio y se mantiene con granza, un cascote que se usa cuando hay grietas y que une las imperfecciones. Manejamos más rústico el tema", detalla Nova, apasionado por su trabajo. Un trabajo artesanal, sin dudas, que le pone buena cara al mal tiempo..



