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PARIS.- La escena duró no más de un minuto, pero valió una eternidad. El rumano Ion Tiriac llegó al Players Lounge a las 14.30. Lo saludamos. "¿Cómo anda tanto tiempo?". Con la cabeza en otro lado, pues esperaba a alguien, Tiriac respondió: "Bien, bien, ¿y tú? Yo listo para mirar las semifinales de mujeres". Buscó lugar y se sentó en una mesa. Atuendo claro, sombrero francés y camisa pastel, no era fácil de distinguir. Se puso a hojear Le Quotidien, el diario de Roland Garros . A las 14.33, con el cochecito, pasó por al lado Phiangphathu Khumueang. Llevaba al pequeño Guillermito, de dos meses. Detrás, a paso apurado, Andanin, la mayor de los cuatro hijos que tiene el matrimonio. Y de pronto, sí, a la vieja usanza, todo de negro, apareció Guillermo Vilas . Caminando al estilo Thomas Koch, el jugador brasileño de los setentas al que le copió hasta la renguera. Sin embargo, en un primer momento no se vieron.
Un minuto después, mientras Vilas hablaba con antiguos amigos del circuito, alguien le advirtió que a unos 5 o 6 metros estaba Tiriac. El mejor tenista argentino de todos los tiempos se dio vuelta inmediatamente, buscando al entrenador que le cambió la vida, que le hizo ganar cuatro Grand Slams, 16 títulos en un año y 46 partidos consecutivos. El que lo convirtió en N° 1 del mundo para todos, aunque el ranking no lo reconociese jamás. Caminó lentamente. Una mujer que lo acompañaba llamó a Tiriac, con Vilas ya parado a su lado. El rumano, sin apartar la vista de Le Quotidien, estiró la mano antes de mirar a quién iba a saludar. Hasta que giró la cabeza, levantó la mirada y vio esa sonrisa inconfundible, eyectándose de la silla. Abrazo, palmadas, saludos. Un breve diálogo, con frases de ocasión. Rematado por los elogios de Vilas. "¡Qué bien que estás! Mejor que hace 40 años. Más flaco". Tiriac no pudo con su genio: "Sí, estoy más viejo que las palomas". Otro saludo, las disculpas del caso por la rápida partida del ex entrenador y hoy multimillonario empresario, y la promesa del reencuentro en estos días, en los que seguramente se cruzarán más de una vez y hasta probablemente compartan el palco de la Philippe Chatrier.
Hace 40 años, Vilas ganaba su primer Grand Slam, aquí en Roland Garros. Con Ion Tiriac a su lado. Cuentan que cuando terminó el partido, el coach le dijo "Ya está, ya ganaste lo que querías. Me voy", y que el marplatense le respondió: "Si vos me dejás ahora, yo me retiro del tenis". Siguieron y llegaron más momentos de gloria. Incomparables. Indelebles. Hoy, con 64 y 78 años, los viejos grandes campeones se reencontraron en París. Un momento único. Un minuto para recordar toda la vida.
