Diego Schwartzman-Rafael Nadal: el español avanzó a las semifinales del US Open en un partidazo

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Rafael Nadal ESP
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5 de septiembre de 2019  • 02:10

Rafael Nadal fue intratable, acorde con su condición de candidato al título. Del otro lado, Diego Schwartzman dio pelea, aun a sabiendas de que le tocaba cruzarse con una leyenda viva. El duelo con el que se cerró la jornada del miércoles, el último partido por los cuartos de final, quedó en manos del número 2 del mundo, que se impuso por 6-4, 7-5 y 6-2, pero la derrota no le quita brillo a la gran campaña del argentino sobre el cemento neoyorquino; su avance hasta los cuartos del US Open le permitirá estar al menos dentro de los 16 mejores del circuito desde el lunes próximo. Nadal, en otro paso en busca de la cuarta corona, se enfrentará el viernes con el italiano Matteo Berrettini.

El español salió a jugar con agresividad y una velocidad furiosa, en "modo intratable", como para intentar hacerle sentir el rigor al argentino desde los golpes iniciales. Durante esos primeros minutos el español le envió una suerte de mensaje directo a Schwartzman. Algo así como que si pretendía vencerlo iba a tener que escalar la montaña más alta del mundo.

Espectacular: el punto del partido lo ganó el Peque

En el primer game de saque, Schwartzman se enfrentó con cuatro puntos de quiebre. Sudó, se esforzó, intentó defenderlo castigando con el revés cruzado (su mejor tiro), pero no lo logró. Nadal le rompió el servicio en el cuarto intento (2-0). En los palcos del inmenso Arthur Ashe seguían a Schwartzman el exbasquetbolista Manu Ginóbili, el comediante Martín Bossi, el futbolista Maxi Moralez y el ex Top 10 Guillermo Cañas, radicado en los Estados Unidos.

Lejos de aminorar el ritmo, Nadal siguió acelerando. Sostuvo su servicio con autoridad y volvió a hacer añicos la resistencia del Peque, quebrándole el saque por segunda vez. En 21 minutos se adelantó 4-0.

El resumen de un duelo electrizante

A los 25 minutos, el estadio empezó a tronar "Diego, Diego". ¿Por qué? Porque al bonaerense se le presentaron dos oportunidades de quiebre. En el segundo punto, Nadal falló un drive, el Peque logró el primer rompimiento (4-1) y gritó: "¡Vamos!". En su box, junto con el entrenador Juan Ignacio Chela y el preparador físico Martiniano Orazi, Manu Ginóbili, Guillermo Cañas y el comediante Martín Bossi aplaudieron. Impulsado, Schwartzman ganó su saque en cero (4-2).

Inesperadamente, Nadal entró en un escenario de nerviosismo, empezó a jugar corto y el argentino, envalentonado, lo aprovechó. Llegó a generarle un triple break point y le quebró el servicio por segunda vez en el match (4-3).

Por arriba: impecable globo de Schwartzman

Cuando al principio del match la superioridad de Nadal era asfixiante, jamás se podría haber sospechado que llegarían a estar 4-4 en el primer set. En el noveno game, el mallorquín sacó 15-40, pero salió -milagrosamente- ileso (5-4). Si por algo Nadal se convirtió en una leyenda es por su capacidad para competir. Pese a los golpes recibidos, Nadal se conectó, desestabilizó al argentino y en el primer set point que tuvo, se llevó el primer set: 6-4, en 58 minutos.

El segundo set no comenzó con la intensidad del primero. Fue más cerrado, más pausado, con más estudio de ambos lados. Pero Nadal, un jugador con una capacidad inigualable para desmoralizar a sus rivales, olió sangre y en el cuarto game, en la primera chance de quiebre que tuvo, la consiguió (3-1).

La ovación para Schwartzman en su salida

Nadal sacó 30-40 y 3-1, pero anotó un ace y volvió a desalentar al jugador formado en Náutico Hacoaj. Mucho más cuando, con la complicidad del Ojo de Halcón, sostuvo su servicio y se fue al descanso 4-1. El Peque parecía groggy.

El peor momento de Nadal en el partido pareció haber pasado. Es más, cuanto más fuerte le pegaba el argentino a la pelota, más fuerte volvía. Nadal, impecable, logró la profundidad de los primeros games, sus impactos de drive taladraron la resistencia del hincha de Boca y volvió a quebrarle el servicio (5-1).

Cómo quebrar a Nadal

Mucho más enfocado y sereno, el número 2 del mundo castigó desde todos los sectores de la cancha. Pero, curiosamente, se desenfocó y Schwartzman, un optimista hasta el extremo, hizo fuerza, luchó y le quebró el saque a Nadal (5-2).

Como suele ocurrir con Nadal en los momentos más espinosos, el español se agarró de las estrategias y de los tiros que más cómodo lo hacen sentir. Pero Schwartzman le generó dificultades al mejor jugador de la historia sobre superficie lenta; Rafa empezó a enroscar sus tiros y perdió precisión. El argentino tuvo una chance de quiebre en el noveno game y lo logró; consiguió forzar el 5-5, pero como sucedió en el primer parcial, el número 2 del mundo pisó el acelerador antes de llegar al tie-break; Schwartzman lo intentó, pero un revés en la red le dio el segundo set al español (7-5), que así quedaba a un paso de las semifinales.

A pesar de estar dos sets abajo, Schwartzman no se entregó, y mostró las ganas de seguir hasta el final. Del otro lado, Nadal tampoco rebajaba la intensidad de un duelo tremendo. El español fue atendido por el fisioterapeuta, primero por una dolencia en el brazo izquierdo, y luego por molestias en el brazo derecho. Pero esto no impidió que consiguiera otro quiebre casi decisivo en el sexto game y tomara distancias prácticamente definitivas, el mismo tiempo que el Ashe empezaba a despoblarse, pasada ya la medianoche neoyorquina.

Por su gran actuación en Flushing Meadows, a partir del lunes Schwartzman será el tenista argentino mejor ubicado en el ranking ATP superando a Guido Pella (número 20) y Juan Martín Del Potro (caerá al puesto 70°). Las semifinales se jugarán el viernes y la gran final será el domingo, desde las 10.

Nadal no dio concesiones, fue a buscar la definición, quebró una vez más y se quedó con la octava victoria en ocho partidos frente a Schwartzman. No hubo hazaña porque el español, un gigante de las raquetas, no dio espacio. De todos modos, el argentino se fue con la frente en alto, habiendo dejado todo su esfuerzo hasta el último punto. El español, mientras, continúa su camino en busca de otro episodio glorioso.

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