Manos calientes y mente fría, el mundillo de los fisioterapeutas del tour

El argentino Alejandro Resnicoff cuenta todos los secretos de los especialistas que cuidan la salud de los tenistas
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31 de agosto de 2013  

NUEVA YORK (De un enviado especial).– Viven acelerados, corriendo por los pasillos de Flushing Meadows, desde los consultorios médicos a los courts más alejados, desde el vestuario a la sala de jugadores, sin despegarse del handy que llevan en la cintura, ni de la mochila que pesa 8 kilos y les acalambra la espalda. Llegan muy temprano al club, en los primeros transportes oficiales que salen desde Manhattan y arriban a Queens, y se despiden cuando los últimos focos se extinguen. Son protagonistas, a su manera, del mundillo del tenis; con sus manos y conocimientos ayudan a los jugadores maltrechos, doloridos. Antiguamente llamados trainers, los fisioterapeutas cargan con una enorme responsabilidad: porque tienen que actuar en momentos calientes con la mente fría. La ATP posee un staff fijo de 11 profesionales; la mayoría son nacidos en Europa, Australia, Canadá y EE.UU., y también hay un único latino: el argentino Alejandro Resnicoff.

Este hombre de 40 años y discurso pedagógico, se recibió de kinesiólogo en la UBA, en 1997. Aficionado al tenis, comenzó a trabajar con más fuerza en 2000, ya viviendo en Brasil. Se desempeñó en clubes, Futures, Challengers, torneos Seniors. Trabajó en la Federación de Santa Catarina de Tenis, donde, según rememora, "no había nada en términos de salud" y donde pudo "desarrollar algo más complejo con los juniors", con tratamientos y prevención. Luego, se sumó al equipo de Guga Kuerten, hasta que en 2010 lo contactó la ATP. "Jugaba al tenis y eso me ayuda a comprender estados de ánimo, momentos del juego, golpes. Podría tratar en otro ámbito deportivo, por ejemplo en el rugby, pero un montón de cosas técnicas se me escaparían", explica Resnicoff, en una pausa de su actividad. Muchos lo recordarán porque en los cuartos de final del último Wimbledon, cuando Juan Martín del Potro sufrió una impactante torcedura en la rodilla izquierda ante David Ferrer, él fue el primero que lo atendió. Luego, el tandilense triunfó. "Sé que aquel día se escuchó lo que le dije. Pero uno trata de que no se escuche por una cuestión de privacidad con el jugador", recuerda. Y añade: "El trabajo es muy duro. A veces el kinesiólogo está solo en un torneo, según la característica del mismo. El US Open es el torneo que más profesionales tiene al mismo momento: cinco. En Roland Garros somos tres. Depende el torneo. En los 250 hay uno, en los 500 generalmente hay dos, y a veces quedás solo, porque se van yendo a las qualies de otros países. Tenés que estar alerta, porque quizás estás atendiendo a los jugadores en el consultorio, tratando lesiones preventivas, previas o posteriores, y paralelamente te llaman al handy y tenés que salir corriendo. Si me llaman mientras estoy tratando a un jugador, tengo que parar y salir a la cancha. El único partido que uno puede ver es la final de singles, porque no queda nadie en el club".

Los fisioterapeutas, mientras están en funciones, siempre cargan una mochila en la que llevan un sinfín de herramientas. "Desde distintos tipos de parches médicos, elementos de primeros auxilios, un producto para las ampollas que es como un apósito especial, máscaras de resucitación cardíaco pulmonar, que por suerte nunca la usé. Es que la tengo por si los paramédicos demoran y soy el primero que tengo que actuar. Además, todos los tipos de tijeras que se te ocurran, de distintas formas según la parte del cuerpo que tenga que trabajar; incluso hay jugadores que piden que les cortes la etiqueta de la remera porque les molesta. Gotas para los ojos, protector solar, cremas de frío y calor, hasta las distintas concentraciones. También llevo aguja e hilo. Menos medicación, cualquier cosa. De eso se encarga el médico", describe Resnicoff, con precisión. El médico no necesariamente tiene que ingresar en el court con el fisio, pero debe estar atento ante cualquier seña. Si se lo requiere, allí se pondrá en funciones, para darle medicación o sales al jugador.

Generalmente, los aficionados y hasta los propios tenistas entran en confusiones sobre cuáles son los tiempos permitidos para que los fisioterapeutas actúen. El reglamento habla de "tener un tiempo prudencial para evaluar al jugador". Ello significa que el fisio debe ser muy preciso y discernir si su tratamiento podrá cambiar algo o no. "Tenés que balancear, porque no podés perjudicar al rival. No se puede tratar cualquier enfermedad que necesite inyección, no se puede atender a un jugador sólo porque esté cansado, o porque tiene alguna lesión que no se haya producido o agravado en el partido", agrega Resnicoff. Una vez que determina qué hará, se lo informa al umpire y, si finalmente lo trata, empiezan a correr los 3 minutos reglamentarios. "También tenemos que decidir en qué momento lo podés tratar: si es algo agudo y requiere atención inmediata, en el medio de un game se puede. Si no es así, será en el cambio de lado. Y ahí decidís si le das el tiempo de atención médica [máximo tres minutos] o en el cambio de lado [1m30s entre games, o 2 en el cambio de set]. Cuando el tenista tiene un calambre, la regla es distinta. Se puede atender en la cancha, pero no se le otorga el medical time; se lo trata sólo en dos cambios de lado completos. También podés llegar a sacar al jugador de la cancha usando el mismo tiempo, cuando hay que tratar una zona de privacidad. Normalmente hay salitas pegadas a los courts. Pero es distinto al futbol, porque sacás a un jugador y el juego sigue, pero en el tenis todos están mirándote a vos".

Cuenta Resnicoff que hay jugadores más receptivos que otros; los hay desconfiados, también despreocupados. "Tenemos cursos en el año y nosotros mismos contamos nuestras experiencias. Tenemos enfoques y formaciones diferentes, pero cada uno aporta su mirada y vamos todos por el mismo objetivo. No existen enfermedades, sino enfermos. Y nuestra tarea es ayudarlos", concluye Resnicoff y se disculpa. Sale una chicharra de su handy. Y comienza a correr otra vez...

Volvió y... se marchó

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