Tsitsipas lo hizo: derrumbó a Nadal y se cita en la final de Madrid con Djokovic

El saludo final entre Tsitsipas y Nadal
El saludo final entre Tsitsipas y Nadal Fuente: Reuters
Ariel Ruya
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11 de mayo de 2019  • 19:17

Stefanos Tsitsipas tiene 20 años, mide 1,93m y tiene un enorme futuro por delante. Es un pibe maravilla: seduce con su juego, atrapa con su talento y desnuda a los más grandes. Como a Rafael Nadal, el campeón de la historia sobre el polvo de ladrillo, vencedor de 11 Roland Garros. En su casa, en su tierra, en Madrid, cae de pie. Pero cae: una vez más en la temporada, se frena en las semifinales sobre la tierra, un síntoma del transcurrir del tiempo. Nadal cumplirá el 33 el próximo 3 de junio, sigue siendo un titán en el circuito, pero le está ocurriendo algo extraño: todavía no ganó un título en la temporada.

El número 2 mundial se frena, imprevistamente, en las semifinales del Masters 1000 de Madrid por 6-4, 2-6, 6-3. No habrá clásico: mañana, no antes de las 13.30, el griego de la sonrisa amplia y pelo enrulado, se enfrentá con Novak Djokovic, el número 1, que horas antes superó a Dominic Thiem por 7-6 y 7-6. En la transmisión de ESPN y ESPN Play estará como analista David Nalbandian, junto con Juan Szafran y Javier Frana.

Toda la frustración de Nadal ante Stefanos Tsitsipas en el polvo de ladrillo de Madrid; cayó un gigante
Toda la frustración de Nadal ante Stefanos Tsitsipas en el polvo de ladrillo de Madrid; cayó un gigante Fuente: Reuters

Nadal es un despiste este año sobre su tierra preferida. No llegó a la final de Barcelona, ni de Montecarlo. Tsitsipas lo sacó de su eje. Profundo, agresivo, sólo en el segundo parcial le tembló el pulso a la nueva estrella del circuito, que no sólo tiene calidad: le sobra estirpe para llevarse el mundo por delante.

El punto final de Tsitsipas

El griego va a ser, a partir de este lunes, el N°7 del mundo. Tiene 3 títulos (uno sobre polvo, este año, en Estoril) y, si se espía el pasado, es sorprendente: le ganó el único partido que jugó frente a Djokovic, un 6-3, 6-7 y 6-3 en el Masters 1000 de Canadá, el año pasado. Se repite la sentencia: no le tiembla el pulso, como a Thiem o a Zverev, otros de los jóvenes que amenazan a las viejas -y vigentes- glorias del circuito. Le hizo frente a la atmósfera: fue visitante de principio a fin. Y se sobrepuso a los lógicos altibajos de una edad en la que la mayoría empieza a descubrir qué quiere hacer de su vida. El griego lo tiene claro.

Nadal es gigante, pero más allá de los problemas físicos que lo mortificaron en toda su carrera, este es otro asunto: le falta potencia, picardía y pulso ganador. Esos condimientos que no solían fallarle. Siempre quedó en las semifinales. En Barcelona, cayó ante Thiem por 6-4 y 6-4. En Montecarlo, perdió con Fognini por 6-4 y 6-2. Ahora, vuelve a escena Roma, otro de los torneos que suele enamorar. ¿Volverá con su estirpe ganadora? ¿Será París, con encuentros a cinco sets, el paraíso que precisa? Hoy, ahora mismo, no disfruta. Se le nota en el rostro: es un gladiador herido.

Está lejos de Djokovic, en juego y en las posiciones. En la final de Melbourne, el serbio lo despachó en tres cómodos sets. Y ahora, pretende quedarse con todo: con la arcilla, también. En la antesala de la final de singles, desde las 10.30, habrá un choque decisivo en dobles con presencia argentina: Diego Schwartzman y Dominic Thiem derrotaron a Guido Pella y Joao Sousa por 6-3 y 6-2 y definirá el título contra el holandés Jean Julien Rojer y el rumano Horia Tecau.

Por: Ariel Ruya
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